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El tabarete
No pasarán
Alejandro Castañeda
~
17 de Agosto del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / El racismo en Zacatecas está más cerca de lo que aparenta.

Recientemente los ojos de los medios han volteado a ver a la comunidad de Charlottesville en Estados Unidos, un poblado donde racistas, neonazis y fascistas bajo la bandera confederada y la del Ku Klux Klan manifestaron sus estúpidas ideologías de la supremacía de la raza y han chocado en diversas ocasiones con antifascistas. 


Pareciera una escena muy lejana, pero este fenómeno no nos ha puesto a reflexionar sobre el racismo que vivimos al interior de nuestro México mágico, y más aún en Zacatecas, y es que déjenme decirles que aquí es un bastión de neonazis en reproducción.


Y no les diré como comúnmente se les dice, morenazis, ya que existen ideologías como en la Raza de bronce de José Vasconcelos.

Aunque pareciera puro cuento, aquí en este terruño hay pensamientos arraigados desde las humanidades que hablan de un microfascismo, que es detectable en muchos ámbitos comunes.
Y no lo digo al aire, me ha tocado ver a tipos con simbología nazi y fascista en Zacatecas.


Hay células autodenominadas fascistas en Aguascalientes que conviven con actores juveniles de la sociedad zacatecana, no en altas esferas, sino en la escena denominada underground.


Fue apenas hace un año que en un conocido bar del Centro Histórico hubo un choque entre neonazis y antifascistas, y todo inició por la música.


En este centro de convivencia juvenil los clientes ponían su playlist; los fachos llegaron primero y pusieron sus canciones que hablan sobre la redención traída por los españoles, de pureza de sangre, razas y cuantas estupideces más. 


Reconocibles con su logos de numeralia 88, en alusión a la HH Heil Hitler; o las SS como referencia del grupo paramiliar del Partido Nazi, cabezas rapadas, como buenos boneheads.


Estos tipos eran de Aguascalientes y se iban a reunir con un grupo zacatecano afin a su ideología.
A uno de ellos se le ocurrió hacer un saludo nazi, a otro saludar como Benito Mussolini; para buena suerte llegó un grupo antifascista de chicos que frecuentaban el lugar para poner su música.
El choque en la música fue evidente y aquello terminó de fea forma, los justicieros antifas triunfaron y por goleada.


No analizamos nuestro entorno y quienes nos rodean, pero si vemos más allá nos podremos percatar de que a diario convivimos y hasta les compramos cosas a esos neonazis disfrazados de hippies