Tuesday 17 de January de 2017

#Trestristeslibros y Punto Final

     7 Dec 2011 03:30:00

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Tanto se ha dicho y escrito ya sobre el desliz de Enrique Peña Nieto en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que los antecedentes y detalles en este caso vienen sobrando.
Con menos repercusión mediática pero igualmente tristes han resultado lo resbalones literarios de Ernesto Cordero que al intentar corregirle la nota a Peña se confunde, mezcla nombres, la riega o Andrés López que dice que el libro que la inspira es la “Constitución”.
Puede ser inquietante que un precandidato no pueda recordar tres libros, que otro aspirante sea incapaz de ubicar quién escribió el libro que por ser favorito recomienda; o que el otro se inspire en un texto (que no es libro en términos literarios) tan modificado y arcaico como culpable de los problemas que tanto critica.
Pero es más inquietante que se presuma una cultura que no se tiene, que se cite un libro que no se conoce o que se asuma como inspiración una conducta que no se respeta.
Con ironía, sarcasmo y hasta con buen humor muchos se regocijaron con los errores, pero debemos reconocer que los errores de nuestros precandidatos no son más que una muestra de la realidad cultural y educativa que vivimos.
Cuando hablamos de políticos los juzgamos como si fueran de otro planeta, de otra dimensión, como si su origen nos fuera ajeno. Pero no.
Quienes dicen que los políticos no nos representan, se equivocan, para nuestra desgracia cada día muchos políticos nos representan más como sociedad y tristemente nos representan a partir de nuestras mayores debilidades.
Que los precandidatos tienen escasa cultura. “Pos” que esperábamos en un país con 7.2 años de escolaridad y 1.5 libros leídos en promedio al año. Casi deberíamos festejar que ante este promedio nacional hayan acabado la prepa.
El ideal sería que quién gobierna o aspira fuesen los más ágiles aptos, cultos, correctos, pero debemos reconocer que son como son porque son como somos.
El escándalo, la sorpresa surge porque tenemos muy arraigada la costumbre de idealizar a los candidatos creyéndolos casi divinos, capaces de todo cuando no son más que seres humanos capaces de grandeza pero también de mezquindad. Entre mayor sea la ilusión peor será el desengaño.
Triste por la literatura sí, pero ojalá y cada partido, cada grupo de asesores hagan de estos deslices una fortaleza y sirva para que desde su plataforma política se fijen más en la educación, la cultura.
O bien si ellos no lo hacen, al menos quien se sorprendió, indignó o escandalizó por los errores haga de la lectura un hábito para evitar padecer como ciudadanos lo que tanto se critica al político, sin dejar de reconocer que en política nos afecta más el incongruente que el inculto.

 Punto Final
“Nadie crece en medio de la complacencia y el pleno halago”.

torrescorpus@gmail.com
 




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