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El arte vuelto un Oxxo
Excélsior
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07 de Febrero del 2017 18:03 hrs
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Liga Corta




Excelsior /
CIUDAD DE MÉXICO.- Gabriel Orózco (Xalapa, 1962) hizo de la galería Kurimanzutto una tienda de conveniencia, un OXXO. Y como en cualquier otro, los tres mil productos en exhibición están a la venta. La diferencia es que hay 300 intervenidos con un “no logo” (que replica la imagen de su serie Árbol de Samurai) diseñado por el artista, y estos se rigen por el sistema del mercado del arte, no por el comercial. Los costos de los refrescos, botanas, dulces, cigarros o botellas de tequila que llevan la marca de Orózco oscilan entre seis mil y 15 mil dólares, según sea la demanda.

El OXXO es el nuevo proyecto del artista que vive en Tokio desde hace dos años. Se trata de una réplica exacta del establecimiento que hace, explica Orózco, un comentario crítico sobre el capitalismo en el país; en particular la expansión de estas tiendas en la Ciudad de México que han afectado el comercio local y alterado el paisaje urbano. La instalación propone una reflexión sobre esta industria al tiempo que una lectura sobre el posicionamiento de los artistas en el mercado del arte.

Los “no logos” son círculos en tonos rojos y azules, elemento gráfico que identifica la obra de quien ha ocupado los museos Guggenheim de Nueva York, el Centro Pompidou de París y la Tate Modern de Londres. Están impresos en etiquetas pegadas a los productos que también llevan un holograma como firma de autor.

Mientras en la trastienda del OXXO, el artista – que cotiza sus obras en subastas arriba de los 200 mil dólares como Tronco Verde (2007)- también tiene a la venta los empaques de los mismos productos intervenidos por él. Entonces el espectador puede adquirir un producto con contenido o elegir la envoltura. En ambos casos lo que compra es la marca de Orózco, aunque él rechaza ser una firma.


Yo no me considero una marca porque al final mi nombre o mi prestigio ha sido más un resultado de una investigación y cada paso que doy ha generado preguntas, pero no es que yo produzca lo mismo siempre. No puedo considerarme un productor en el sentido estricto de la palabra, porque no produzco lo mismo siempre”.

Pero reconoce que los artistas cuando adquieren cierto nombre y firma se convierten en una marca: “Picasso es el primero cuya firma empezó a salir en camisetas casi como un logo”, responde quien se caracteriza por usar productos cotidianos e incluso desechos como materia prima.

La crítica de Orózco al sistema capitalista va en el sentido de la invasión en el comercio local. Cuestiona la manera en que los íconos de los productos se insertan en la memoria colectiva e incluso en nuestra identidad, y así afecta la compra-venta del pequeño productor. Entonces alterar las etiquetas de cada producto con una imagen nueva permite leerla desde otra perspectiva. Ocultar la marca para entenderla, y así pensar incluso en términos nutricionales, económicos y sociales. 

Es plantear preguntas sobre el intercambio de signos, sobre nuestra memoria, el posible futuro. Es una manera de preguntarme hacia dónde nos dirigimos en relación a los mercados que se están desarrollando en todos los niveles, cómo estamos reorientando el arte de nuestro país, la producción, la memoria de los iconos en la vida cotidiana”, insiste. El autor del Mural Sol rechaza que sea una posición activista, al contrario afirma no tener una postura más que poner sobre la mesa cuestionamientos.

Entonces el OXXO de Orózco es también un símil del mercado del arte. Un sistema en el que se compite por el mejor espacio de proyección. Un modelo donde el artista con mejor posicionamiento ocupa el mayor stand -galerías, museos, exhibiciones- versus los creadores emergentes que tienen un espacio menor. Para el artista, quien en 2014 sumó en obra subastada un millón 366 mil 540 dólares, la instalación en Kurimanzutto es una ironía, una broma de este mercado.

Si todos los 300 productos de Orózco se venden durante el tiempo de la exhibición, intervendrá otro lote para continuar el proceso de compra-venta, y si hay más demanda podría alterar los tres mil productos de la tienda.