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Cosas de Jerez
Si lograran multar a todos los borrachos, seguro pagábamos la deuda externa
Javier Torres Valdez
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11 de Abril del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




La Feria de Primavera, celebrada al estilo de hace 50 años, solo viene a ser, un agradable recuerdo. La gente podría disfrutar del jardín y los espacios abiertos de la alameda y el jardín Hidalgo.


Las cerveceras, que a saber eran cuatro, de manera organizada montaban tapancos en torno al jardín principal; la Corona se instalaba en el lado poniente de este espacio público; la Dos XX en el lado sur; la Cruz Blanca, en el lado oriente y la Carta Blanca del lado norte. Debo aclarar que la Carta Blanca y la Tecate no se habían fusionado todavía por aquellas fechas.


En los cuatro tapancos había mariachi y variedad, integrada por cantadoras de Guadalajara y de la capital del país y en sus instalaciones se vendía también comida o cenas, platillos típicos, como tacos dorados, enchiladas verdes o rojas y hasta pozole. 


Esos escenarios eran preferidos por las familias y como algunas de las cantantes o cantadoras, ya se habían presentado en años anteriores, puede decirse que cada una  tenía su público.


La cerveza Corona era vendida por don Felipe Félix, hombre muy popular, debido a su carácter bonachón; La Cruz Blanca era vendida por Don Pablito Machaca, a quien toda las personas que lo conocían le hablaban en diminutivo; la Carta Blanca era administrada por Rodolfo Acevedo  y de la Dos XX, no recuerdo.


Los galanes del pueblo, buscaban la compañía de las damas que cantaban en los tapancos y ponían en juego todo su ingenio para obtener sus favores y claro está que aparte de una buena actuación, los paisanos tenían que ser espléndidos con sus billetes.


Pero sucedió que un día en vez de tapancos de madera, se les ocurrió armar corralones de la mina,  en donde los que estaban dentro no veían nada de lo que afuera sucedía y los que estaban fuera, tampoco conocían lo que adentro pasaba.


Un individuo de Fresnillo, conocido como  El Calicacho o El Kalilin, reclutó en El Mineral, Zacatecas y Guadalupe, a todas las mujeres de la vida galante que aceptaron venir a ganar billetes y fue  ahí donde por tres años consecutivos, se pudieron de moda LAS RIFAS DE MUJERES, quien ganaba una de tales rifas, podía disponer de su premio por hora y media, en la advertencia que si no la regresaba a tiempo tendría que pagar dinero extra.


Era costumbre que el Sábado de Gloria, no se abriera el jardín hasta la llegada del Gobernador del Estado, quien era el encargado de abrir una de las puertas y así se iniciaba la feria.


Eso sí, nada de borrachos en el interior, el jardín era cuidado por la policía, para que no introdujeren bebidas alcohólicas y si alguien se aferraba a infringir esta medida, invariablemente iba a parar a la cárcel municipal, que se encontraba dentro de la misma presidencia, en lo que es todo el actual patio.


Los billetes choreaban al cajón del encargado de cobrar las multas y solo extendía recibo a quien se lo pedía y cuando alguien preguntaba a cuanto ascendía la multa, la respuesta era: ¿Con recibo o sin recibo?...
Como debe observarse, esa frase ya se conocía hace 50 años.