Thursday 19 de January de 2017

Zacatecas. Viejas leyendas urbanas

     14 Mar 2012 04:00:00

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Nos referimos a relatos que rodean hechos de interés general como el nuevo altar mayor de Catedral, colocado ahí por decreto de la exgobernadora Amalia García, mediando un concurso que alborotó a los artistas locales que se inscribieron y que finalmente se encomendó al reconocido pintor y escultor foráneo Javier Marín, sin que se sepa bien a bien a qué costo, pero con cargo del erario público. El asunto se añade a otras viejas leyendas en torno a la Catedral que ha sufrido vejaciones y destrozos, ultrajes y robos inexplicados.

La polémica decisión del nuevo altar mayor a cargo del secretario de Turismo, Rafael Flores, dejó sin efectos la alternativa que siempre hubo al respecto: la recolocación del ciprés de mármol que el templo tuvo hace más de 50 años, una esbelta escultura que perdió uso litúrgico y que fue retirada cuando cambiaron la duela para poner el frío mármol negro (estilo hotel gringo), el ciprés desmontado que estuvo guardado (y lo sigue estando) durante décadas en bodega, al menos en la del Museo Pedro Coronel.
Durante el sexenio de Don Guadalupe Cervantes Corona se llegó a contemplar rearmar la figura de mármol estilo neoclásico pero el proyecto se abandonó porque la jerarquía católica se opuso por razones de liturgia, y al parecer el costo de hacerlo también sería elevado, desconocemos cuanto, dudamos que haya sido más que el polémico altar nuevo. Total, la leyenda urbana reciente arranca con la elección del artista que hizo el retablo neobarroco  y se nutre del misterio del destino de los 5 kilos de oro macizo que los mineros de Peñasquito de Mazapil donaron para tal obra, dudas que naturalmente convendría despejar. Si el metal precioso se usó como las joyas de la reina Isabel la católica para costear la aventura marinera del joven Cristóbal Colon hacia las indias o si se utilizó mediante las técnicas de laminado de oro en hoja para aplicación en el retablo dorado colocado bajo el ábside de la cúpula principal. Por eso hemos preguntado a la Junta de Monumentos qué registro siguió de esa intervención porque también debieron participar en tales autorizaciones el INAH y la UNESCO.
La catedral está plagada de leyendas y una de esas viejas leyendas urbanas fue el injusto y falaz descrédito que los malquerientes de Don Federico Sescosse le aplicaron al señalar que, así como la Colección Martens de Arte Huichol (hoy dignamente expuesta en el Museo Zacatecano) se había llevado el enorme ciprés marmóreo a su casa… Una verdadera calumnia que naturalmente perdió sustento cuando con el tiempo se supo que ambas colecciones de piezas (la Martens) y la que forman las piezas del ciprés se encontraban debidamente catalogadas y guardadas en lugares públicos y seguros.
El rumor de la supuesta “desaparción” de los dechados de arte huichol adquiridos por el Gobierno del Estado cuando era gobernador el General Pánfilo Natera (a insistencia del entonces joven Federico Sescosse, quien lo aconsejó que se donaran a la UAZ) se originó tras la confusión generada  una vez que el Teatro Calderón cayó en posesión de los comunistas a finales de la década de los años 70 y principio de los 80, los integrantes de ese movimiento que sostenía válidas reclamaciones democratizadoras en cambio,  como suele suceder, la inflamación contestataria llevo a esos activistas a confundir las ideas con los objetos históricos.
Así las cosas, convirtieron el teatro y sus pertenencias en un batidero, en un excusado colectivo. Se cargaron las cortinas y las butacas, los candiles y los muebles de madera tallada estuvieron expuestos al vilipendio de las asambleas y el uso de guarida o aposento prolongado de esos enardecidos revolucionarios que encabezados por la “camarada” Amalia Dolores y su pareja el señor Corichi lanzaban por las calles consignas que aún recordamos: “Al gobierno hay que joder…”  “Este puño si se ve…" "Pámanes y  Echeverría son la misma porquería…”  gritos, marchas y plantones que concluyeron con cierres de fábricas (Acapulco Fashion), tomas de edificios, y en pintas con leyendas similares y manifiestos encendidos que hicieron que la bella Zacatecas  perdiera además la gama de los tonos pasteles de sus muros externos de las fincas céntricas, se tuvieron que pintar de blanco para poder estar repintando con mayor facilidad  las memorables citas y reclamos de los combatientes de esas jornadas de lucha ideológica por un marxismo voluble, hoy casi todos ellos son favoritos de las tesis de Adam Smith. O al menos viven al amparo del modelo burgués que tanto repudiaban, políticos tornadizos al fin.  
Las leyendas urbanas son testimonios sueltos de acciones discutibles o apreciables que se atribuyen a personajes locales ya extintos como a otros que aun pueden corregirlos o negarlos, lógicamente son historias cortas que incriminan a veces con acierto otras con imprecisiones cuestiones que, sin embargo deben ser conocidas porque se refieren a los bienes que integran el patrimonio cultural de la humanidad sito en Zacatecas.

fjacuqa@hotmail.com
Twitter: @f_javier_acuna




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