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El Recreo
Peña Nieto no tiene plan B
J. Luis Medina Lizalde
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08 de Octubre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




La salida de Margarita Zavala de las filas del PAN para buscar una candidatura independiente sin destino, es una de tantas evidencias de que el grupo de Los Pinos no dejará la presidencia de la República, de serle posible, ni siquiera ante un grupo diferente del mismo PRI. La razón estriba en que nunca como ahora, el desenlace de la sucesión presidencial impactará las vidas personales de connotados miembros de la élite. Las cárceles latinoamericanas brindan” hospedaje” a ex presidentes, exministros, poderosos empresarios.

En México, duermen  en celdas ocho ex gobernadores acompañados por cómplices de alto rango que vieron frustrados sus planes de disfrute del botín logrado como servidores públicos o negociantes privados adheridos al ejercicio delictivo del gobierno.

“La estafa maestra” es uno de tantos de los expedientes de corrupción que pueden conducir a prisión a figuras estelares del actual sexenio; quedan los de OHL, Odebrecht y todas las pillerías en el gasto público detectadas pero no castigadas.

Parece contradictorio que sea durante el mandato del Presidente de la República que más asocia la opinión pública con la corrupción desde los tiempos de Miguel Alemán, cuando se producen las más espectaculares “caídas en desgracia” de gobernantes corruptos. No hay que buscar la explicación en un inexistente afán moralizador de Peña Nieto, sino en la globalización de la demanda de estado de derecho que brinda certidumbre a los agentes de la economía irreversiblemente globalizada.

La operación para llevar a Meade a la presidencia sacrifica las expectativas del mejor posicionado en las encuestas  de la oferta oficialista que no es otro que al actual titular de Gobernación. Meade ha sido un empleado público de alto nivel en los dos sexenios panistas y ahora ejerce la titularidad de la Secretaría de Hacienda, es un tecnócrata sin atributos políticos conocidos, sólo se sabe de su diligente docilidad para ejecutar lo que otros deciden en el área económico-financiera. Su principal fortaleza es su pertenencia al clan de Atlacomulco desde el subgrupo de Luis Videgaray, por lo tanto, comprometido con los intereses extralegales del núcleo más acaparador de contratos que se haya instalado alguna vez en Los Pinos.

Cuando aparece la asociación del PAN con el PRD a la que se suma MC para conformar el Frente Ciudadano se generalizó la impresión de que surgía “el plan b” de Peña Nieto cuyo candidato a la presidencia sería el emergente receptor del apoyo del régimen para cerrarle el paso a López Obrador. Así lo creyeron algunos de sus impulsores cuya trayectoria de oportunismo es legendaria, sin embargo, los hechos han demolido esa esperanza.

 

No los considera de fiar
La anulación del frente ciudadano como segundo frente de Peña Nieto (el primero es el conformado por el PRI, PVEM y probablemente Panal) empezó con una “victoria” de Ricardo Anaya al maniobrar exitosamente para impedir el nombramiento como el primer Fiscal General dentro del Sistema Nacional Anticorrupción al actual titular de la PGR que duraría en su encargo nueve años. El grupo de Los Pinos entendió que con eso le quitaban al más eficaz garante de impunidad al que podía aspirar, y la reacción no se hizo esperar: le entregaron la Presidencia de la Cámara de Senadores a Ernesto Cordero, principal alfil de Felipe Calderón, luego Coahuila pagó los platos rotos con la reversión de la anulación del triunfo priista por rebase de topes de campaña y finalmente se amplía el plazo a los “independientes” para que se anoten, con dedicatoria a Margarita, para que tenga el tiempo de maniobra que necesita para iniciar su juego en el próximo proceso electoral.

Es conocido el pacto de apoyo mutuo que hicieron Peña Nieto y Felipe Calderón, expuesto con lujo de información  por Álvaro Delgado en su conocido libro El amasiato, ellos se entienden, ellos se necesitan.

 

Horizonte de sombras
Lo anterior no significa que enfrente no tenga ningún papel que jugar en la estrategia de Peña Nieto, sus principales constructores se prestaron al Pacto “por México”, sabrán cooperar en la clave de la lucha porque gane el PRI que no es otra que la dispersión del voto de un electorado abrumadoramente contrario a que siga gobernando, para la división del voto están “independientes” carentes de la mínima posibilidad y desde luego, el frente que aglutina a quienes han hecho política toda su vida con tesis opuestas.

Queda claro que para el grupo de Peña Nieto no hay “plan b” y que están dispuestos a todo, saben que hasta Peña ha tenido que aguantar el encarcelamiento de amigos suyos.

No debemos temer a los políticos por su ideología, debemos temerles por su falta de ella.

Nos encontramos el jueves en El Recreo.