Friday 20 de January de 2017

Un voto a favor de la cultura democrática

     7 May 2012 03:30:00

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Ninguna persona nace con el atributo democrático porque no es una cuestión genética sino cultural. La democracia es una invención humana, un modelo cívico y político que se ha objetivado en un arreglo social polifónico donde tensiones y conflictos encuentran distintos grados de solución sin echar mano de las armas o de la violencia. Por consiguiente, los demócratas deben cultivarse en sintonía con las propiedades que el concepto incluye.
Algo similar ocurre con la cultura democrática, es necesario crearla. Mas sería un error concebir  la democracia a partir de una visión puramente política, es decir, únicamente como forma de gobierno que descansa en la soberanía del pueblo. Hay demasiados casos en la historia que demuestran cómo pueblos o grupos mayoritarios, cuyo bagaje cultural está preñado de pulsiones autoritarias, intolerantes, racistas y endógenas,  han edificado gobiernos totalitarios.
La pasión por la libertad, la tolerancia, la concordia cívica, la justicia, la paz, la pluralidad de ideas y formas de ser, así como el respeto a un orden jurídico legítimo, constituyen la piedra de toque de la cultura democrática. Un juez que tuerce la ley para favorecer ilegalmente los intereses de una de las partes en litigio no es un demócrata. Un rector que emplea los recursos universitarios para corromper el voto no es un demócrata. Un empresario que despide a una trabajadora por tener un embarazo no es un demócrata. Un apologista de la segregación racial no es un demócrata. Un jerarca de la Iglesia que sataniza la diversidad de género no es un demócrata.
Un funcionario que impide la libre discusión de pensamiento y la libre circulación de las ideas no es un demócrata. Un propietario de medios de comunicación que se pitorrea de la pedagogía democrática no es un demócrata. Un periodista que aplaude esta última acción tampoco lo es. Un grupo de personas que con fusiles pretende amasar cuantiosas fortunas no es democrático. Los padres que educan a golpes no son demócratas.
En México, el desafío que enfrentamos para construir una cultura democrática sólida y dinámica es enorme, tanto por razones históricas como por factores políticos. Nuestras instituciones sociales son precarias, debido a que el nuevo régimen de alternancia apenas ha cumplido dos sexenios. En este breve periodo, estos larvarios organismos han sido socavados por los conflictos electorales y el intenso ataque que han desplegado los poderes “fácticos”. De ahí que sea tarea de los demócratas abrir espacios generosos para que la cultura democrática florezca sin cortapisas.
En este sentido, la UAZ podría convertirse en ejemplo nacional.  Ojalá que las elecciones del próximo miércoles sean realmente democráticas.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores
   




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