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Andanzas
Tarde de toros
Ricardo González
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06 de Abril del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Silverio, cuando toreas no cambio por un trono mi barrera de sol, entonaba la mal lucida banda municipal queriendo quedar bien con don Remigio, con el doctor Aguayo y con los demás politiquillos del pueblo, quesque Silverio fue presidente municipal además de torero.
La plaza de toros ya lucía bastante vieja, pero era una de las más grandes de la zona, construida sobre la base de un arroyo, a pico y pala con piedra y concreto, la llamaron Úrsulo García, que por aquel entonces cuando la inauguraron era el gobernador, -aunque ni los peló-.
Las fiesta brava es una combinación entre lo que pasa en el interior del redondel y lo que ocurre en el graderío, el lugar que ocupan los asistentes lo determina su riqueza o valor en la sociedad, así es como el presidente municipal y el señor cura junto el doctor y don Remigio eran los que ocupaban los lugares centrales.
Del lado de sol desde hace muchos años se reúne una retahíla de jóvenes los cuales son conocidos como “los pintados”, a veces sirven para expresar lo que todos los demás asistentes piensan pero por temor del qué dirán lo callan, otras cuando los toreros no dan el ancho se roban la fiesta y la corrida parece hecha para ellos.
Los políticos en turno son sus primeros clientes, al corearle porras a cambio de bebidas alcohólicas, pobre de aquel que no envíe su cuota, le lloverán unos frescos recordatorios del día de las Madres.
El nombre surgió porque en algún momento del pasado uno de ellos llevó pintura en polvo, la revolvió con cerveza y la lanzó a sus compañeros, la mayoría de las veces no se ogra distinguir un color, la mezcla final resulta en unos tonos de verde y gris.
Las reinas del pueblo siempre se sientan hasta enfrente, alguno de los toreros les pone a manera de distingo su capote de paseo, ellas en cambio portan un gran ramo de claveles para otorgárselos a los diestros al hacer una buena faena.
Primer tercio, segundo, tercero, los gritos van subiendo de tono junto con el grado de borrachera de cada uno de los asistentes, primero a los picadores por malos, después a algún banderillero que casi lo alcanza el toro, después a ese típico vecino gritón que ya tiene enfadado al público y en colectivo desde sol un estruendoso grito ¡ya cállate cabrón!
Se puede ver el paso del tiempo en el ruedo primero los toreros, desaparecen los Capetillo y aparecen los Sánchez, Rocarey y demás. Segundo las bebidas de los mandamases pasaron del brandy al tequila y al whisky, el pueblo sigue tomando cerveza.