Thursday 23 de March de 2017

¡Unidad! ¡Unidad!

CARTAS DESDE EL EXILIO

     13 Feb 2012 03:40:00

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El viejo Kranski miraba apesadumbrado el desfile por la unidad. No sabía dónde guardarse las lágrimas que apenas despuntaban en sus ojos. Sentía las crepitaciones melancólicas de un corazón avasallado por los nuevos tiempos. Él, que había luchado férreamente contra el totalitarismo, contra la homologación dictatorial, contra los abusos del poder, contra las embestidas del terror, estaba pasmado frente al triunfo silencioso del absolutismo.
En la nueva era de los conversos casi nadie se atrevía a pensar kantianamente, a pensar por sí mismo, a pensar sin concesiones. El cinismo, la conveniencia y el dinero habían derribado la vida democrática. Los esperpentos habían mutado de la noche a la mañana en líderes indiscutibles e inamovibles del progreso social.
En unos cuantos años, el buró del partido se llenó de arengadores, hippies reciclados y publicistas del terror, desplazando a los militantes que preferían caminar por el complejo sendero de las ideas. Los pragmáticos no se confrontaron con el pensar, sabían que sus mentes agrestes no estaban en condiciones de emprender esa lucha, simplemente lo denostaron, le colgaron la etiqueta de improductivo, como lo había hecho la anterior dictadura de los “molachos”.
Había padecido el rencor afásico de los nuevos aires en carne propia, a pesar de que luchó con todo para conservar su cátedra en la Universidad Central de la República. Filósofo exquisito, hilador paciente de ideas, genio de las inferencias y maestro de la lucidez retórica, Kranski finalmente fue expulsado de las aulas. Estimular el pensamiento autónomo y riguroso era un peligro para el avance del nuevo sistema absolutista. Éste, por el contrario, necesitaba más de cerebros digestivos que de mentes creativas. Requería de un eficaz sistema de clonación de ideas y, también, de un aparto omnisciente de divulgación de máximas y principios trascendentales.
El proceso era violentamente pacífico, pero cuando los aguijones del pensar incomodaban la cansina homologación emergía brutalmente la ira de la burocracia. No estaba dispuesta a permitir que los caprichos libertarios borraran esa sonrisita aquiescente de las caras de los conquistados feligreses.  En la República de la Felicidad Absoluta las diferencias eran intolerables, la imaginación de mundos posibles había sido proscrita y desterrada, pero la obediencia y la lealtad eran premiadas con halagos pomposos y jugosas recompensas.
Ahora el viejo Kranski constataba la derrota del pensamiento, más dolorosa que otras porque se había larvado desde las mismas entrañas de la izquierda. Los gritos de ¡Unidad! ¡Unidad! le taladraban los tímpanos. La lucha por la diversidad, el pensamiento crítico y la democracia había cedido su lugar a una apología de la uniformidad, de la de-formación teratológica.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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