Tuesday 24 de January de 2017

Una actitud ante la vida

     10 Aug 2012 03:30:00

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Siempre ha habido personas generosas que se han preocupado por los demás con motivos religiosos, políticos o altruistas. Pero el fenómeno sociológico del voluntariado social, movido por la pasión por la justicia y por la compasión transformada en compromiso es un fenómeno que comenzó hace tres décadas. Al cabo de este tiempo hay signos de los peligros que corre la generosidad de los voluntarios: partidos políticos, gobiernos, sectas e intereses empresariales.
Cuando el candidato llega a una ONG no se le puede poner a trabajar sin más con los enfermos o con los niños, en las cárceles o en cualquier otro servicio sin una formación adecuada. La responsabilidad final de cualquier error y de la buena marcha es la organización.
El protagonista de la acción social del voluntariado no es ni la organización ni el voluntario. Es el marginado, el excluido, quien padece la injusticia.
El candidato a voluntario debe escoger la asociación que mejor vaya con sus preferencias y capacidades, y aquella tiene la obligación de seleccionar a los candidatos más idóneos para las tareas del voluntariado propio de esa organización.
Es falso que cualquier persona tenga derecho a entrar en cualquier organización. Y peligroso. El voluntario tiene que sentirse a gusto cooperando física y económicamente, de acuerdo con sus posibilidades, dentro de la asociación que lo ha admitido, que lo ha formado y ayudado en sus tareas de voluntariado, con una conducta acorde con los principios de la ONG.
El boom de las ONG toca techo y presenta una cierta fatiga en relación al impulso de su primer fervor, por lo que tienen que dar paso a los organismos que puedan prestar una ayuda eficaz. Los voluntarios seguiremos militando en la lucha por la justicia y por los derechos sociales para todos.
Si yo fuera alcalde de una ciudad, ni una sola persona dormiría en la calle. Más bien, buscaría recursos para tratar de remediar su necesidad y buscar su reinserción en la medida de lo posible.
En Suiza no duerme nadie en la calle. En España, algunas personas salen de noche a dar café por admirable compasión.
Ha sido muy cínico cerrar los centros psiquiátricos y lanzar a las calles a enfermos mentales que deberían de estar acogidos en adecuadas residencias de salud. Los voluntarios deberían atender a esos excluidos mientras avisan a la administración para que se haga cargo de ellos.
El voluntario es una persona que trabaja y cede parte de su tiempo para ayudar en esa labor social. No es admisible que haya personas que han hecho del voluntariado una forma de vida, cuando no una necesidad cuestionable.
El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad, sin olvidar que lo que se debe en justicia no hay que darlo en caridad. Nos movemos acuciados por la pasión por la justicia y, en nuestra tarea, siempre subsidiaria, aportamos la delicadeza en el modo y la firmeza en los fines.


*Centro de Colaboraciones Solidarias
 




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