Thursday 19 de January de 2017

Un diagnóstico bastante real

Los discursos sin resultados no son una forma de gobernar

     27 Apr 2011 04:00:00

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Durante muchos años en las campañas políticas hemos vivido una práctica, lo que se repite al inicio de cada gobierno y a veces al final también. La práctica común es convocar a mesas de trabajo a las que son invitados académicos, expertos, intelectuales orgánicos y políticos que analizan los problemas que aquejan al país.

Todo empezó con el problema de 1968, cuando el presidente Gustavo Díaz Ordaz convocó a una Comisión de la Reforma Educativa. Las conclusiones se publicaron, no eran ninguna novedad, casi todos sabían el problema que tenía la educación, pero la práctica continuó en el siguiente gobierno, en el siguiente y en el siguiente.
Ya no solo fue el tema educativo, fueron todos los problemas de nuestro país, los que fueron abordados en distintas formas por estas mesas de diagnóstico.
Esto se convirtió casi en un formato de campaña, toda campaña política de cualquier nivel requería que hubiera estas mesas de trabajo, era parte de la rutina política.
Pronto otros partidos imitaron esta técnica y las campañas casi se volvieron predecibles, mesa sobre educación, mesas sobre el patrimonio cultural, sobre la industria,
sobre el comercio internacional, etcétera, todo tema que tuviera que ver con el desarrollo del país era motivo para hacer una gran asamblea en las que se presentaban
“ponencias”. Estas se presentaban como formas de solucionar los problemas.
La era de la ponencia era interesante, los participantes llevaban su ponencia y analizaban con una actitud, un tanto de perdonavidas, los problemas nacionales. Cuando terminaban su ponencia y los aplaudían se bajaban tranquilamente del estrado queriendo que esa ponencia había resuelto ya el problema.
Si no lo creían por lo menos aparentaban hacerlo, y era una forma también de hacer campaña para dirigir algunos de los aspectos de la administración pública.
A medida que pasó el tiempo, estamos hablando de un mínimo de 60 años, se sabía que esto era un engaño que ya no nos sirve para nada. Lo acaba de decir el senador Francisco Labastida Ochoa, con una expresión que a mí me parece que establece la verdad de cómo sentimos los mexicanos.
El senador dijo: “estamos sobre-diagnosticados”, es decir, sabemos desde hace 60 años los problemas nacionales después de las ponencias de las mesas de trabajo siguen ahí, sin siquiera haber cambiado.
Qué cosa es lo que ha faltado en este medio siglo. La respuesta es muy clara: ha faltado voluntad política.
Tal vez no hubiera sido nunca necesario airear los problemas como parte de una campaña política, hubiera sido más importante tener la vocación de reforma y haber hecho los cambios que, después de todo, los diagnósticos son fáciles de hacer cuando un presidente de la República tiene tantos secretarios, tantos expertos y tantos asesores que pudieran dar la respuesta a estos problemas que aparentemente se han vuelto eternos en la vida pública.
No cabe duda que hay algo que todo mundo intuye en las campañas políticas y estas mesas de trabajo. Todo mundo sabe que se trata escencialmente de un recurso político-demagógico.
Es por eso que quienes han practicado este sistema ya están hartos de él, ya no tiene el mismo efecto porque todo mundo sabe que estas mesas de trabajo no son otra cosa que una forma de manipular la opinión pública y hacernos ver que los problemas están ahí y que, de acuerdo a su criterio, con sólo explicarlos estamos en el camino de solucionarlos.
Lo mismo pasó con las famosas reformas políticas, la Reforma del Estado, la reforma Política, nuevos organismos y lo único que se hizo no fue mejorar la práctica política, sino generar instituciones, es decir las grandes burocracias que ya padecía el gobierno ahora también aumentan con las fuerzas “democratizadoras” que crearon nuevos organismos que crearon nuevos organismos, nuevas burocracias y naturalmente nuevos gastos.
Tal vez, lo importante sería encontrar soluciones prácticas sin necesidad de tanta cobertura de medios, que no requieran más burocracia, más gasto y que el pueblo de México empezara a ver resultados. Los discursos sin resultados no son una forma de gobernar.
Cuando uno ve que las nuevas generaciones se portan indiferentes a la política, es claro que entró en un estado de obsolescencia. Se ve también en los resultados electorales, hay quien gana una gubernatura, una diputación o una presidencia municipal con 30-35% de la votación, y si uno ve que solamente 50% del padrón en el mejor de los casos, en realidad se están eligiendo mandatarios con sólo 15 o 20% de aprobación.
Se pueden hacer organismos y leyes, pero los procesos electorales, en realidad, no dan legitimidad a los funcionarios electos. La demagogia ya entró en su ocaso.

*Periodista




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