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La Constitución (II)
Sergio Martín Moreno
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28 de Febrero del 2017 18:40 hrs
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Las aspiraciones que nuestra Constitución establece como guía y reflejo de la sociedad tienen como origen el movimiento reivindicador de la Revolución Mexicana contra la opresión de la clase adinerada, los extranjeros y el clero. No obstante, el pensamiento de los constituyentes no pudo escapar de sesgos propios de su época y, si bien avanzado para su época, no lo era tanto para anticipar las décadas por venir. 
La Constitución refleja las aspiraciones que el momento revolucionario propugnaba, no siendo necesariamente lo correcto en materia religiosa o económica, por poner dos ejemplos.  En el caso religioso estaríamos de acuerdo en el carácter laico que la Constitución establece, cada quien debe poder profesar la religión que considere conveniente o no profesar alguna. El problema fue el sesgo anticlerical que, entre otras cosas, provocó la Guerra Cristera y posteriormente la simulación al enfrentar la inaplicabilidad de la ley a las violaciones sobre la práctica del culto católico en un país tan devoto como México.
En la parte económica, la Constitución de 1917 propone lo que constituye un sesgo de estatismo económico o de economía mixta, propio de los tiempos cuando el socialismo parecía sugerir una alternativa al capitalismo. Este modelo de dirigismo estatal predominó  por  setenta años y si bien rindió crecimiento económico, lo hizo con base a crisis sexenales de origen esencialmente doméstico. 
La crisis económica de 1982 fue el momento de romper con este ciclo de crisis sexenales y modificar el rumbo económico. Es esencialmente esta reforma estructural económica la que ha generado el 77% de las modificaciones a la Constitución, en particular en la presente administración. En otras palabras, la Constitución se ha ido poniendo al día con las necesidades del país de crecer, ofrecer empleo y dar bienestar a su población, dentro de un marco de mayor libertad económica.