Thursday 08 de December de 2016

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Juan Carlos Ramos León      24 Aug 2014 21:00:06

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Las matemáticas son ciencias exactas. Las ciencias de la naturaleza también lo son. Hasta dicen que “la naturaleza no se equivoca”.

Cuando fue creada nuestra especie ésta fue dotada de dos géneros: masculino y femenino. Hombre y mujer fuimos creados y fuimos dotados de una serie de características físicas y psicológicas que delinea con increíble precisión el perfil de cada género para distinguirlo claramente del otro. Pero lo más maravilloso es que estas características resultaron ser, además, perfectamente complementarias. Es decir, que el hombre y la mujer fueron creados diferentes para complementarse. ¿Con qué fines? Preservación de la especie, evolución, progreso social y trascendencia.

La complementariedad del hombre y la mujer es tal que su unión física, además de ser placentera, ¡es fecunda! Es decir, genera más vida. Un ser humano independiente, con inteligencia y voluntad propias, es el resultado de la unión sexual de un hombre y una mujer. ¡Nadie puede contradecir eso!

Ciertamente existen enfermedades y otras condiciones -también naturales- como la infertilidad, por ejemplo, que harían pensar que estos principios se contradicen, pero no es así. La naturaleza también va estableciendo su propio balance y basta decir, que si bien hay muchas parejas que no pueden concebir un hijo también hay muchos bebés que han nacido -o van a nacer- sin un hogar que los acoja.

Soy, entonces, un promotor del respeto a la dignidad de la persona: hombre y mujer. Manifiesto mi apoyo y respeto a los homosexuales, pero estoy a favor de la heterosexualidad y ciertamente, en contra del homosexualismo.

Me explico.

Una persona con tendencias sexuales hacia personas de su mismo género no deja de ser una persona. Y tiene, en tanto, la misma dignidad que cualquier otra. Es libre e independiente y sus decisiones, como las de cualquier otro, merecen respeto. Dios la ama al igual que lo hace con cada uno de los hijos de su creación, y nadie, por tanto, se puede conferir la facultad de dispensarle tratamiento distinto.

Estoy a favor de la heterosexualidad por las razones que ya he manifestado. Hombre y mujer han sido dotados de condiciones increíblemente complementarias.

Estoy en contra del homosexualismo, entendido como la promoción social abierta y sin escrúpulos de una conducta homosexual libertina. No estoy en contra del homosexual; estoy en contra de que se promueva de forma escandalosa su conducta como si se tratara de la única forma aceptable de vivir. No puedo admitir que salgan a las calles en una marcha cargada de obscenidades para que nuestros niños se sienten en las banquetas comiendo palomitas a disfrutarla como si se tratara del desfile del inicio de la primavera y luego tengas que responder a su amplio repertorio de “por qués”.

Debe de respetarse al individuo homosexual como al heterosexual. O ¿ahora resulta que somos los heterosexuales los que debemos considerarnos víctimas de discriminación?




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