Tuesday 17 de January de 2017

Un deportista sin límites

Emilio Salazar ama el futbol

     6 Feb 2011 03:40:00

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  • El entrenador tiene 35 años y con su carisma se ha ganado la confianza y el cariño de los niños. El entrenador tiene 35 años y con su carisma se ha ganado la confianza y el cariño de los niños.
  • Tiene muchos trofeos de todos los tamaños. Tiene muchos trofeos de todos los tamaños.
  • Su discapacidad le impide caminar. Su discapacidad le impide caminar.
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POZO DE GAMBOA, PÁNUCO.- El haber quedado con una discapacidad a los 4 años de edad no impidió que Emilio Salazar Rodríguez se esforzara por alcanzar sus sueños y se convertiera en un ejemplo de lucha a seguir.
Emilio ama el futbol, lo ha amado desde que tenía uso de razón y por eso, desde hace más de 18 años, es manager de equipos de jovencitas y niños en distintas categorías, con lo que se ha ganado el cariño y respeto de mucha gente, tanto de su natal comunidad Pozo de Gamboa, como de Calera y Zacatecas, donde ha participado en varios torneos.
En su casa, que ha sido fruto del esfuerzo del trabajo de su madre, doña María de Jesús Rodríguez Ramírez, Emilio guarda la mayoría de los trofeos que han conquistado sus hijos del futbol soccer.
Sentado en su silla de ruedas automática, ya desgastada por el uso, el joven de 35 años explica que los 20 premios que están a la vista no son todos los que han obtenido, pues su papá, quien quedó ciego hace 20 años, ha roto varios por accidente.
Los trofeos representan para Emilio el esfuerzo y dedicación que ha puesto para aprender todo sobre este deporte y para ganarse un lugar a nivel estatal, pues empezó sin conocer nada de él y ha obtenido mucho.
El deportista comenzó con la organización de equipos cuando un grupo de jovencitas le pidió ayuda para entrenar porque participarían en un torneo. Así inició su historia.
El carisma y simpatía que tiene entre los niños es la principal cualidad de Emilio y que lo ha llevado a formar grupos de entusiastas jugadores, a quienes anima consiguiéndoles o comprándoles de su bolsa los uniformes y algunas veces hasta sus tachones.
También se las ha arreglado para rentar vehículos y trasladar a sus equipos hasta Calera, que es donde prácticamente realiza los torneos, aunque en más de 10 ocasiones ha participado en justas organizadas en la capital del estado.
Desde que decidió dedicarse a esta actividad, Emilio siempre ha tenido, por temporada, entre tres y cuatro equipos de jugadores, que le han dado múltiples satisfacciones.
Y es que en casi todas las finales los jovencitos se han llevado los primeros, segundos y terceros lugares, o bien, el premio al mejor goleador.
Las categorías en las que participa Emilio con sus equipos son Pony, Lince, Correcaminos, Coyotes, Miniasquelitos y el femenil.
Algunos de ellos han continuado en el futbol al convertirse en adultos, y recuerda en específico el caso de Gerardo Domínguez, quien jugó con él hace varios años y ahora trabaja en las fuerzas básicas del equipo de primera división, Santos Laguna.


