Monday 23 de January de 2017

"Un guerrero sin fronteras" en la tierra de Joe Arpaio

     20 May 2012 18:16:14

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El activista comunitario Salvador Reza da clases gratuitas de historia en la Escuela Esperanza.
El activista comunitario Salvador Reza da clases gratuitas de historia en la Escuela Esperanza.
PHOENIX.- El hombre defiende con alma y vida la causa de los inmigrantes sin papeles y tiene una personalidad avasalladora que se impone y por momentos intimida. Incluso estando detrás de las barras de una prisión.   "Cuando lo vi en la cárcel me trató mal, me miraba fijo. Y creo que me dijo: ¿Dónde están sus papeles? Saqué mi seguro social y se lo mostré".   Quien se sintió obligado a mostrarle sus papeles a alguien que estaba entre rejas fue nada menos que Joe Arpaio, el temido sheriff de Phoenix que simboliza las políticas de mano dura hacia los inmigrantes que están en el país sin la autorización correspondiente.   Y la persona que provocó esa reacción fue Salvador Reza, un activista que le ha dado su vida a la defensa de los derechos de los extranjeros que están en el país ilegalmente. Con acciones osadas, incluidas movilizaciones y boicots, Reza es una piedra en el zapato para Arpaio, quien expresa una mezcla de admiración y desdén por este hombre nacido en México y que vive en Estados Unidos desde los nueve años.   Pese a tener dos licenciaturas --en ciencias políticas y literatura--, Reza consagró su vida al activismo político y descartó una carrera profesional típica de alguien con sus títulos académicos.   Integra la organización Tonatierra, que aboga por los derechos de las naciones indígenas, y por las mañanas da clases gratuitas de historia en la Escuela Esperanza, una secundaria que él mismo ayudó a fundar para asistir a jóvenes latinos de escasos recursos.   Coordina además el Centro de Jornaleros Macehualli, creado en el 2003 como una alternativa para que los jornaleros, con o sin papeles, pudieran obtener trabajo sin pararse en las esquinas. Ahora, los jornaleros se congregan bajo un toldo verde del barrio de Palomino y esperan que algún contratista los recoja.   En el pasado, la policía arrestaba a los jornaleros a diario por quejas de los negociantes de la zona.   "Fue algo extraordinario lo que logró", dijo Alfredo Gutiérrez, ex senador demócrata estatal. "Tuvo que convencer a la mayoría de los concejales de Phoenix de que aprobasen el centro, tuvo que convencer a todos los negocios en el área de que aceptasen un centro allí. Y lo logró".   Por las tardes, Reza participa de un programa comunitario en la Radio 1190, desde donde promueve el boicot económico contra Arizona en protesta por la ley SB1070 para combatir la inmigración ilegal.   En noviembre del 2010 viajó a Ginebra para declarar ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que evaluaba el estado de esos derechos en Estados Unidos. También visitó varias veces Washington para combatir las leyes estatales y políticas federales enfocadas en la detención de los inmigrantes sin papeles. Ha presionado para que el gobierno nacional prohiba a Arpaio inmiscuirse en temas de inmigración.   "Ha ido hasta Washington a rogarle al Departamento de Justicia (DOJ) que me investigue", dijo Arpaio a la Associated Press por teléfono.   A raíz de las presiones de Reza y de otros, el DOJ está investigando efectivamente posibles violaciones de los derechos civiles por parte de la oficina de Arpaio, quien se convirtio en un ícono nacional para quienes piden mayores controles de la inmigracion ilegal cuando inició operativos barriales de "supresión del crimen" cuyo fin era capturar a inmigrantes indocumentados.   En el 2007, el sheriff se incorporó a un programa del gobierno federal conocido como 287(g) que le permitió entrenar a 160 de sus alguaciles para cumplir funciones de agentes de inmigracion tanto en operativos en las calles como dentro de sus vecindarios. Arpaio afirma que solo está asegurándose de que se cumplan las leyes estatales de Arizona cuando arresta a inmigrates sin papeles, pero sus procedimientos están siendo cuestionados en los tribunales.   "Reza merece ser reconocido por no tener miedo de desafiar a Arpaio públicamente", dijo Roberto Reveles, quien participó del movimiento por los derechos civiles en los 60.   Según Reveles, este desafío de Reza a la autoridad se ha manifestado en la forma de protestas multitudinarias.   En el 2007, por ejemplo, Reza organizó movilizaciones para protestar el que los alguaciles de Arpaio fuesen contratados por el dueño de una mueblería para alejar a los jornaleros de su propiedad. También dispuso protestas en las puertas del banco Wells Fargo para pedir que dejara de rentarle oficinas al sheriff. Al final, Wells Fargo no le renovó el contrato a Arpaio.   Una de las marchas más grandes contra Arpaio ocurrió en enero de 2010, cuando más de 10.000 personas recorrieron 4 millas (6,4 kilómetros) hasta un complejo carcelario.   La marcha fue motivada por una carta de mujeres inmigrantes que estaban en huelga de hambre por maltratos verbales y malas condiciones alimenticias en la cárcel del sheriff.   Ese mismo año, en respuesta a las redadas en busca de inmigrantes sin papeles que inició Arpaio, Reza y otros 50 manifestantes bloquearon el acceso a la cárcel de la oficina del sheriff. Casi todos fueron detenidos y liberados a las pocas horas.   Arpaio habló con Reza durante su arresto y dijo que el activista parecía "capaz de hacer cualquier cosa con tal de figurar en los medios".   Agregó, no obstante, que "a su modo, es un caballero, tiene su misión y el derecho de protestar".   