×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Cintura y pobreza
Antonio Sánchez González
~
10 de Noviembre del 2017 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Si uno cree que el crecimiento de la cintura es un problema que afecta solo a países ricos, habrá que repensarlo. Los últimos datos revelan que el número de personas con sobrepeso y obesas en el mundo en desarrollo se ha más que triplicado: de aproximadamente 250 millones en 1980 a casi mil millones en 2008.

El resultado es que hay casi el doble de personas con sobrepeso y obesas en el mundo en desarrollo que en los países industrializados, que a priori serían más fácilmente asociados con el aumento de kilos. Sin embargo, a pesar de este rápido incremento, alrededor de 1000 millones de personas se van a la cama con hambre, a pesar de que hay más comida disponible que nunca.

Estamos produciendo mucha más comida de animales y el mundo ha duplicado la cantidad de fruta y verdura que se cosecha por persona en los últimos 50 años, sin embargo, todavía vivimos en sociedades que no pueden garantizar que todos se alimenten. Además, entre muchas personas que tienen suficiente para comer, abundan los incapaces de distinguir entre cantidad y calidad, y las básculas son instrumento demostrativo.

Los datos arrojan sorpresas: América Latina, Medio Oriente y el Norte de África tienen tasas de obesidad a la par con Europa, mientras que la tasa sudafricana es más alta que la del Reino Unido. En algunos países, como México, las tasas de obesidad se han más que duplicado en 30 años.
Son múltiples los factores del rápido crecimiento de la sobrenutrición en el mundo en desarrollo.

Mayores ingresos, disminución de los costos reales de muchos alimentos -gracias a mayores cosechas y logística más eficiente en las cadenas de suministro- estilos de vida urbanos con hábitos más sedentarios y menos tiempo para preparar comidas, aumentando el consumo de alimentos procesados a menudo densos en energía procedente de carbohidratos refinados, grasas, aceites y azúcares, y la abrumadora publicidad acerca de alimentos procesados. La tentación obliga a consumir más alimentos que los prudentes en medio de un estilo de vida sedentario.

La dieta importa. Dé un paseo por cualquier pueblo mexicano y verá tienditas llenas de patatas fritas, pan blanco y botellas de bebidas gaseosas cada vez más grandes. Como resultado de la proliferación de comida chatarra, dos tercios de los mexicanos tienen sobrepeso, casi el doble de la proporción de 1980. Ahora compare con las calles de una ciudad coreana, donde los comercios y restaurantes para personas corrientes venden guisos de pescado, y comprenderá por qué el país tiene la mitad de la tasa de gordos que México.

El aumento de peso conlleva importantes aumentos de riesgo para adquirir algunos cánceres, diabetes, enfermedades del corazón y derrames cerebrales. Además de la miseria personal de la enfermedad y la muerte prematura, la bolsa de cada uno y los sistemas públicos de salud pueden verse sometidos a una fuerte presión financiera.

Aunque la marea de obesidad puede parecer difícil de contrarrestar, hay señales alentadoras. Existe una variación suficiente en las dietas entre países y entre individuos para inferir que las tendencias en los países industrializados no deben verse como el destino inevitable de las economías emergentes.

Al respecto, el problema real es que pocos gobiernos han tomado medidas verdaderamente decisivas. Los pocos que han incluido políticas públicas para propiciar alimentación saludable en su población han marcado diferencias significativas.

Corea del Sur es un ejemplo contundente: el coreano promedio come tres veces más frutas y 10% más vegetales ahora que en 1980, gracias a una política gubernamental que incluyó enseñar a las mujeres a preparar comidas bajas en grasa y señaló los alimentos malsanos.

Todo lo contrario que en México.