Monday 16 de January de 2017

Zacatecas

     11 Feb 2011 04:00:00

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Hasta hace algunos años Zacatecas era considerada una de las ciudades más seguras del país. Se podían recorrer sus callejones, con tranquilidad, a altas horas de la noche.
Hoy la situación ha cambiado, como ha cambiado también en casi todas las regiones del país. Los sucesos de la semana pasada han generado zozobra en la población y las calles se muestran desoladas a partir de que el cielo empieza a oscurecer.
Pero Zacatecas no es Ciudad Juárez ni Reynosa ni Monterrey, donde las balaceras y los narcobloqueos están a la orden del día y las autoridades se muestran rebasadas por la delincuencia organizada. Si se dejan de lado las perspectivas fatalistas que llevarían a suponer que los brotes de violencia acaecidos son el inicio de un proceso irreversible, podrían generarse propuestas concretas para evitar que la situación empeore.
Ciertamente los distintos órdenes de gobierno tienen la enorme responsabilidad de enfrentar el problema con decisión y de forma coordinada, pero es indispensable que la ciudadanía tome conciencia del importante papel que ella juega en este trance.
Pongamos el caso de Monterrey. Cuando surgieron los primeros enfrentamientos, la gente tomó los hechos con distancia y cierta indiferencia. Eran, se decía, conflictos entre bandas rivales que en nada o en casi nada dañaban a la población. Si los malos decidían aniquilarse entre sí para ganar la plaza, allá ellos y sus muertos.
Poco a poco, aquellos combates ajenos se convirtieron en propios cuando se elevó el número de heridos y de personas que perdieron la vida por encontrarse en medio del fuego cruzado. Eso pasó un día y otro también, lo excepcional se volvió rutina y la sensación de impotencia se generalizó.  
Zacatecas puede aprender de ese tipo de experiencias sin vivirlas en carne propia, mas para ello es fundamental que la población se organice, no sólo para exigir al gobierno que cumpla su parte sino también para cumplir la que a ella le corresponde.
A nivel colectivo, es conveniente activar reuniones vecinales para la solución de problemas comunes y fomentar la denuncia anónima. En el ámbito familiar, resulta indispensable que los padres dialoguen con sus hijos sobre las funestas consecuencias que trae consigo el dinero fácil. A nivel social, es urgente erradicar la violencia intrafamiliar, caldo de cultivo de futuros delincuentes.
En términos generales, hay que dejar de cifrar el éxito sólo en términos económicos y de pensar que las leyes se hicieron para los otros y no para sí. Participar en un acto de corrupción o tolerarlo es el inicio del deterioro social. Para problemas tan complejos, nunca hay soluciones fáciles. De nosotros depende no dejar correr las cosas.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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