Monday 16 de January de 2017

Triumph, la empresa que llegó para quedarse

Destaca la mano de obra zacatecana

     18 Aug 2012 03:20:00

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  • A la persona que crea que puede hacer el trabajo, se le da la oportunidad de intentarlo. A la persona que crea que puede hacer el trabajo, se le da la oportunidad de intentarlo.
  • Alex Olmedo dijo sentirse orgulloso de su personal. Alex Olmedo dijo sentirse orgulloso de su personal.
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Aunque Alex Olmedo llegó a ser vicepresidente de tres plantas en California de la empresa Triumph, siempre mantuvo una inquietud personal, “¿por qué no abrir una planta en México?”, sugería, pues los proyectos siempre se asignaban a China o Japón.
Casi 27 años después la oportunidad llegó en un lugar ubicado en el centro de México lo suficientemente cerca de los polos industriales del país y lo suficientemente lejos para que no hubiera competencia por la mano de obra.
Fue así como en 2009 arribó a Calera, donde lo llevaron a recorrer unos terrenos llenos de matorrales ubicados a un costado del aeropuerto y donde hace dos años y medio inició la construcción de la planta en la que se elaboran partes para la industria aeroespacial.
Si hay algo que se puede asegurar de la empresa Triumph es que literalmente fue erigida sobre cimientos firmes, pues su profundidad es de 2 metros de concreto reforzado con varilla, destaca Alex, quien vio cómo se levantó cada muro y cómo se ensambló cada máquina.
Se refiere en particular a dos cuyo costo fue de 12 millones de dólares. Tan sólo para su traslado se gastó 1 millón de dólares y se requirieron 17 tractocamiones para cada una, por lo que asegura: “Triumph llegó para quedarse”.

De armar desespinadora a piezas para Boeing
Hijo de padres jaliscienses, Alex nació en León, Guanajuato, donde vivió hasta los 7 años y luego su familia se trasladó a Estados Unidos para establecerse en Los Ángeles.
Ingresó a la empresa como técnico y poco a poco se abrió paso en una industria competitiva y cerrada hasta para los americanos.
No oculta la satisfacción de sus logros personales, pero ninguno como la oportunidad de demostrar que los mexicanos no sólo pueden ser buenos en Estados Unidos, sino en sus lugares de origen.
Por eso, si hay algo que presume es a su personal.
“No sólo hemos demostrado que sí se puede, hemos superado las expectativas”, destaca, lo que ha sido posible debido a que la rotación de personal ha sido de apenas 0.5 por ciento.
Del total de los 293 empleados que tienen, explica que 87% son nacidos en Zacatecas y de estos el 20% son mujeres, pues asegura que si algo ha demostrado la empresa es que sus contrataciones no se basan en el género, sino en la capacidad.
Pone de ejemplo a Lupita Trujillo Rodríguez, originaria de la Ermita de Guadalupe, Jerez, a quien describe como “chiquita de estatura, pero muy estricta y con mucha energía”, tanto que a sus 25 años acaba de ser designada supervisora de calidad.
Ingeniera en Mecatrónica, la descripción de Lupita encaja perfecto, pero son sus palabras las que terminan por definirla, “quiero ser una de pocas y no una de tantas”, sentencia.
Estudió la carrera en su natal Jerez con otras cuatro mujeres con quienes construyó una máquina desespinadora de nopales.
Ahora construye piezas para los aviones Boeing y se entretiene haciendo mediciones y cortes del grosor de un cabello, además de manipular materiales altamente peligrosos y tóxicos como el berilio.
Otro de los orgullos de Alex es Caro Sotelo Márquez, quien estudio Ingeniería Industrial en el Tecnológico Regional.
En la empresa comenzó a hacer los ductos para aire de los aviones, una actividad que parece más de artesanos que de ingenieros, pues deben formar las piezas con moldes de yeso sobre los que colocan fibra de vidrio que impregnan con resina para luego procesarlas en una especie de cocedores de alta tecnología.
El resultado final son ductos que han sustituido a los de aluminio por tener la misma resistencia, aunque una mayor durabilidad.
“Cuando haces la pieza es como si fuera algo muy tuyo, no siempre te sale igual ni siempre te sale bien, pero al final hay que dejarla perfecta”, detalla Caro.
Luego de dominar esta fase, fue ascendida al área de manufactura donde se elaboran los instructivos de trabajo para validar los procesos.

