Monday 23 de January de 2017

Un sistema enfermo de impunidad

     24 Feb 2012 04:00:00

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Ante la tragedia ocurrida en el penal de Apodaca, México no puede seguir ignorando los focos rojos que alertan el mal funcionamiento de su sistema penitenciario, por décadas las autoridades han pretendido ocultar la realidad de las cárceles, lugares que son todo, menos centros de reinserción social.
La muerte de 44 reos, para encubrir la fuga de otros 30, así como los disturbios derivados de los lamentables hechos del pasado domingo, han motivado que de nueva cuenta México este en la mira de organismos internaciones para la protección de los derechos humanos, la propia ONU pidió a México hacer una exhaustiva investigación y sancionar a los responsables, ya antes Naciones Unidas había hecho recomendaciones a nuestro país en esta materia.  
Ante las cifras de reos fallecidos en los últimos años en centros penitenciarios, es impostergable que autoridades federales y estatales tomen cartas en el asunto, pueden comenzar por hacer valer la reforma constitucional que en materia penal se promulgó en 2008 y que establece que las cárceles mexicanas deben orientar acciones a la readaptación social del sentenciado con la finalidad de que éste, una vez que cumpla su condena, se reinserte en la sociedad, sea productivo económicamente y no vuelva a delinquir.
La reforma constitucional establece que para lograr su reinserción social el sentenciado debe recibir capacitación para el empleo y autoempleo, educación y salud, así como proveerle de espacios físicos para la práctica de algún deporte, todo esto no se ha cumplido, ni siquiera se ha comenzado por habilitar espacios para hacerlo, la razón que se los impide es otro de los problemas que enfrentan y sobre el cual también nuestro país ha sido omiso en las recomendaciones del organismo internacional: la sobrepoblación.
La sobrepoblación de internos, la corrupción, la negligencia, la ausencia de coordinación entre autoridades federales y estatales; y la vigencia de métodos obsoletos en los centros penitenciarios contribuyen a que grupos internos y externos sean quienes mantengan el control de las prisiones.
El desalentador panorama que por años se ha presentado en los centros penitenciaros obligan al Estado a asumir su responsabilidad, garantizar los derechos humanos de quienes se encuentren privados de su libertad, y por tanto bajo su resguardo, también es su obligación y para cumplir con ella es indispensable que trabaje en la mejora de su práctica penitenciaria.
Urge modificar los métodos en las cárceles mexicanas, pero ello implica a su vez combatir las fallas y vicios en el sistema de justicia, nuestro caduco sistema acusatorio, la resistencia y falta de capacitación en litigantes y juzgadores para la implementación de nuevos sistemas contribuyen al arraigo de prácticas indolentes que hacen prevalecer un sistema enfermo de impunidad.

*Docente-Investigadora de la UAZ

 




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