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Memoria viva
Zacatecas y sus mártires del 24 de junio de 1914 (parte 1 de 3)
Manuel González Ramírez
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28 de Junio del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Pascual Vega Alvarado, hijo de don Simón Vega y doña Matilde Alvarado, nació en la Hacienda de San José de Sauceda, en el stado de Zacatecas.

La batalla y toma de la ciudad de Zacatecas que tuvieron lugar a finales de junio de 1914 dejaron un saldo considerable de muerte y destrucción.

Un cruento enfrentamiento entre hermanos, todos mexicanos. Tras la toma de la plaza, las tropas de Francisco Villa cometieron no pocas tropelías y abusos contra los civiles que habitaban la ciudad.

Alguno de ellos fueron ejecutados el 24 de junio, entre ellos, el presbítero zacatecano Pascual Vega Alvarado, hijo de don Simón Vega y doña Matilde Alvarado, nació en la Hacienda de San José de Sauceda, en el stado de Zacatecas.

A considerable edad ingresó al Seminario Conciliar de Zacatecas, en donde estudió Latinidad, Filosofía y Leyes, dejando esta última carrera para estudiar Teología, Dogmática y Moral, materias en las que destacó.

Se distinguió en el Seminario por su amabilidad y buen humor con sus compañeros, así como por su dedicación al estudio y su generosidad. Estas y otras cualidades, realzarían su vida sacerdotal.

Se sabe que como sacerdote también fue muy trabajador y celoso de sus responsabilidades.

Entre sus compañeros de estudios encontramos al también mártir don Mateo Correa, quien fue fusilado en 1927, por no querer revelar unas confesiones.

El padre Vega y otros siete de sus condiscípulos, recibieron la orden sacerdotal el 28 de agosto de 1892, de manos del excelentísimo señor doctor Fray Buenaventura Portillo y Tejada, 3er Obispo de Zacatecas.

El primer domingo de octubre de ese mismo año, ofreció su primera misa en Fresnillo.

Posteriormente trabajaría en las haciendas de Santa Cruz y Tesorero, así como en los pueblos de Tepechitlán, Minillas, Pánuco y Concepción del Oro, en esta última parroquia relevó precisamente a su antiguo compañero Mateo Correa.

Es muy probable que también allí el presbítero Pascual conociera al joven Miguel Agustín Pro, cuyo padre tenía negocios de minas en dicho Mineral.

Estas tres personalidades que en su momento convivieron, compartirían un destino común: El martirio, y el primero en cumplir con su cita fue don Pascual Vega Alvarado.

Tiempo después, Vega Alvarado renunció a la Parroquia de Concepción del Oro y hacia 1913, fue nombrado Capellán del Instituto Científico San José, donde se ganó la estima de la comunidad por su calidad humana, misma que quedó manifiesta cuando atendió a un joven Hermano profesor de la Escuela Gratuita de San José que en marzo de 1914 cayó gravemente enfermo de tifo.

Aun pese al gran riesgo de contagio, el padre Vega permaneció al lado del enfermo hasta el momento de su prematura muerte, acaecida en brazos de nuestro personaje.

Nadie en el Instituto escatimó la muestra de afecto y respeto al capellán Vega Alvarado.

Sus muestras de solidaridad y fraternidad fueron más evidentes cuando, al comenzar la Batalla de Zacatecas él optó por irse a residir al Colegio, para ayudar y correr con la misma suerte de sus hermanos.

Muy temprano, el 24 de junio de 1914, con mucha emoción él celebró con su habitual devoción lo que, sin saberlo, sería su última misa. En el transcurso de la mañana, comenzaron los cateos al Colegio y cerca de las dos de la tarde, Vega Alvarado vio cómo se llevaban prisioneros a los Hermanos Director y Adolfo; Don Pascual tan sólo pudo darles la absolución con la esperanza de que pronto regresarían sanos y salvos, pero no fue así.

¿Cómo fue que el padre Pascual cayó preso? Nadie lo sabe a ciencia cierta, aunque hay quienes suponen que fue a abogar por sus Hermanos con el General Urbina y eso le valió para ser también apresado. Otras versiones van en el sentido de que fue detenido mientras brindaba ayuda a los heridos durante la Batalla. Lo cierto es que una vez reunido con sus Hermanos, ya no se separó de ellos.

Nadie sabe las angustias que pasaron los presbíteros en sus últimas horas. Su sacrificio se llevó a cabo, la noche del 24 de junio en el cerro de La Bufa. Días después, fueron encontrados los tres cadáveres, hallándose el del padre Vega en medio de sus Hermanos. Hay testimonios de que cuando fue recogido del cerro, brotó sangre fresca de sus heridas, pese a los días transcurridos.

*Cronista de Zacatecas