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De mis apuntes
La microhistoria popular
Carlos López Gámez
~
05 de Agosto del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Archivo / Hemiciclo a Hidalgo

En todas partes, ciudades grandes o pueblos pequeños, se registran sucesos que  para muchos pasan desapercibidos. 


Algunos tan solo serán recuerdos, otros pasarán al anecdotario de la barriada. Los protagonistas no serán de la nobleza o letrados, son simples ciudadanos que aportan a su manera lo que deseen hacer. Las ideas, sueños e ilusiones brotan generosamente. 


Se les conoce, ya sea por el pícaro o afectivo sobrenombre o sus interminables andanzas. 


En algunas ocasiones las propuestas llegan a trascender en el vertiginoso andar del tiempo. Desde luego serán tema obligatorio en las animadas conversaciones de la palomilla de la barriada. Es ahí donde nace la microhistoria popular. En otras palabras la identidad de la muchachada.


En nuestros apuntes encontramos notas breves en las cuales han quedado inscritos los nombres y apodos de quienes en sus mocedades  deseaban con emoción, en este caso formar su propio conjunto musical. De esa manera

intentaban hacer lo que en otros barrios ya habían logrado, bueno… hasta amenizaban desde gallos hasta serenatas, desde luego bailes en los patios o casas particulares. 


Como no disponían de los recursos necesarios para adquirir instrumentos musicales, se las ingeniaban para tener algo que se les asemejara. Las limitantes económicas jamás fueron impedimento de ninguna especie puesto que los inventaban recurriendo a cualquier objeto a la mano. 


Era sumamente difícil conformar una orquesta, algo parecido era la única opción. 


Así nacieron en las barriadas los famosos sones; los obligados y necesarios instrumentos musicales eran entre otros: el marimbón, timbales claves, bongó güiro, maracas y el cantarito. 


Uno de estos apareció por la calle San Juanito (20 de Noviembre) se le llamaba Son  Caribe. Se reunían en la casa de don Enrique Félix, David uno de sus hijos, era de los principales promotores. Acudían Pablo (Palín) como vocalista y su hermano Zenón Zamora; Francisco Guerrero, Enrique Mercado, Raúl Velázquez, Ángel y Pablo Regalado. También llegaron a participar Rodolfo Meza, Antonio Barajas y Rosario Corona. 


En ese tiempo era tal la animación de los jóvenes  con y sin oído musical de organizar un son  que por cualquier rumbo se sabía de alguno de ellos, según lo manifestó en su momento David Félix.  De esa manera surgieron otros sones en Fresnillo. Uno de ellos por las inmediaciones de la antigua capilla de San Juan Bautista. 


De estos grupos uno escaló por así decirlo, a otros escenarios, por ejemplo  el Son Cuba Caña, sus audiciones cada domingo en el teatro Primero de Mayo, sede del Sindicato Minero, sección 62. Eran parte del grupo artístico Minerva que dirigía Manuel Garay. El objetivo de esta agrupación comprendía  la promoción de los artistas fresnillenses, incluía desde obras de teatro, variedades artístico-musicales y proyecciones de películas para familias de mineros y público en general. 
Algunos integrantes del Cuba Caña, ente otros: Daniel Peralta Rojero, Jesús Ramírez La Calavera; Rosalío Menchaca, Félix Molina, Agustín El Chevo;  Rosendo López y Jesús Soto. 


Otro son en El Mineral fue Estrella, cuyo fundador y director fue Beto Díaz. 


Los temas anteriores se desprenden de la narrativa de los cronistas del barrio, testigos fieles del diario acontecer a finales de los 50 en esta ciudad. Por lo general y sin adornos narraban a la palomilla algunos de los sucesos ocurridos en su entorno.


Entre otros temas cómo era la calle posterior al Hemiciclo a Hidalgo, en los tiempos de los sones era abierta a la circulación motriz, bueno hasta los andadores exteriores eran usados por los vecinos para estacionar sus vehículos. En la acera oriente estaban comercios, casas-habitación y consultorios médicos. 


Empezamos con la Casa Arellano, enseguida los consultorios de los doctores  Durán, padre e hijo. Colindaban con la casa de salud municipal dirigida por el doctor José Haro Ávila. 


Destacaba la finca  que ocupaba la Relojería Iris, de Francisco Codina. 


Luego la casa del doctor Jesús Márquez Rivas. El consultorio del doctor Hernán Valverde y un salón de belleza fueron parte de este céntrico y semi oculto sector. En la esquina García Salinas  la peluquería del Chivetas y de Clavillazo; después de Víctor Dávila García.  


En esos tiempos se escuchaban los nombres de las  comerciantes de distintas nacionalidades. Entre ellos a Don Pedro Márquez, siro libanés venido de Valparaíso.  Rafael Yee de la tienda La Mariposa y los Ang Collán de la Sirena. 


Por cierto, un ciudadano chino anunciaba la llegada y salida de los autobuses de los Altos; su terminal, frente al obelisco, oficinas en un restaurante chino. 


En 1959 una directiva representaba a la colonia China. Martín C. Chong como presidente; Eusebio Ang Collán como secretario y Rafael Yee, como tesorero.