Friday 20 de January de 2017

Y llegaron para quedarse

Desde hace ocho años los hermanos Alfonso y Tadeo Márquez iluminan las noches de la cantina Las Quince Letras con su música norteña.

     13 Feb 2011 03:40:00

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  • Alfonso, de cabello cano, y su hermano Tadeo tocan todos los días en Las Quince Letras, llueve, truene o relampaguee. Alfonso, de cabello cano, y su hermano Tadeo tocan todos los días en Las Quince Letras, llueve, truene o relampaguee.
  • Ya tienen un disco titulado Las Quince Letras y están pensando en el siguiente. Ya tienen un disco titulado Las Quince Letras y están pensando en el siguiente.
  • Los hermanos han tocado juntos en la conocida cantina por más de 8 años. Los hermanos han tocado juntos en la conocida cantina por más de 8 años.
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Desde hace ocho años, las noches de la cantina Las Quince Letras son del dueto de Los Rurales, conformado por Alfonso y Tadeo Márquez Rodríguez, quienes le dan “duro al talón” con el bajo sexto y el acordeón.
En entrevista, ambos hermanos originarios de Villanueva, compartieron que de lunes a viernes de las 8 de la noche a la 1 de la mañana interpretan éxitos como “Tragos de amargo licor”, “Flor de capomo” y “No hay novedad”.
Para ellos el “talón”, así como le llaman a su trabajo, les ha dado muchas satisfacciones pues han hecho amistad con otras agrupaciones y con clientes, que en ocasiones los contratan para fiestas particulares o para serenatas.
“Hemos casado a muchos novios. De repente nos dicen, ¿se acuerda de aquella serenata que llevamos? pues ya nos casamos”, afirmó Tadeo quien es el segundo de seis hermanos y es el más extrovertido del dueto norteño.
Le han cantado a personajes de la política, a académicos, así como a artistas. Incluso, Alfonso, quien padece migraña desde joven, le ha compuesto corridos a clientes.
Pero también han aprendido de experiencias amargas que los han hecho más fuertes. Por ejemplo, perdieron a sus padres Tadeo Márquez y Ana María Rodríguez hace más de 20 años.
En ocasiones, los clientes les piden que canten “Te vas ángel mío” que habla sobre la muerte y “hay que apechugar el corazón”, dijo Tadeo.
Otra anécdota que los ha llevado a reflexionar sobre el comportamiento del ser humano es que en muy contadas ocasiones, algunas personas no les quieren pagar ya que se vuelven agresivos bajo los efectos del alcohol.
“Lo analizamos y pensamos: bueno, no nos van a pagar hoy pero mañana sí. O mañana o pasado nos llevan a su casa”, relató.
Y la intuición del acordeonista no falla porque al día siguiente, ese cliente les pide perdón y paga lo que dejó pendiente. El costo por canción es de 25 pesos y hay quienes les han pedido que canten una hora donde llegan a cobrar hasta 600 pesos, “no nos gusta castigar a la gente”, afirmó Adolfo.
“Eran otros tiempos”
Las Quince Letras fue reinaugurada en 2003 cuando el actual gobernador de Zacatecas, Miguel Alonso, era presidente municipal y cambió la dinámica de la cantina.
“Eran otros tiempos. Después de la reinauguración cambió todo; dejaron entrar mujeres y fue cuando agarró auge esta cantina”, dijo Alfonso.
Pero no solo cambió la vida en la cantina sino también su proyección en los municipios. Antes acostumbraban a cantar en las ferias, pero ahora el gusto por la música en vivo ha disminuido, la tecnología los ha suplantado.
“Ahora llevan en un aparatito todo, desde música norteña, danzones y boleros En un disco se guardan hasta 200 temas, ya no nos ocupan”, recordó Tadeo con tristeza.
Una de las últimas ocasiones que recorrieron el estado fue hace un año con una obra de teatro del colectivo Hijas de la Luna con Julia Torres y Sarah Ortiz.
Cada semana se presentaban en un municipio. “Veíamos todo bonito. La obra trataba el tema de los migrantes y veíamos que la gente madura lloraba al acordarse de que sus hijos estaban en el otro lado y esa fue la última vez que salimos”, dijo Alfonso.
Por otra parte, comentaron que nunca han faltado a la cantina ya que es lo que más les apasiona en la vida, el día que no cantan es como si no hubieran hecho nada. Ya sea con cansancio, enfermedad, lluvia, nieve o tierra, ellos le cumplen a su gente.
Ambos viven cerca de la colonia Alma Obrera y todos los días es la misma rutina. Se quedan de ver en algún punto intermedio, los recoge un taxi y los lleva a la cantina. Al terminar su jornada se van a dormir a sus casas en espera del siguiente día.

Van por su segundo disco
Los Rurales han encontrado en Las Quince Letras una familia que los ha apoyado; especialmente la familia Llamas, quienes lo han cobijado en la cantina dándoles la exclusiva.
Hace dos años, el dueto grabó su primer disco titulado “Las Quince Letras” en el que se seleccionaron los temas favoritos de la clientela.
Para la realización de este álbum que incluye la interpretación de éxitos de otros grupos así como temas compuestos por Alfonso, consiguieron el patrocinio con la familia Llamas y Juan Enríquez, amigo entrañable de ellos.
Sin embargo, Tadeo expresó que ya es tiempo de pensar en el siguiente disco ya que tienen temas inéditos que han cantado en la cantina y desean conjuntarlos en el siguiente álbum.
El nombre del dueto fue elegido en honor a su padre, Tadeo Márquez. Ambos comentaron que cuando don Tadeo era joven, pertenecía al grupo de los rurales quienes se quedaron luego de la guerra cristera resguardando sus tierras en Villanueva.
Había dos grupos, los agraristas y los rurales, y de ahí fue que seleccionaron el nombre. Al hablar de esto, recordaron que cerca de 1960 se trasladaron a Zacatecas debido a la sequía que había en el campo y se arraigaron en esta ciudad en la que han cosechado triunfos y lo más importante, han hecho familia.
Alfonso tiene sólo una hija que estudia y que es su más grande orgullo, mientras que Tadeo es padre de 15 hijos y se casó dos veces, la primera de sus esposas falleció.

La música los unió
Tadeo y Alfonso llevan ocho años trabajando juntos pero antes ya habían cantado en otras temporadas. Anteriormente cada uno seguía el camino por la música en diferente forma. Alfonso cantaba en los sábados artísticos de una estación de radio y luego trabajó con Rosendo Picazo, con quien llegó a presentarse en Las Quince Letras.
El gusto por la música lo traía desde joven, comenzó tocando la tarola (pequeño tambor) hasta que se quedó con el bajo sexto desde que le llevó una serenata a su mamá hace muchos años.
Tadeo sentía ese cosquilleo por la música cada vez que escuchaba un grupo norteño y trataba de aprender los instrumentos, siendo el acordeón el que lo acompañaría de por vida.
Durante un tiempo trabajó en la carpintería y luego en la música con otro músico llamado Irineo, pero luego la suerte cambió y empezó a presentarse con Alfonso.
El acordeonista lleva cantando más de cuatro décadas al igual que su hermano, y recuerda que “cuando empecé, dije, si yo veo que a la sociedad le caigo, me quedo y si no, me regreso. Desde 1964 a la fecha he cantado, yo creo que sí le caí bien”.




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