Thursday 23 de March de 2017

Zacatecas, urbe hechizada (manzana envenenada)

     13 Feb 2013 04:00:00

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Zacatecas es una urbe hechizada, fue una hermosa princesa atrapada por el maleficio de una bruja que la condenó a quedarse dormida, pero no intacta en su belleza, sino sumergida en una pesadilla de metamorfosis, que la vuelve cada vez más fea como si le brotaran verrugas y jorobas, llagas abiertas, lepra que le carcome la nariz y las orejas.
Zacatecas, está cautiva en un sueño de descomposición que la va afeando, hasta convertirla en una monstruosidad. No le falta mucho, créanlo de verdad.
Algunos sospechamos que la noble y leal ciudad rosada, está casi muerta o camino de morir, porque al parecer, no hay remedio contra el maleficio, que le hizo la bruja que le dio a morder la manzana envenenada.
Esa bruja que se fue de donde vino, al término de su "mandato", ese miserable período de hambre y violencia desatada que no cesa.
Pobre Zacatecas, tal parece que para su mal no hay remedio, como sí -en cambio- lo hubo para la Bella Durmiente y para Blanca Nieves (las de los cuentos de hadas), para ambas hubo un príncipe que las fue a rescatar del trance y que las retornó a la vida y luego a la felicidad.
Al parecer para Zacatecas no existe el príncipe que quiera besarla para que se incorpore y se alivie del horrendo mal que la ha desfigurado de tal manera, que cada vez es más tosca y amorfa, se le han ido achatando los perfiles de las cresterías de sus formas talladas en cantera rosa; las fachadas se han plagado de letreros metálicos y luminosos, de las tiendas salen de día las mercancías colgadas en las puertas y en los muros externos como vómitos.
A la desdichada Zacatecas le han brotado tubos y postes y arriba de cada techo se añaden tejabanes y terrazas con toldos. En los hoteles aparecen chipotes constructivos rematados por cubos para los elevadores y tinacos y nuevas antenas.
De noche, la pobre ciudad parece la niña de la película de El Exorcista, que se retuerce entre las ráfagas de las luces y los rayos de láser verdes y morados que salen disparados de las vidrieras modernas (como la del Salón de Fiestas del Baruk) y de las que aún quedan de las fincas viejas, en las que han instalado antros, salen quejidos ruidosos que hacen retumbar los muros añosos.
A Zacatecas le han puesto bolardos (excrementos de cemento burdo) para tapar el acceso vehicular a sus plazas y jardines, estructuras que lastiman sus calles y contornos del paisaje de sus embaldosados y banquetas, robándole el encanto.
Y como lo dijo el Run Run (ahora que pasen las elecciones), a la Alameda la van a transformar, le aplicarán el proyecto que el mustio secretario de Obras Públicas sacará de la manga y que ha dicho no existe, para ejecutarlo de la noche a la mañana a la manera en que lo hizo en Guadalupe el habilísimo alcalde con el Jardín Juárez.
Al tiempo, los ingenuos que creen que esa sandez de transformar la Alameda ya se frenó, se equivocan profundamente.
El príncipe pudo ser el que prometió hace dos años, vendría a hacer un nuevo gobierno, más no le importa salvar a la doncella enferma con forma de ciudad.
Pobre Zacatecas, se morirá de la pena de saberse espantosa y sin el deseo del gobernador que podría obligar a los alcaldes y empresarios a rescatarla, hasta devolverle el esplendor que perdió.
Cómo quisiéramos que Zacatecas tuviera remedio, que viniera un mago bueno y le revirtiera el efecto del maleficio, al grado de regresar el tiempo. Pero eso no puede ser, eso sólo ocurre en los cuentos.

*Twitter: @f_javier_acuna




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