Monday 16 de January de 2017

Un calderonismo rijioso

Desesperación contra angustia por la sobrevivencia son dos ingredientes nada convenientes en la política.

     11 May 2011 04:00:00

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El retorno del periodo vacacional marcó considerablemente la política nacional. No se reanudó simplemente el curso de las actividades; sino que se abrió lo que será -casi seguramente- una de las etapas más conflictivas y probablemente absurdas de la escena pública. Ya que se entrará de lleno a la que -a fuerza de errores, despropósitos y dependencia errática del cortoplacismo, que han caracterizado al desempeño presidencial- se convertirá en encarnizada lucha por el triunfo electoral en el estado de México.

No hay duda de que esa elección es crucial para el gobernador Peña Nieto, pero no tendría que ser vital, sino fuera de la desesperación de Calderón para, tan pronto como sea posible, derrumbar al candidato puntero.
Hacer los comicios de un estado de la Federación la madre de todas las batallas es la mejor forma de distorsionar la vida política del país y erosionar el ya de por sí anómalo federalismo.
De modo que, de aquí a septiembre, habrá que marchar a ritmo de tambores de guerra sobre la base de que inventar guerras es parte esencial del modo de gobernar de Calderón. Ya con una, contra la delincuencia, casi desquicia al país; habrá que ver hasta dónde llega con esta segunda, resultado de su desesperación.
Desesperación contra angustia por la sobrevivencia son dos ingredientes nada convenientes en la política, y es de temer que éstos marquen las campañas del Estado de México: un presidente echando toda la leña al fuego y un gobernador que tendrá que regir a su estado convertido en territorio del juicio final
Y ya se ha visto, como preámbulo de todo esto, hasta donde llegan los calderonistas. El último exabrupto brotó, ni más ni menos que del mismísimo secretario de Educación, un hombre generalmente prudente que se olvida de las exigencias de su función y reta, en tono, casi de pleito callejero, al gobernador Peña Nieto.
El tono del reto no pudo ser peor: la demanda que se muestre, que de la cara como en los desafíos que se lanzan los bravucones de la secundaria. Le faltó decir, como en los viejos tiempos, “que se ponga conmigo, si es tan gallito”. El problema no sólo está en la balandronada del secretario Lujambio, sino en la inutilidad del debate. ¿Alguien ha escuchado propuestas, planteamientos de contenido por parte de Lujambio que merezcan discutirse? ¿Alguien supone, a estas alturas, que Peña Nieto va a abrir sus cartas, exhibir sus propuestas – si las hay- sólo porque al señor Lujambio se le ocurre retarlo?
El gobierno, por el contrario, debería estar fijando los términos de su acción para el tramo final del sexenio, estableciendo una agenda que seriamente de la cara a los problemas nacionales.
Tendría ya que estar  enfrentando a sus dos grandes contrincantes: uno, la ausencia de una concepción integral de la situación del país, que lo han condenado a estar brincando desordenadamente de un frente a otro.
Y dos, más acuciante, el tiempo, que se le agota aceleradamente a Calderón. De esto no hay nada, todo indica que se consumirá en el cortoplacismo, pero eso sí, agravando conflictos.
Hay problemas claros y centrales  que pueden y deben ser abordados. Para empezar, la contienda política local rebasa y distorsiona a la nacional  a tal grado que casi se anula el federalismo y cunde no la descentralización, sino una dispersión perniciosa.
Como esa política local tiene múltiples centros, las tendencias corren por las más diversas rutas, haciendo aún más errática la gobernabilidad federal.
La erosión de las instituciones republicanas y los límites al fortalecimiento de la ciudadanía le vienen reduciendo la necesaria automaticidad al gobierno para operar atendiendo a la ley.
En consecuencia, es un Estado con un gobierno –para decirlo de algún modo- de operación manual. Y las hiperactivas manos del presidente no parecen ayudar en nada. Y mal mayor, la burocracia cupular ha encontrado que conviene  a sus intereses  esa modalidad de operación manual o semiinstitucional.
Lo importante para ellos, como lo han hecho personajes como Molinar Horcasitas, Javier Lozano, Ernesto Cordero, Alonso Lujambio, Josefina  Vázquez Mota, entre otros, es danzar al ritmo del presidente, operar para él, dejando que las instituciones  marchen como puedan y erosionando el capital de la ciudadanía.
Urgía y urge recomponer las estructuras de poder y rehacer los equilibrios tanto como sea posible, no agudizar la polarización; tema que, seguramente, contará en la temática de la sucesión presidencial.  

*Periodista




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