Monday 23 de January de 2017

Una historia cruel

     24 Jun 2011 04:00:00

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Hace unos días, me enteré de un suceso que da cuenta de la manera en que está perneando, en parte de la ciudadanía mexicana, la idea de que es posible infringir la ley sin consecuencia alguna, dada la poca eficiencia del poder judicial y el alto índice delictivo.
La historia, recogida por la prensa de Monterrey, es la siguiente. Una joven, molesta con sus padres por motivos no mencionados en el periódico, decidió abandonar el hogar y buscó refugio en la casa de quien consideraba como una de sus mejores amigas.
Ésta última la convenció de hospedarse juntas en un hotel, mientras decidía qué hacer con su vida. Así lo hicieron. Cuando ya estaban instaladas, la supuesta amiga salió de la habitación y, sin consultarlo, habló a los padres de su compañera para decirles que su hija estaba secuestrada y que si deseaban volver a verla con vida tenían que entregar una alta suma de dinero.
Angustiados, los papás contestaron que carecían de recursos económicos y sería casi imposible juntar el monto exigido. Ella quedó de llamar después. Al día siguiente, convenció a la joven de irse a otro lugar y, con la excusa de hacer algunas compras, volvió a llamar a los progenitores de su compañera, reduciendo esta vez el monto por la liberación. No pudieron llegar a ningún acuerdo.
Sin embargo, como la amiga finalmente decidió regresar a su hogar, la otra dio por finiquitado el caso, pues sabía que nada podía hacer para aprovecharse de la situación. Tranquilamente se fue a trabajar como si nada hubiese ocurrido en esos dos días.
Gran sorpresa se llevó la chica que había abandonado su hogar cuando se enteró por voz de sus padres la zozobra que padecieron por el falso secuestro. El caso fue denunciado y la mujer fue detenida. De acuerdo con la prensa, quien cometió tal atrocidad vive en una de las mejores colonias de Monterrey y, al parecer, no tiene apremios económicos. Simplemente se le hizo fácil delinquir y lucrar con el problema de su conocida.
¿Por qué lo hizo? ¿Pensó que no habría repercusión alguna? ¿Cómo pudo aprovecharse de un conflicto familiar y generar terror en dos afligidos padres?
A muchos mexicanos nos preocupa la violencia que se vive en el país como resultado del aumento de la delincuencia organizada. El problema, no obstante, es mucho más grave.
La consabida frase de que “se están perdiendo los valores” no me gusta utilizarla, pues no se sabe, bien a bien, lo que eso significa. En todo caso, algo malo está ocurriendo y la pacífica convivencia colectiva pasa por momentos difíciles en México.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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