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Muy noble y leal ciudad: artes y letras del Zacatecas virreinal
Túmulo al fénix de los mineros ricos
Salvador Lira
~
01 de Mayo del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / José de la Borda, minero hispanofrancés dueño de vetas en Zacatecas y Taxco

José de la Borda fue quizá el minero más sobresaliente de la Nueva España del siglo XVIII. Nacido en Francia en 1699, se le conoce por sus posesiones en mineras en Zacatecas y en Taxco, Guerrero. El templo de Santa Prisca de Taxco fue patrocinado por él, gracias a las enormes vetas de plata que descubrió y explotó.

A su muerte, el 30 de mayo de 1778 en la villa de Cuernavaca, los habitantes de Taxco realizaron novenarios y misas. Se resolvió que el 26 de agosto se terminara una pira funeraria, con ello el solemnizar exequias nobles. El encargado de la pira fue Francisco Miguel Domínguez. Las exequias fueron el 2 y 3 de septiembre.

La descripción de las honras fue impresa en El Fenix de los mineros ricos de la America, por el Dr. José Antonio Ximenez y Frías, cura de la iglesia de Santa Prisca. Fue patrocinado por Antonio de Villanueva e impresa en la casa de Felipe de Zúñiga y Ontiveros en 1779. El documento consta de pareceres, relación de la muerte y exequias de José de la Borda, descripción del túmulo y la oración fúnebre.

Se eligió el símbolo del Fénix, por la fama e inmortalidad del ave. Esta fue la alegoría en el renombre del minero hispanofrancés:

Por esto, encargado de hacer su elogio fúnebre, me pareció valerme de esta metáfora, o símil del Fénix, para hacerlo ver un hombre distinguido, singular, y raro entre los Mineros ricos de esta América.

El túmulo tuvo cuatro cuerpos. Del más alto, sobresalía una pirámide, sobre el que se dejaba ver un Ave Fénix abrasándose en su hoguera. El artefacto fúnebre tuvo doce arbotantes y doce hachas prendidas, según la Real Pragmática de Carlos II.

Los emblemas tenían una doble función, la historia mítica del Fénix en conexión con pasajes de la vida de José de la Borda. Por ejemplo, el primer emblema del segundo nivel. Se trató de un Fénix cuya hoguera encendía al Sol, por otro lado al hispanofrancés encendiendo la caridad en un triángulo de fuego. De poema:

No de la Arabia la cerviz erguida

Quiera de aplauso en alas levantarse;

No del Tracio las voces usurparse

Pasa ser en el Mundo conocida.

No cual única, y rara sea tenida

Por no poder con otra compararse

Su Ave, que FENIX mereció llamarse,

Y Ave del Sol, de quien recibe vida.

Pues de Sol más activo, y más flamante,

Vida inmortal recibe, aunque extranjero,

En la América una Ave más radiante:

Un Rico, digo, raro, un gran Minero,

Por quien es justo que se diga, y cante,

Que ha tenido ya el FÉNIX compañero.

La clave, entre el Fénix y José de la Borda, encender al Sol con la caridad.