Sunday 22 de January de 2017

Una postal

Los días del Bi-100

     6 Nov 2012 04:00:00

A- A A+

Compartir:
Publicidad.
Publicidad.

La modernidad es una tradición que se elabora y contradice cotidianamente. Lo que un par de años atrás era avance y novedad, en el día a día es paulatino retroceso.
Símbolos de la modernidad, en el otoño de 1912, son el teléfono y la máquina de escribir. Estos nuevos soportes tecnológicos para la comunicación entregaron y harán noticias. También indicarán que la distancia territorial es relativa.
La máquina de escribir era, como la actual computadora, el instrumento para textualizar la realidad. Tres agencias publicitaban su existencia en Zacatecas.
La Oliver, modelo Printype se ofertaba en El Trébol. La máquina Smith-Premier era publicitada en la jefatura política. En la casa comercial Cabral Hermanos, vendían la Remigton a 250 pesos al contado, y 275 pesos a plazos.
Pero, a nivel de piso, la tierra predominaba en los callejones de la ciudad de Zacatecas. Unas cuantas calles estaban empedradas, como las actuales Tacuba, Hidalgo, Juárez, Genaro Codina y Fernando Villalpando.
En el resto de las vías, sobre todo las callejuelas al pie del cerro La Bufa, seguían a cielo abierto. El pesar, en estas calles, eran los caimanes. Estas zanjas estaban mal diseñadas y sin conexión con los caños próximos. En los días de lluvia, aunque impedían que las corrientes entraran en las calles interiores de la ciudad, en las callejuelas de los barrios concurría el caudal nauseabundo.
En el verano de 1912, en las lluvias de julio, la plazoleta de Guadalajarita se inundó con un torrencial que no absorbieron los caños del callejón de Osuna y la calle de Tres Cruces (el tramo norte de la actual avenida Hidalgo).
Los caimanes no atrajeron el caudal, porque el nivel de la plazoleta y de sus caños estaba por debajo del ras de la calle y el callejón.
Pese a las precariedades de las áreas viejas y pobres de la ciudad, en las calles ya transitaba una media docena de automóviles. Sus dueños eran los hombres ricos de la ciudad: los hacendados, Antonio Gómez Gordoa y Joaquín García; los mineros, Gualterio Palmer y Dr. F. Taube, y los comerciantes Julio Canales y Gonzalo G. Piñera.
Su presencia modificó y contrastó el paisaje citadino. Su interferencia en las calles obligó a crear un registro de vehículos. El número de referencia lo otorgó el ayuntamiento de la ciudad. También se señalaron nuevas reglas de convivencia: encender las lámparas en el transcurrir de la noche; no exceder la velocidad, y no estacionarse en las bocacalles y lugares muy transitados de la ciudad.

*Historiador y profesor universitario




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.57
Venta 22.07
€uro
Compra 23.10
Venta 23.6

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad