Monday 23 de January de 2017

¿Y si no hay toros?

     24 Apr 2012 04:00:00

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Hay muchos intereses políticos y hasta espirituales sensibles y miles de millones de pesos anuales alrededor de las 46 plazas de toros del país. Algunos alegan asuntos culturales, de raíz, históricos, tradicionales y hasta artesanales en el paseillo del ruedo y las consecuencias que habría si se prohíben las corridas. España, de donde importamos los capotes y las muletas, abolió, por legislación, desde el primero de enero de este año estos rituales a los que llaman actos de salvajismo contra los animales. El toro sufre desde que pisa el ruedo, desde que es picado por el par de banderillas, por el regordete picador montado en un pequeño caballo o mula, provisto de una larga lanza, y hasta que el estoque oculto en la muleta le cruza pulmones y cuello.
Es bárbaro el espectáculo. Entre los olés (holas, del árabe) de los aficionados, el grito iracundo, nervioso del torero y el bufar del toro envuelto en litros de sangre derramada, una corrida transcurre como un acto de sacrificio animal. Al menos sus orígenes fueron esos en la vieja Arabia, pero varias centenas de años después se ha posado a mitad del ruedo el empresario de la Plaza de Toros México, Rafael Herrerías, para decir que pasarán sobre su cadáver antes de abolir las corridas de toros en el país. Ahora, protegido por la virgen de La Macarena y el obispo católico Onésimo Cepeda, quien es empresario de novilleros y torero (el prelado constantemente participa en corridas privadas, donde se llena de sangre, mata novillos y becerros) el empresario Herrerías se defenderá con todo ese poder omnipresente, corrupto, característico del México tradicional, para evitar que las corridas se interrumpan.
Hay encuestas que demuestran que una mayoría de mexicanos están en contra de las corridas de toros, varios legisladores federales preparan y han presentado iniciativas para prohibir las corridas de toros para evitar el maltrato animal como causal principal, pero se han frenado de inmediato o no han tenido el impacto en las corrientes políticas que se representan en las cámaras legislativas. Las protestas de miles de personas que se han desnudado en el Ángel de la Independencia y se han puesto banderillas en la espalda, vertiéndose salsa de tomate para falsear sangre, sólo han sido mediáticas, hasta ahora, sin que tengan efectos de acciones, pero el tema ya está aquí.
Rafael Herrerías, quien por generaciones y por dinero, está dispuesto a dar la vida (en un tono muy primitivo de defensa) como dice, antes de que se prohíban las corridas de toros en México es el principal defensor de quienes gustan ver este espectáculo salvaje. El otro, como cabeza visible, es el obispo Onésimo Cepeda, quien ve trastocados sus intereses porque representa a decenas de novilleros y toreros. Hay muchos políticos y empresarios atrás, para evitarlo, pero la tendencia mundial, al menos en España, en Argentina y otros países, es acabar con el coso donde se sacrifican seis toros como un rito primitivo, visceral, lleno de sangre y poder.

* Periodista




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