Thursday 19 de January de 2017

Zacatecas: ¿Festival Cultural de la Polilla?

     17 Apr 2013 04:00:00

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Una vez más, don Runrún nos dio la pauta para la columna semanal, y es que en una de sus cotidianas referencias, adjudicó a un alto funcionario del gobierno estatal la puntada de llamar así, al Festival Cultural por abundar en su programa veteranos.
Al margen de los artistas y las exposiciones, el festival dejó la ciudad antigua plagada de basura, la aseveración del “Festival de la Polilla” nos da pretexto para escribir éstas líneas con otra perspectiva.
En el lenguaje ordinario o coloquial, polilla es similar a lo viejo y existe un dicho que reza: “a mover la polilla” y que se adjudica a los viejos que se animan a bailar.
En realidad está mal aplicado el sentido de la palabra “polilla”, porque la polilla destructiva es una plaga tan tenaz, que no se puede entender como algo en proceso de deterioro, el dicho tendría que decir: a mover nuestra figura de madera apolillada…
Al hablar de polilla de inmediato pensamos en madera añosa, que suele estar aquejada de la invasión de esa plaga, que la carcome por dentro hasta debilitarla al nivel del desmoronamiento.
Lamentablemente, el pasado festival, como las últimas ediciones, fue una muestra de abusos de los propietarios de hoteles y de establecimientos comerciales, como los de ciertas marcas de cerveza que pusieron sombrillas y templetes por doquier afuera y arriba de sus fincas y con ello muchos otros imitaron el asunto bajo el esquema: si el de enfrente lo hace, ¿por qué yo no?
Bajo ese miserable lema, se ha carcomido la ciudad histórica, al dejar la Junta de Monumentos de tener la fuerza para contener y domesticar a las bestias gubernamentales y hoteleras, y del turismo en general.
Día a día se rasgan los edificios, sus muros exteriores y especialmente los interiores, la polilla humanoide cual plaga, ataca a la ciudad desde abajo hacia arriba, de adentro para afuera y viceversa, así fue como un sábado de manera inesperada trascabos de la empresa que restauraba los exteriores de la Catedral y el interior de Santo Domingo (dicen…. no tengo la certeza, pero da igual quien haya sido) demolieron por dentro la casona ubicada frente al templo de Santo Domingo y se perdió la cabeza del indio, esa cabeza de cantera rojiza, que durante tantas décadas estuvo ahí vigilando al Santo de la hornacina del templo que no es Santo Domingo sino San Ignacio de Loyola (fundador de los jesuitas).
El festival pudo ser en mayoría artistas de la tercera edad, si se lo ve de esa manera vino a dar un mensaje de fondo a la juventud, que en masivo se agolpaba en las plazas encaramada en las tarimas y las gradas para colmar los eventos, el mensaje es que la edad es sólo el registro de juventud acumulada.
En esta tierra se valora el arte y sobretodo el que ha logrado perdurar en el tiempo, a pesar de la volubilidad de las modas y las tendencias que imponen cada día nuevas referencias artísticas.
Tristemente, el Festival Cultural que organiza el Gobierno del Estado es un escaparate que exalta lo peor de nuestra realidad, de la gente y de los gobernantes, la violencia (balaceras y hallazgos macabros de cadáveres) no cesó, ni parece que amainará su registro galopante.
En las casas de antes, se ponían trocitos de naftalina para evitar que la polilla picara la ropa que se guardaba por temporadas largas. La pobre urbe rosada necesitaría toneladas de naftalina para disecar a los criminales de los monumentos que la arruinan.

*Twitter: @f_javier _acuna




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