Saturday 21 de January de 2017

Valores a meses sin interés

     20 Nov 2012 04:00:00

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Extraño los tiempos en donde las personas hablábamos a través de los teléfonos que, como dice mi sobrinita, estaban amarrados a la pared.
Nunca supe la marca de los aparatos, de ninguno, aún cuando del teléfono de disco pasamos al de teclas, y después al de tono; sólo sabía que este invento me permitía estar en contacto con las personas que quería escuchar o me permitía resolver y trabajar de manera más eficiente.
Jamás dije "el Ericsson se descompuso". Los teléfonos, cuando valían sólo por su capacidad de comunicarnos y no significaban íconos de poder, no tenían nombres ni apellidos. Hoy nos comunicamos por medio de Blackberries, iphones o Xperias; perdieron su esencia y dejaron de ser sólo teléfonos, lo más importante y caracterísitico. Ahora son  aparatos "inteligentes" y paralelamente los seres humanos nos hemos vuelto menos. ¿Cuántos números de teléfono se sabe?, con dificultad 10, ¿para qué memorizar números o citas cuando el aparato es más inteligente y ejercita su chip más que yo el mío?.
No sólo cedemos el ejercicio de nuestra memoria y responsabilidad al teléfono "inteligente", sino también el ejercicio de la convivencia humana, hoy nos aleja en vez de unirnos. Vivimos pegados a estos, nos angustia que se acabe la batería y perderlo significa exponer nuestra intimidad. Permanecemos "enchufados" olvidando disfrutar a los que están a un lado, en la misma habitación.
Extraño cuando las familias nos reuníamos en torno a la televisión, comprada con mucho esfuerzo, conviviendo. También estas dejaron de ser lo que eran y adquirieron nombre y apellido. Hoy necesitamos una "Sony de plasma" y al rato la "Samsung de LEDs", igual: olvidamos cuál era su esencia. La prendemos para no pensar y, para no estorbarnos, ponemos una en cada habitación. Procuramos programas que nos dejen bien "tarolas", viviendo realidades ajenas, sufriendo vidas imaginarias, y así no tener que enfrentar la propia vida, en la que debemos pagar 25 mil pesos a 12 meses sin intereses por esta nueva puerta de escape con un salario de 6 mil pesos mensuales.
Éramos felices con la ropa que teníamos, nos vestíamos para darnos gusto y cubrirnos. Nuestras prendas y accesorios tampoco tenían nombre y apellido, por lo menos no grotescamente visible. Nunca supe si la ropa de mis amigos era Tommy o Polo: ¿para qué? Nos dábamos valía por lo que podíamos aportar como seres humanos, nunca importó si mi bolsita de quinceañera era Coach o Tous.
Lo triste es que somos estas personas, que crecimos educados bajo valores fundamentales, las mismas que hoy damos a nuestras familias valores de pacotilla, comprando autoestima en forma de marcas, empeñando -más- nuestro salario en incómodas mensualidades, llenando los huecos que no sabemos satisfacer porque ya perdimos la noción de los viejos valores, los que no necesitan nombre ni apellido.

*Ciudadana del mundo AnaLizaZac@hotmail.com
 




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