Monday 23 de January de 2017

Una de cantinas

     15 Sep 2012 04:00:00

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A principios de semana, nuestra asociación tuvo la fortuna de recibir al licenciado Fernando Ardura, encargado a nivel nacional del cuestionario para la clasificación hotelera. Su visita consistió en hacer una prueba piloto a algunos de los establecimientos de hospedaje en la capital. El resultado fue por demás excelente gracias a que se tuvo por un lado el enfoque de una ciudad colonial para la clasificación y por otra, la asesoría y capacitación en el momento a los hoteleros para poder mantener nuestras instalaciones a la vanguardia y con los servicios que los clientes y la categoría que ostentamos exigen.
Mucho me llamó la atención, cercana la hora de comida, que el licenciado Ardura me pidiera antes de compartir el pan y la sal, ir a tomarnos una cerveza a un bar. Mi calidad de anfitrión no podía quedar en duda y sin pensar le dije: "Te voy a llevar a una de las cantinas más famosas de Zacatecas". Por supuesto, terminamos en Las 15 Letras.
Después de una rica cerveza empezamos a platicar acerca de la historia de las cantinas y el resultado fue la aportación que comparto con ustedes.
Después de un rato de plática e investigación, vimos que los antecedentes de estos lugares estuvieron en las ya casi o totalmente extintas pulquerías, expendios de la bebida embriagante más antigua de México, firme en las preferencias de muchos a pesar del vino traído por los españoles.
Encontramos que antes había leyes que le prohibían a los españoles vender vino a los indígenas y a los indígenas tomar vino, por supuesto el pulque no estaba considerado.
Las pulquerías cedieron terreno a las cantinas básicamente con la invasión de los Estados Unidos en el año 1847, cuando los soldados norteamericanos buscaban un lugar donde se les mezclaran licores.
Las pulquerías tenían nombres simpáticos entre los que encontramos algunos y citamos a continuación BB y VT, La Fuente Embriagadora (donde el pulque no se agota), La Otra Villa (para los que no alcanzaron llegar a la de Guadalupe) y El Buen Timbre, entre otras.
Una cantina es un espacio de interrelación humana donde se conjuga el deber con lo íntimo del vivir. Es el lugar donde las ilusiones del hombre cobran vida, las esperanzas se hacen presentes y siempre en la mente de los clientes se aclaran las soluciones a todos los problemas personales. La cantina es un espacio donde los mexicanos buscan compañía para beber. Una cantina provoca amistades serias aunque también enemistades debido al alcohol y la intensidad de las charlas.
En la primera mitad del siglo 20 proliferaron en la República bares y salones de bebidas y, como parte de la nueva era, nacieron en los hoteles bares para deleitar a sus huéspedes.
En la década de los 60 se podía ver en las puertas de las cantinas de barrio la leyenda “Prohibida la entrada a perros, mujeres mendigos y uniformados”.
Afortunadamente, antes y ahora, se piensa y pensaba en que la ya muy famosa botana es el acompañante perfecto de la cerveza o la copa de mediodía. Por supuesto que entre más picante es mejor, porque da pretexto a que un trago apure al siguiente. Con este ejercicio se refrescan lengua, paladar y garganta, que arden como brasas en el fuego.
Dicen los que saben que la clave de una buena cantina es el olor a cigarrillo, mingitorio sucio y formol, así como el ruido de fondo de un piano desafinado o una rocola tocando las canciones regionales de moda y un conjunto norteño o trío que alegre la tertulia del mediodía.
Como dato curioso, les comento que el 2 de enero de 2009 fue cerrada la cantina considerada más vieja en México y Latinoamérica, con el número de licencia 001, expedido en 1872. El nombre de dicha cantina era El Nivel y estaba ubicada en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México. Por supuesto era punto de reunión de escritores, poetas y estudiosos de la época.
Actualmente, en provincia se puede disfrutar de este tipo de centros recreativos para muchas personas. El acceso a mujeres ya no es problema y la higiene es mucho mejor que antes.
No puedo terminar sin recomendar como visita obligada en Zacatecas a Las 15 Letras,  donde la cultura está presente con obras de diversos artistas locales. En Fresnillo, por otro lado, les comento que la Casa Verde posee una exposición pictórica permanente del maestro Daniel Peralta. En ambos lugares, sin afán de promover el alcoholismo, que tanto daño hace a nuestro país, se puede disfrutar de deliciosas bebidas y botanas por poco dinero, lo que las consagra como los mejores lugares para disfrutar los placeres que anteriormente mencionamos.
Cierro con una frase mencionada por mi abuelo en un sinfín de ocasiones y que promueve una bebida 100% zacatecana que pueden encontrar en ambos lugares: "Para un mal, mezcal y para un bien, también".
Tomemos todo con medida y disfrutemos de estos lugares mientras podamos. Hasta la próxima.

*Presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Zacatecas (Amhmzac)
rmunozc1970@hotmail.com




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