El respaldo de la experiencia
Si bien Alex se siente orgulloso de haber levantado una planta desde cero, con contrataciones de personal joven que fue capacitado en el Centro Aeroespacial Zacatecas (CAZ), explica que la planta también tiene 16 expertos que la empresa mandó de Estados Unidos para reforzar la operación.
Entre ellos está Aurelio Rodríguez, un hombre de 65 años que trabajó durante 33 en la empresa y luego 10 años como contratista de la misma hasta que decidió jubilarse.
“Cuando me jubilé, yo dije, no quiero saber nada del trabajo y luego me llamaron para venir a echar a andar la planta. Pensé, por qué no, y aquí estoy”.
Aunque es hijo de padres mexicanos Aurelio nació en Texas donde el único idioma que conocía era el español, hasta que entró a la escuela.
Pese a ser un bilingüe nato, es el idioma lo que más problemas le ha dado, por lo que comenzó a elaborar un libro en el que enlista el nombre de piezas, herramientas y maquinaria en inglés y en español para poder enseñar a los jóvenes de la planta.
De entrada, ya colocó letreros en español en las gavetas del gabinete de piezas para que no haya confusiones.
Aurelio cuenta que venir a Zacatecas le cambió la vida, pues nunca había viajado al interior del país, mientras que los jóvenes de la planta le han inyectado nuevas energías.
Le impresiona la seriedad con la que los empleados trabajan pese a que algunos están recién egresados de la escuela.
“Son jóvenes ambiciosos, con ganas de llegar a ser los mejores, siempre buscan la forma de hacer las cosas perfectas”, destaca Aurelio.

Encontraron su vocación
Si hay algo que le interesa a Alex es que si alguien cree que puede hacer el trabajo se le da la oportunidad, previa capacitación en el CAZ, sin importar mucho su perfil profesional.
Es el caso de Omar Dorado, un joven de 26 años que estudió Criminología en Estados Unidos, donde radica su madre.
Durante un tiempo también trabajó en la modificación de autos hasta que decidió regresar a Jerez, su ciudad natal, y se enteró de que Triumph buscaba personal.
Lo único que requirió fue disposición para hacer partes de aviones y ya en la planta ingresó como técnico, pero le tocó hacer de todo un poco.
Ahora, Omar es el supervisor de la planta de compuestos y asegura que nadie le ha regalado nada, ha salido adelante por sí mismo.
Raúl Arcos González es otro que vino a descubrir su vocación en la empresa aeroespacial.
Primero estudió hasta el séptimo semestre de Agronomía y luego Administración de Empresas por internet.
Ya en la compañía se ha dado cuenta de que lo suyo, lo suyo, es administrar y ordenar.

Una planta subsidiada
Aunque Alex explica que envían embarques de piezas con valor de 240 mil dólares mensualmente, la realidad es que la planta aún está subsidiada por la compañía, pues la proyección es que en unos cinco años puedan ser autosuficientes.
Como van las cosas, explica, puede ser que el plazo sea menor, pero en general es el tiempo promedio que una planta tarda en consolidarse.
Por lo pronto, comenta, se elaboran piezas con una complejidad media, pues en general la construcción de partes para aviones requiere de tecnología muy especializada.
Además, dice, las normas internacionales son muy estrictas, por lo que lograr la certificación para construir las piezas puede llevar meses.
Como ejemplo cita las partes para los ductos de aire de los aviones, lo que implicó una espera de casi seis meses nada más para que los científicos de los aviones Boeing vinieran al estado a realizar la supervisión.
“Ya teníamos a la gente contratada y qué podíamos hacer, sólo esperar a que vinieran para que pudiéramos iniciar la producción”, comenta.
Además de los ductos, la planta construye los pisos para los aviones, soportes para las turbinas y ventanas para las cabinas, entre otras piezas.
Incluso, la maquinaria que tienen les permite producir piezas para las perforaciones petroleras, lo que representa el 5% de la producción de la planta.
A la fecha la empresa ha invertido 80 millones de dólares, mientras que las instalaciones se aprovechan al 80%, pero tienen planes de ampliación a dos años.

Idioma político
Adicional a las complicaciones técnicas que han enfrentado, el proyecto de la planta Triumph fue objeto de una auditoría del Gobierno del Estado, pues se detectó especulación en la compra de los terrenos.
También se consideró que la inversión fue muy elevada para los empleos que en inicio generó, pero para el vicepresidente, estos son asuntos que no tienen que ver directamente con la empresa.
Recordó que otros problemas que tuvieron fue la instalación de servicios y aunque sabían que podría haber demoras, nunca imaginaron que fueran tan largas.
Alex reconoce que toda esta experiencia también le enseñó a hablar otros idiomas y el que más le costó aprender fue el político.
“¿Cómo se habla?”, se le pregunta, “con ambigüedad”, responde y suelta una carcajada.




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