Al día siguiente Reza se paró de nuevo (provocativamente) frente a otra cárcel y mientras observaba desde la acera de enfrente los agentes de Arpaio cruzaron la calle y lo pusieron en una camioneta, donde lo retuvieron varias horas. Otra vez pasó la noche en la cárcel, hasta que un juez estatal lo liberó por no encontrar razón para su arresto.   "(Reza) Es una persona que sabe cómo usar los medios para enviar un mensaje. En ese sentido a lo mejor pensamos igual", dijo Arpaio.   Por su parte, Reza declaró que "cuando me vino a ver me di cuenta que (Arpaio) tenía un conflicto interno. Sabe que lo que está haciendo está mal y continúa haciéndolo".   Al aprobarse la ley SB1070, que convierte en un delito ser un inmigrante sin papeles en Arizona, Reza apoyó un boicot económico contra el estado.   El boicot, promovido por numerosas organizaciones locales y nacionales, resultó en pérdidas de 140 millones de dólares al suspenderse convenciones y encuentros de organizaciones en Arizona, según un reporte del Centro para el Progreso Americano. También frenó la aprobación de cinco leyes contra la inmigración ilegal, según Reza.   Una docena de legisladores republicanos que habían votado por la SB1070 se opusieron a las nuevas leyes después de recibir presión del sector empresarial en una carta donde manifestaban alarma por el impacto del boicot.   Pese a que el Consejo Nacional de la Raza, una organización que aboga por los derechos de los hispanos basada en Washington, decidió levantar el boicot, Reza lo sigue promoviendo.   Esto generó algunos roces con el Consejo, que considera que la medida ya logró todo lo que se podía esperar de ella cuando el sector comercial se opuso a la aprobación de leyes más duras que la SB1070.   El presidente de la junta directiva del Consejo Daniel Ortega dijo que hubo que suspender el boicot por el impacto económico que tuvo "sobre mucha de nuestra gente (latina) que trabaja en la industria de los servicios (hoteleros y turísticos)".   Sin embargo, "la SB1070 sigue ahí, no se ha sacado de los libros", refuta Reza en su programa radial.   No fue la primera vez que Reza tuvo roces con aliados.   "Su estilo es 'soy yo con un grupito que me obedezca y no quiero competencia''', dijo Elías Bermúdez, un activista republicano que organizó marchas a favor de la aprobación de una reforma migratoria.   Fue en parte eso lo que causó una ruptura con el movimiento PUENTE, integrado por jóvenes en su mayoría.   "Yo sentí que no estaban listos para ideas nuevas", expresó Erika Ovalle, de 31 años y quien que ahora encabeza PUENTE junto a otra figura joven, Carlos García.   A sus 60 años, Reza es un hombre de mediana estatura y cabellos grises atados en una coleta larga. Su compromiso con la causa de los inmigrantes sin papeles se sustenta en sus experiencias como hijo de un bracero, sus propios dramas personales y su reencuentro con sus raíces indígenas.   Reza llegó a Isleta, Texas, a los nueve años con pasaporte mexicano en mano, para reunirse con su padre, quien trabajaba en los campos agrícolas mediante el plan Bracero.   En la escuela experimentó la discriminación por primera vez durante su primer recreo, cuando lo amonestaron por hablar español.   "El director me dijo que pusiera mis manos en la rodilla y me dio tres tablazos. Me agarró de sorpresa y me hizo llorar", recordó. "Ahí fue cuando me di cuenta que algo no estaba bien, me dio coraje".   Al poco tiempo Reza notó que la discriminación se extendía a todos los aspectos diarios de la vida.   "Había un restaurante que decía: 'No Mexicans or Dogs Allowed' (No se permiten mexicanos ni perros)", señaló.   Cuando se enlistó en la fuerza aérea como técnico en electrónica también experimentó discriminación por parte de sus compañeros anglosajones.   "Me dije: 'Cuando termine todo esto me voy a meter a estudiar para cambiar las cosas''', relató.   En California, Reza obtuvo sus dos licenciaturas e inició un doctorado de estudios étnicos que no completó.   Para ese entonces ya estaba ligado al activismo social ayudando a inmigrantes sin papeles a beneficiarse de la amnistía de 1986 en la organización "One Stop Immigration" en Los Angeles.   Pero cayó presa del alcoholismo y su vida fue en picada. "Me tiré al vicio, andaba de alcohólico", admitió. Dijo que la bebida fue una forma de rebeldía de juventud contra la sociedad y las injusticias que vivió en su infancia.   Su hermano menor, Cheno Reza, abrió una puerta de salida al invitarlo a una carrera por la paz y dignidad que realizan tradicionalmente las naciones indígenas, desde Alaska hasta la Ciudad de México. Estas naciones indígenas no reconocen las fronteras y viajan en la caminata con la intención de unir el continente. Esta experiencia lo llevó a renovar su compromiso con la lucha social y a adoptar la visión de que no existen las fronteras.   "Los pueblos originales (indígenas) tienen derecho de vivir, trabajar y migrar a través de las fronteras impuestas por los poderes coloniales", afirmó Reza.   Si se permitiese el libre flujo de las personas que quieran migrar documentando cuando entran y salen del país, "los polleros (o traficantes de seres humanos) se quedarían sin trabajo", acotó.   A partir de Tonatierra Reza trata de resolver los padeceres más básicos de la comunidad, desde problemas con sus arrendadores hasta cómo recaudar fondos para contratar un abogado de inmigración para alguien que fue arrestado.   Reza se siente un vocero de la gente que defiende, pero niega ser un líder.   "Nunca he tenido la aspiración de entrar en un puesto político. En el momento que entras en un puesto político, te pones una camisa de fuerza", dijo. "Ya no puedes criticar a los poderes tan abiertamente".        


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