Monday 23 de January de 2017

Vivir de la caridad

Indigentes cuentan su historia

     11 Nov 2012 03:20:00

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  • El hogar de Ferdinand, tras Walmart. (ANGÉLICA TREJO) El hogar de Ferdinand, tras Walmart. (ANGÉLICA TREJO)
  • El Cuchillas pide caridad en Fresnillo. (CARLOS LEÓN) El Cuchillas pide caridad en Fresnillo. (CARLOS LEÓN)
  • Hay personas con alguna discapacidad que esperan recibir una moneda día día. (Bryan Rostro) Hay personas con alguna discapacidad que esperan recibir una moneda día día. (Bryan Rostro)
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El Centro Histórico de la capital tiene muchos espacios con rostros que quizá los vecinos han visto varias veces, pero desconocen lo que tiene que contar.
Tal es el caso de Martín, quien, desde la 9 de la mañana hasta 6 o 7 de la tarde se coloca con su andadera todos los días en la avenida Hidalgo, un poco más adelante del Portal de Rosales.
El dinero que recibe es una manera de ayudar a costear la educación de sus dos hijos, que cursan secundaria y preparatoria, así como también para su casa, puesto que su esposa trabaja en una paletería y gana 500 pesos a la semana, por lo que considera lo que hace es “una ayudita más”.
Sobre lo que llega a conseguir, Martín comentó que varía de día en día, desde lo suficiente para comprar unas gorditas hasta 100 o 120 pesos.
Y no sólo pedir unos cuantos pesos es una forma de apoyo para sobrevivir, también es la manera en la que se mantienen familias enteras como contó Ángel Sánchez Rodríguez, de 81 años.
Don Ángel no tiene piernas, por lo que utiliza una prótesis y va en silla de ruedas.
Con la ayuda de un amigo que lo lleva y recoge todos los días, se pone a la entrada del Templo del Sagrado Corazón de Jesús de 8 de la mañana a 2 de la tarde y diario reúne 25 o 30 pesos para llevar a su esposa y dos nietos, aunque a veces no alcanza ni para que coman.
Antes de perder sus piernas, resultado de la diabetes, y ponerse a pedir limosna, platicó que trabajó como obrero en la construcción de la Plaza de Toros y para el trayecto Arroyo de la Plata.
“Me gusta mucho cantar, me gustan las canciones y todo”, dijo Claudia Acosta Campos, de 30 años, quien vive en Tierra y Libertad.
Canta desde año y medio para llevar sustento para sus cuatro hijos porque su marido está desempleado.
Ella se mueve en Plaza Bicentenario, cerca de la tienda García, la calle Allende o Independencia para conseguir de 80 a 100 o 120 pesos diarios, pero como siempre varía cada día, se ha visto en la necesidad de duplicar esfuerzos.
Por ello comentó que a veces canta por la noche para sacar para la comida y costear la educación de sus hijos.
Un hombre que pidió el anonimato, discapacitado y también residente de Tierra y Libertad, vive con su esposa y su hijo y suele caminar por el callejón de Correa y la avenida Ramón López Velarde.
Comentó que gana por lo menos 70 u 80 pesos, con por lo mucho 180 pesos.  “Yo pido por necesidad”, expresó.
La soledad, e incluso el abandono, es algo que también se refleja en los testimonios; Martino es de Pánuco y no tiene familia.
Va al centro capitalino cuando puede y usa un sombrero grande y lleva consigo una cubeta y un bastón; visita un mercado ubicado detrás de la Casa de la Cultura y consigue huevos o nopales para vender.
Carmen, de 70 años, se coloca cada dos días a la semana en varios lugares del centro a lo que dijo que “anda navegando porque está duro”, el dinero que consigue es para la comida y transporte porque ella vive con su hija, pero esta no le ayuda: “Yo estoy nomás arrimada en la casa”, expresó.
Originaria de Puebla, Paola, de 34 años, tiene una niña de un año, se coloca en la calle García de la Cadena, a un costado de Plaza Bicentenario o en el puente, y dijo que consigue 50 pesos al día  para la comida y renta de un cuarto de un hotel cercano.
Otro anónimo, de 54 años, va en silla de ruedas por el centro de la ciudad, comentó que vive solo en un apartamento que renta, a pesar de que tiene dos hijos que están en Estados Unidos y de quienes hace siete u ocho años no sabe nada.
Aunque se encuentra solo y discapacitado él afirmó que en cuestión de meses,  cuando su pierna sane, quiere volver a trabajar en la reparación de autos.

La misma situación
Diferente municipio, mismo escenario. Así se podría describir la situación de los limosneros en el centro de Guadalupe.
José Guadalupe recorre el primer cuadro de la ciudad hasta cuando se oculta el sol; va en su silla de ruedas por las calles a la espera de que alguien le dé unas monedas. Consigue 100 o 150 pesos diarios, que le sirven para la renta y comida.
Anda por su cuenta aunque tiene familia, que de vez en cuando lo invitan a quedarse con ellos por lo menos un día y desafortunadamente a quitarle lo que consiga.

