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Cartas desde el exilio
Entre el dinero y el poder
Miguel G. Ochoa Santos
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08 de Mayo del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Nuestro sistema político subdesarrollado se decantó por uno de los aspectos más execrables de la modernidad: la adicción al dinero y el poder. Acaso por este lamentable sesgo, los ciudadanos cultivaron un sano escepticismo hacia la casta política, ya que son pocas las acciones administrativas que han buscado crear entornos adecuados para el bienestar integral de los habitantes.
La corrupción, los bajos salarios y la inseguridad persisten, a pesar de los cantos  de la clase política, cuyas estrofas tienden a ensalzar los abstractos rendimientos de una macroeconomía sana. Pero los terrenales diariamente nos percatamos de que los sistemas de salud y educación se han deteriorado escandalosamente, al tiempo que las políticas para paliar el desastre urbano brillan por su ausencia, quizá porque la burocracia está más ocupada en diseñar modelos financieros para extraer fondos hacendarios con propósitos electorales y personales.
Mientras tanto las ciudades del país se estropean aceleradamente. El transporte urbano es una calamidad y nada puede hacerse para modernizarlo, porque el entramado político empresarial es profuso y resistente a cualquier tipo de medida “técnica”. Son los ciudadanos quienes se chutan los humos tóxicos, los desvencijados asientos, los ruidos desmesurados que las guaguas locales producen. 
Nuestra modernidad rácana apuesta por obras que dejan ganancias a la casta, sin importar los daños que puedan traer a los habitantes y el entorno ecológico. Abren calles para aliviar las tensiones que los adictos al auto padecen cotidianamente, pero olvidan establecer normas contra estruendos y detritus lanzados por las máquinas futuristas del ayer. Nada que ver con la modernísima norma europea de 55 decibles por la noche y 65 en el día. 
El sistema político moderno, mal que bien, logró establecer un prolijo sistema de leyes y contrapesos para evitar la impunidad y mejorar la vida del ciudadano. Aquí, en el subdesarrollo, a la casta política le vale gorro el bienestar nuestro, sólo quiere mantener la impunidad para seguir engrosando sus carteras.