Monday 23 de January de 2017

Una zona de alerta

Un recorrido por la región limítrofe entre Zacatecas y Jalisco

     3 Oct 2011 04:00:00

A- A A+

Compartir:
Excélsior hizo un viaje acompañando a policías estatales de Jalisco.
Excélsior hizo un viaje acompañando a policías estatales de Jalisco.

GUADALAJARA, JALISCO.– El silencio, las comunidades fantasma, los vigilantes como estatuas pétreas y las cruces que brotan en la orilla de la carretera Guadalajara-Huejúcar.
Son testimonios mudos de que por ahí circula la muerte con su AK-47 humeante, en espera de que se asomen Los Zetas, los del cártel del Golfo, el Ejército o Los Negros, como se le conoce a los elementos del grupo de la Policía Rural –perteneciente a la Policía Estatal– que llega hasta las zonas más recónditas del estado.

Viaje hacia Zacatecas
Para entrar a la zona norte de Jalisco hay que meterse por Zacatecas debido al terreno cruzado por la sierra del lado jalisciense.
Para nadie es novedad, Zacatecas es territorio de Los Zetas y del Cártel del Golfo, por lo que los enfrentamientos entre ellos, con la Policía Estatal o el Ejército, se pueden suscitar a cualquier hora y en la curva o brecha menos esperadas.
La lucha es cruenta, uniformados y civiles han muerto en una disputa por la plaza que no cede, sin importar cuanto armamento y bestialidad tengan aquellos que quieren hacer del norte tapatío un territorio fantasma más, como pasa en las comunidades ubicadas del lado de Zacatecas.
Excélsior se subió a un convoy con elementos de la Policía Estatal para viajar 240 kilómetros desde Guadalajara a Huejúcar, donde el pasado viernes 23 de septiembre se dio el último enfrentamiento entre policías rurales y un comando de zetas que iban en unas 20 camionetas blindadas.
En la refriega, de 25 minutos, se dieron bajas -sin contabilizar- de sicarios y un policía resultó herido.
La Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco es el sitio acordado para una reunión previa a la partida.
Ahí existen 27 placas con los nombres de los policías caídos durante esta administración.
Ni el edificio se salva de atentados, como el de agosto de 2008, cuando lanzaron dos granadas afuera de las instalaciones con resultado de seis heridos y numerosos daños materiales.
Se acuerda que, al otro día, de madrugada, hay que presentarse con Los Negros, firmar una responsiva y ponerse un chaleco antibalas. “Usted y el fotógrafo van conmigo”, explica quien identificaremos como Comandante 2; señala la unidad blindada que irá al frente de un numeroso convoy. “¿Cómo me llamo? No me llamo” -pregunta y se responde.
“Tampoco tengo rostro y usted no sabe el número de unidades ni de policías que van en este operativo hacia Huejúcar”, dice el jefe del comando, quien asegura que no es necesario dar datos y señas que puedan llegar al enemigo.
Subir a una unidad blindada produce sensaciones enfrentadas, pues sentirse en un automóvil protegido pone a todos en alerta. Es largo el camino y pocas las palabras, en un recorrido de más de tres horas que inicia en la oscuridad previa al amanecer.
El Comandante 2 explica que el trayecto por Zapopan es seguro, que los enfrentamientos con los sicarios se dan en las comunidades que colindan con Zacatecas y que el riesgo crece cuando se abandona territorio jalisciense.
Lo único que se escucha en el noticiario radial de aquella madrugada es la noticia de los muertos arrojados en una avenida en Veracruz.
Antes de cruzar por Zacatecas, el convoy se detiene en una gasolinera.
De manera estratégica se detienen dos unidades para cargar combustible mientras otras rodean el establecimiento y se ponen en guardia, lo que pone nerviosos y en alerta a quienes se detienen al baño o por ahí circulan.
Las ventanas de las unidades son protegidas por barras de metal, es poca la visión al interior y mucho el voyeurismo, por aquello de mirar sin ser visto.
El parabrisas es el único espacio que permite visibilidad al interior.

Empieza la alerta
Pasamos por San Cristóbal de la Barranca. Todavía es territorio tapatío. El Comandante 2 señala hacia la izquierda de la carretera, donde la vegetación oculta una población en la sierra. “Se llama La Lobera y ahí se esconden los sicarios”.
Es un poblado con menos de 300 habitantes en el que hay 62 casas, la mayoría apenas de un cuarto y con piso de tierra. Un lugar difícil de recorrer debido a que sólo existen brechas y un camino por el que pasan animales.
Ahí hubo un enfrentamiento en junio pasado. La Policía Rural tuvo un choque con Los Zetas, eliminó a seis de ellos y capturó a 10 más.
Los sicarios iban con rumbo a Zacatecas para enfrentar a los del Golfo y terminaron perdiendo una batalla que no esperaban. No por lo menos ese día en que les quitaron camionetas, lanzagranadas, fusiles de asalto y más de 500 cartuchos.
De pronto el rostro del Comandante 2 se pone serio. “Estamos entrando a Zacatecas y en cualquier curva nos podemos encontrar a Los Zetas”, dice mientras las ventanas quedan selladas y las unidades aumentan distancias entre cada una.
García de la Cadena es el primer municipio zacatecano que atravesamos a buena velocidad y con los cinco sentidos en alerta.

Primera de dos partes




Lo más leído
Milpillas, el proyecto más importante: González 
Incentivan el pago del predial  
Quieren promover festivales a nivel nacional 
Inaugura Isadora Santiváñez casa de gestión 
Es atropellado por un motociclista; le provocó serias lesiones
Empezamos a renegociar el TLC: Trump; Peña y Trudeau unen esfuerzos
Ante Trump, necesario hablar con el sector productivo: Zavala
Pierde Real Madrid a Marcelo y Modric 
No soy igual a Javier Duarte y voy a probarlo: Fidel Herrera
Por huelga de hambre, Guillermo Padrés sólo toma agua y miel: CNDH
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.40
Venta 21.9
€uro
Compra 22.96
Venta 23.46

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad