Friday 20 de January de 2017

Una ruleta rusa, el camino hacia Huejúcar

Recorrido por los límites de Zacatecas y Jalisco

     4 Oct 2011 04:00:00

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GUADALAJARA, JALISCO.- Tras llegar a García de la Cadena, el mando policiaco externa que el dinero fácil hace que muchos jóvenes zacatecanos -hombres y mujeres- acepten ser reclutados por los grupos criminales.
“Muchos se han ido a otra parte y los demás salen muy poco de sus casas”, comenta.
En julio, en esta comunidad detuvieron a El Choche, un joven de 18 años, que se convirtió en halcón del Golfo por 5 mil pesos quincenales. Aquella tarde también decomisó la policía tres mil cartuchos de AK-47.
Ese (conocido como cuerno de chivo), es el fusil de asalto más utilizado en el mundo y hasta la fecha existen más de 100 millones de estas armas regadas en todo el planeta.
Con este tipo de armas se han dado enfrentamientos directos entre Zetas y los del Golfo, por Teul y Huitzila (poblados muy cercanos), donde los dos grupos delictivos acostumbraban instalar falsos retenes con uniformes de la AFI.
Después de las refriegas, cada quien se lleva a sus muertos y los casquillos usados quedan regados por todos lados.

Una vida más tranquila
Para la comida, la hacen en Colotlán, Jalisco, donde la vida sigue su curso en una apariencia natural.
Por ser cabecera municipal siempre abundan los policías rurales. Sin olvidar protocolos, Los Negros estacionan las unidades y deciden comer menudo (pancita) en un local donde se les atiende con gusto y se les cobra menos que a los civiles.
La señora que atiende la fondita explica que “desde que está la Policía Estatal se puede vivir tranquilamente en Colotlán”.
El tendero de enfrente los califica como los chapulines colorados del pueblo, argumenta que la policía municipal no es suficiente para proteger una comunidad muy alejada de Guadalajara y demasiado cerca de Zacatecas.
La bitácora tiene una parada en Santa María de Los Ángeles, última base antes de llegar a Huejúcar, Jalisco. Hay que instalar un retén para revisar vehículos sospechosos.
Los que circulan seguido por la zona ya están acostumbrados a detenerse, bajarse de su vehículo y permitir que los uniformados revisen por debajo y dentro del auto. Resulta difícil escapar ante tanto policía armado.
Hasta estos rumbos llegaron los enfrentamientos aquella tarde de mayo en que apareció el vehículo blindado de manera rudimentaria conocido El Monstruo Zeta, asegura el Comandante 1, quien nos guiará hasta Huejúcar.
Ese día, hubo refriegas en ambos estados, en Florencia, Zacatecas; Mezquitic, Chimaltitán y Santa María, en las que murieron cinco sicarios y apareció el vehículo de tres toneladas que contaba con 12 escotillas para repeler ataques y una más en la parte superior con movimiento de 360 grados para disparar.

Alerta máxima
Platicando en el retén de Santa María de la Paz, llegó una alerta radial de que tres camionetas blancas con encapuchados pasaron por Colotlán y se dirigían hacia Huejúcar.
Pasarían por el retén. De nuevo la alerta, indicaciones en clave y armas apuntando hacia todos lados.
Cuando se asomaron, se dijo que eran de la Policía Judicial y se les dejó seguir su camino. Ya no iban encapuchados y las camionetas blancas no presentaban logotipo alguno.
Una hora más tarde llegaríamos a Huejúcar, donde el comandante 1 nos contaría los pormenores del enfrentamiento que tuvo su comando ante Los Zetas el pasado viernes 23 de septiembre.
El retorno a Guadalajara inicia a las 3 de la tarde y es preciso llegar a la capital todavía con la luz del día. El comandante 3, con quien retornamos a la base inicial, comenta que “la zona está calientita y no quiero tener un reportero en mi conciencia”.
El relevo de comandos se da sin contratiempos, policías descansados se quedan a patrullar la zona y quienes enfrentaron a Los Zetas el viernes 23 regresan a Guadalajara para descansar.
Aún tienen que recorrer 240 kilómetros en tensión, volver a cruzar territorio de Zacatecas y no morir en el intento. “Es como la ruleta rusa”, comenta el comandante 1, “podemos llegar sin novedad o sufrir un ataque en cualquier momento”.
El retorno es rápido, el comandante 3 cuenta cómo ha salvado el pellejo en varias ocasiones y expresa el enfado que le causan los halcones: “por culpa de esos "cabrones" varios de los nuestros han muerto. Les avisan cuando pasamos, a dónde vamos y cuántos somos”.
Pasamos por el rumbo de Colotlán y la carretera hacia Lagos de Moreno. El mando señala hacia el lado opuesto del camino y nos hace girar la cabeza. A unos metros de la vía se observa un nicho y cinco cruces. Es la ofrenda a los policías asesinados en octubre de 2008, cuando se detuvieron cerca de la gasolinera a revisar un automóvil Stratus sospechoso y fueron recibidos con ráfagas y dos granadas provenientes de camionetas Suburban.
Tres policías más resultaron graves, pero vivieron para contarlo.

Llega la acción
El Comandante 3 saca algunos discos compactos y pone música norteña para bajar un poco la tensión en la carretera zacatecana. Los demás policías siguen en alerta constante.
El convoy pasa por Teul, todavía territorio ajeno, cuando por la radio de la policía se da la alerta de que por ahí vuela un “pajarillo de cuenta”.
“¡Ese cabrón es halcón, se acaba de salir de la carretera!”. De inmediato empieza la persecución, la adrenalina para algunos y la arritmia para otros. Policías corren hacia una camioneta Suburban blanca con placas de California que acaba de ser abandonada en la terracería, los uniformados apuntan a la distancia y otros cubren la retaguardia.
Nadie que no tenga vela en el entierro se asoma. El informante es capturado sin disparo alguno, pero sigue la revisión 100 metros a la redonda.
El hombre confiesa ser un RT (jefe de halcones), quien dice ser zacatecano y que trabajaba para Los Zetas porque no encontraba trabajo. Él, junto con su camioneta, fue trasladado a Guadalajara.
El comando se comunica a otros sitios y el retorno resulta estresante.
Uno de los policías sube a la unidad blindada con risa nerviosa. Resulta que en la persecución el uniformado fue perseguido por un toro que andaba suelto en la pradera. Una anécdota que rompe la tensión.
De alguna manera se detectan llamadas de atención enemigas, voces que enteran a otras de que un vigilante ha sido detenido y que el convoy es numeroso. Se apresura el paso, ya no se escucha música y se sueltan palabrotas en contra del “ave mensajera”.
Según datos de la Secretaría de Seguridad Pública de 1 de enero a 31 de agosto de 2011, San Cristóbal de la Barranca, Jalisco, es el único municipio con índice delictivo de alto impacto en la zona norte.
Ahí han muerto cientos de sicarios y al menos 27 policías en esta administración, se decomisó un arsenal cuantioso y se mantiene un combate mortal con Los Zetas y el Golfo.
El convoy pasó por San Cristóbal sin problema alguno y llegó a su base en Guadalajara para presentar al detenido. Una jornada más sin bajas qué lamentar, pero mañana

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