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Muy noble y leal ciudad: artes y letras del Zacatecas virreinal
Sermón a San Ignacio de Loyola en la fiesta de su conversión
Salvador Lira
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04 de Diciembre del 2017 00:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Retrato de San Ignacio de Loyola.

Juan Ignacio de Castorena no únicamente se caracterizó por sus facetas de escritor y editor. También fue promotor de devociones bajo el cariz de la fiesta barroca.

De estas solemnidades, promovió festejos alrededor de la corona y ceremoniales en torno a figuras santas. Varios autores encontraron voz y presencia literaria so pretexto de los impulsos promovidos por el jesuita zacatecano. 

El sermón San Ignacio de Loyola convertido de Adalid de la Milicia Terrestre en Caudillo de la Celestial… de Pedro de Ocampo –rector del Real Colegio de San Ildefonso– es un texto nacido bajo la celebración de la conversión de tal santo en la Casa de La Profesa, dirigido por jesuitas, en la ciudad de México el 5 de junio de 1724.

La festividad fue “a devoción, solicitud y expensas” de Juan Ignacio de Castorena —quien en ese momento era chantre de la iglesia Catedral Metropolitana—. 

El impreso fue publicado por los herederos de la viuda de Francisco Rodríguez Lupercio en 1724 y dedicado al virrey Juan de Acuña, marqués de Casa-Fuerte.

Juan de Esteba de Iturbide y José Antonio de Leyza fueron los patrocinadores. Ellos escribieron la dedicatoria al virrey, en donde destacan el esfuerzo del jesuita zacatecano:

En la fiesta de la conversión de San Ignacio, que excitó el religioso y cordial afecto de un restado devoto suyo, para aumento de su gloria, y honra de nuestra nación, procuramos en su servicio alentar nuestras fuerzas como interesados: pero quien duda, que el desempeño de esta empresa se deba a la generosidad de Vuestra Excelencia de quien merecimos singulares expresiones de su benevolencia.  

El sermón, además de los sentires y pareceres, viene acompañado de la relación festiva de la conversión de San Ignacio de Loyola, sin firma. 

Inicia con una descripción de los monumentos funerarios y túmulos egipcios, la conformación de las “Maravillas del Mundo” y su anuncio de destrucción y olvido. Con ello, argumenta el autor que hay otras “maravillas” mayores y perennes: 

Estas, pues dos veces maravillas son aquellas, que en el ameno pensil de la cristiandad ha fecundado el cuidado de la virtud.

De ese “jardín”, según el texto, San Ignacio de Loyola reluce cual “delicioso vergel”, “flor exquisita la de su conversión”. 

En esa parte del texto, hay una exaltación al zacatecano y una comparación por su coincidencia de nombre “Ignacio”. Para la celebración, en la iglesia de La Profesa se hizo un altar con emblemas de la conversión del fundador de la Compañía de Jesús. A la solemnidad asistió el virrey.

La misa fue celebrada por el zacatecano. El sermón de Pedro de Ocampo giró en la conversión de milicia terrenal a celestial. También, es una leal analogía, dilucidada en la razón de dos referencias clásicas que se explican, con la referencia nominal: Castor-Ethna.

Escritor e investigador