Una vida difícil
En la sala, donde también se reúne Rafael, su hermano inseparable, junto con Anastasio y María Esther, doña María de Jesús comienza la plática.
Luego llegan los sobrinos, viva muestra de que es una familia unida a pesar de las circunstancias.
La madre de Emilio recuerda los primeros años de su hijo. Le gustaba jugar a la pelota, dice.
Cuando tenía 4 años, un día, el niño jugaba futbol cuando ella le habló para llevarlo a bañar; el niño no quería, pero lo metió a la fuerza.
De haber sabido no lo habría hecho, dice la mujer todavía con dolor, pues eso le cambió la vida. Desde ese momento el niño empezó a temblar de pies a cabeza.
Lo llevó entonces con un boticario porque le dio además mucha temperatura que no se le quitó durante casi un mes y sólo se le calmaba a ratos.
Al no tener mejoría lo llevó con varios médicos, a la capital zacatecana, incluso llegó hasta San Luis Potosí, al Hospital Central. Nadie le dio un diagnóstico ni esperanzas.
Al niño comenzó a desviársele la columna y, al parecer, le dio artritis reumatoide, que le provocó que sus piernas se le soltaran, como si fueran de trapo; había ocasiones en que su madre intentaba mantenerlo sentado apoyándolo con almohadas y ni con eso el pequeño se sostenía erguido.
A sus 35 años, Emilio sólo alcanzó desarrollo de la cabeza a la cintura. Sus piernas quedaron pequeñas y sus brazos tienen movilidad a medias y prácticamente tiene fuerza sólo en uno, que es con el que se apoya en su silla de ruedas.
Su madre dice que debido a que no hace ejercicio, los pulmones se le están haciendo chiquitos, por ello deberá usar oxígeno para siempre.
Doña María comenta que su vida no ha sido fácil, pues ante la pérdida de la vista de su marido, ella tuvo que hacerse cargo de los 11 hijos y de ir construyendo poco a poco su casa, que anteriormente era sólo de un cuarto con techo de ramas donde dormían todos.
Actualmente está techada y tiene cocina, sala y una recámara grande para Emilio con un baño incluido y rampas adecuadas para que se mueva sin problemas.
Todo es fruto de la venta de los nopalitos que todos los días sale a vender la mujer, pues tenía Progresa, pero se lo quitaron porque le dijeron que ella no necesitaba el apoyo.
Emilio a su vez, tuvo el respaldo de un buen hombre, Juan Rodríguez, dueño del auditorio que está frente a su casa.
El joven se la pasaba con él, pero sin hacer nada, por lo que le dijo que lo pondría a trabajar.
A manera de préstamo le compró un estanquillo y cerveza para que tuviera su propio negocio, que le pagó en abonos.
De eso hace 10 años y sigue siendo su fuente de ingresos para consentir a sus jugadores, incluso para organizarles comidas para celebrar los triunfos.
A las bandas de música de la región, dice, les pide patrocinio y también le dan, tanto en recursos como para amenizar los convivios.

Un ejemplo de vida
Al preguntarles a sus hermanos cómo ven a Emilio, Rodolfo dice sin pensarlo, “ha sido más cabrón que uno de bueno”, pues de la venta de cerveza construyó una bodega y se sostiene por sí solo, además compró una camioneta para mover a sus jugadores.
Emilio dice que cuando empezó a organizar a los equipos, los instalaba en el campo de futbol en su lugar y con un “silbatillo” de los paraguas les pitaba, “y sí me hacían caso”, dice al reír por aquella anécdota.
Hace unos meses el joven enfermó y no podía seguir entrenando a los niños, que no dejaban de buscarlo en su casa para animarlo. Le decían, “tienes que aliviarte”.
Los papás también lo visitaron para comentarle que sin él, los pequeños no querían jugar.
Emilio ha sabido ser gestor ante varios patrocinadores y autoridades municipales para continuar impulsando el deporte.
De limosnas, dice, compró la actual silla de ruedas que maneja y que le permite ser independiente de sus familiares.
Sus hermanos y su madre recuerdan que cuando niño, a Emilio lo empezaron a sacar a la calle en una carretilla, porque de lo contrario se les escapaba e iba a cualquier lugar rodándose en el piso.
Por su situación, dicen, sufrió muchas humillaciones y discriminación, pero sus hermanos aseguran que Emilio no está solo, pues los tiene a ellos para defenderlo.
Gracias a su empeño, logró que en esta administración el alcalde Hugo Domínguez lo nombrara subdirector del deporte, lo que le permitirá hacer más gestiones, pues ahora también organiza a equipos de futbol rápido.




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