Todo cambió
A punto de cumplir medio siglo de vida, Abelardo Díaz Arellano, mejor conocido como El Cuchillas, radica en Fresnillo  y vive de la caridad.
El hombre es originario de Guadalajara, Jalisco, y platicó que siguió a su familia hasta El Mineral en busca de oportunidades económicas, pero debido a un accidente ahora pide limosna.
Antes de ser indigente, trabajó en una tienda de pinturas hace 25 años y aunque  no recuerda el nombre del establecimiento,  “era un buen trabajo, duré por varios años como encargado de la tienda, pero me salí en busca de un mejor trabajo”, explicó.
Según dijo, sufrió un accidente hace 20 años que le restó movilidad a sus piernas, y a consecuencia de ese percance ahora se vale de una silla de ruedas para su traslado.
“Debido a mi condición, llevo más de 10 años solicitando apoyo de la gente, sin ayuda y apoyo del gobierno”, mencionó Díaz Arellano.
Como este caso, hay otras 10 personas indigentes en Fresnillo, de las que cuatro viven en condiciones de extrema pobreza y no tienen un hogar dónde dormir, reconoció Blanca Marina Trejo Vázquez, directora del DIF municipal.
Aunque no reveló nombres, la funcionaria consideró importante la apertura de un centro de rehabilitación para personas que viven en esa condición, incluso aseguró que se pueden rehabilitar con ayuda de médicos especialistas y medicamentos.
Insistió en que el gobierno estatal debe abrir en el estado un centro de atención y rehabilitación para apoyar a las personas que por distintos factores ahora viven de la caridad.
“Con una buena atención psiquiátrica y medicamentos se pueden tratar las enfermedades mentales, si existiera un albergue para indigentes se podían rehabilitar en busca de una vida aparentemente normal”, refirió.
Trejo expuso que en Jalisco y Sinaloa existen centros de atención, “las personas que viven en la calle son canalizadas a estos lugares y reciben una excelente atención”.

Mejor no recordar
A sus 84 años, doña Manuela Hinojosa acostumbra pedir limosna en las calles de Sombrerete.
La mujer dijo que por distintas situaciones le tocó vivir así, recurriendo a la caridad de las personas.
“Estuve en muchas ciudades del país entero, en una de esas visitas me casé y formé una familia muy bonita en su tiempo”, platicó.
Dijo no querer recordar cómo fue que empezó a pedir limosna. “A veces no me siento bien pidiendo dinero o lo que sea, pero yo no tengo otra forma de vida, pero eso que Dios los bendiga”, expresó Manuela Hinojosa.
Una de sus andanzas y después de haber criado a seis hijos y de haber visto por todos ellos “un buen día ellos decidieron no necesitar más de mí y me abandonaron, eso no lo quiero recordar”, confesó la mujer.
Claudia Hernández, trabajadora social del DIF de Sombrerete, admitió que no se tiene un registro de personas en esta situación, aunque tienen ubicados tres casos.
Mencionó que hay personas que no se acercan a la dependencia, pese a que aseguró que se les apoya con despensas e incluso los canalizan a instituciones de salud.
En el centro de Jerez, un adulto mayor con una cobija roja ronda por las calles de Jerez y pide la caridad de las personas.
El hombre, de unos 80 años, no tiene interés de hablar con la gente. Incluso es selectivo para pedir dinero.
En el DIF de Jerez no se tienen registros de casos similares y en Protección Civil se reportó una persona en esta situación, aunque se informó que tenía un lugar dónde dormir.

La historia de Ferdinand
El hogar de Ferdinand está cubierto por un cúmulo de hules empalmados que alcanzan medianamente a cubrir los cartones que fungen de piso y una cama.
El resto de su casa lo forman piedras y botes llenos de arena que cumplen la función de anclar los hules y evitar que el aire se los lleve.
Los restos de carbón a la entrada de la improvisada vivienda hablan de la hoguera que todas las noches mantiene encendida para calentar sus alimentos y generar calor.
Varios botes semillenos de agua rodean su hogar y sobre alambres cuelga un par de suéteres.
Sin embargo, entre todo el desorden, al fondo, se puede apreciar un bello jardín que alegra la vista: nopales, algunos pequeños cactus, margaritas y otras flores silvestres debidamente cuidadas engalanan al humilde hogar.
Aunque su nombre es Fernando Reyes, le gusta que lo llamen Ferdinand y tiene poco más de 70 años.
Lleva siete años viviendo en el parque Arroyo de la Plata, atrás de Walmart y su improvisada choza rompe con el verde paisaje que predomina ahí.
Reyes, con voz débil pero de tono fuerte, cuenta que hace muchos años fue despojado de su hogar, en Loreto. Le quitaron su terrenito y lo dejaron a su suerte “esas bestias”, como él los llama.
Era maestro, “y de los buenos. De chico gané concursos de dibujo, de cantar, hasta de silbidos”, confesó con voz entrecortada.
De su familia sólo recuerda a sus padres: Luz y Fertino Reyes, y al hablar de ellos, una sonrisa ilumina su rostro.
Reyes dijo a Imagen que le gustaría tener una casa, “donde no tenga frío y pueda dormir sin miedo”, ya que explicó, en varias ocasiones, ha sido molestado por pandilleros.
 “Me gustaría tener una casa, pero si me voy, me tengo que llevar todo mi jardín, porque si no, ¿quién va a cuidar mis plantas?”, expresó preocupado.
Para sobrevivir hurga entre los botes de basura buscando qué comer, además de vender botellas de plástico y aluminio.
“Algunas veces viene una señora y me da 15, 20 o hasta 30 pesos y con eso me compro comida”, aseguró Reyes.
A pesar de mostrarse bastante coherente, al final de la plática Ferdinand, con la mirada perdida, asegura ser “un santo” y explica que todo el sufrimiento que está padeciendo es “una prueba”, sin embargo, espera, pronto terminarla.
Con información de Abraham Cabrales, Carlos León, Jesús Hernández, Silvia Vanegas y Melina González

capital@imagenzac.com.mx




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