Sunday 22 de January de 2017

Yo te llamo

ORDENANDO EL CAOS

     24 Jan 2012 04:00:00

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No quiero una tarjeta de crédito. Háganme ustedes el favor de indicarme si el mensaje es correcto, estoy tratando de decir que no quiero una tarjeta de crédito. ¿SÍ me explico? Pues deberán creerme que el hombre del banco de plano me está causando un trauma de IQ porque no he podido dejar clara mi respuesta.
Todavía anoche me llamó y volvió a empezar con su discurso. Le conocí la voz; no soy buena con esas identificaciones pero después de escucharlo por lo menos 42 ocasiones, no puedo dejar de sentir un escozor en todo el cuerpo cuando descuelgo la bocina y ahí está él, como esas caricaturas donde los personajes son ubicuos y aparecen y desaparecen a placer.
Le he dicho ya la forma lamentable como manejo mis ingresos: soy una desordenada incorregible. Cuando anoto los planes de gasto, al día siguiente el papelito ya lo use par encender el bóiler o, si era una servilleta, la apliqué en otros asuntos más escatológicos. Le conté, además, la dificultad que me implica entender los cobros de anualidades, calcular los intereses devengados y, para que decir más, lo imposible que me resulta recordar la fecha de corte.
Algunas veces suena conmovido. Hace su voz con inflexiones de compasión y parece dispuesto a explicarme, del modo más sencillo, el funcionamiento de una tarjeta de crédito y empieza a hablarme como un chico a su abuelita medio sorda. “Síií, señora, usted puede pagar en cualquier parte del mundo y disponer de efectivo; noooo, no tendrá que pagar ninguna comisión, nada más recuerde la fecha de corte”. De cualquier forma mi respuesta sigue siendo no.
Pero, créanmelo, me da un poco de pena no contestar sus llamadas. Ya conozco el número en el identificador y, a veces, marca de uno privado y entonces mi hijo, conmovido también, me dice: “te habla No Disponible ¿no le vas a contestar?”.
Cuando me irrita un poco es los domingos a las siete de la mañana. Suena el teléfono y yo salto de la cama pensando que alguna urgencia familiar me requiere. Cuando escucho nuevamente su voz saltarina dándome un saludo cariñoso, opto por la respuesta 31: “¿Acaso no te das cuenta que es domingo y son las siete de la mañana?”. A veces se molesta, sobre todo si cuelgo el aparato, y enseguida vuelve a marcar hasta que me asfixia con su insistencia.
¿Alguno de ustedes lo conoce? ¿Me haría el favor de explicarle que no quiero una tarjeta de crédito? Es un jovencito de voz más aguda que grave que tiene una tosecita para aclararse la garganta. Y es terco como él solo: ya le pedí su teléfono particular para llamarlo en la madrugada, la fecha de nacimiento de su mamá y el acta de bautismo de ella misma para asegurarme de que tuviera abuela. Todo ha sido todo en vano. ¿Quién me hecha una manita?

dreyesvaldes@hotmail.com




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