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Los dilemas del voto en el siglo XXI
José de Jesús Vela Cordero
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25 de Enero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El eje sobre el cual gira la democracia occidental es el sufragio (voto), ese es el medio que tienen los ciudadanos para elegir a sus gobernantes. El voto es la esencia de los regímenes democráticos; sin él es impensable la existencia de los partidos políticos y los procesos electorales. Este mecanismo democrático tiene diferentes naturalezas, va de lo social, la política, la económica, la filosófica y la cultural.

Las revoluciones tienen el punto de inflexión más importante cuando se instaura en Francia el voto universal en 1848, a partir de esta fecha se empieza construir la historia del sufragio, la democracia, la derrota de los absolutismos y los privilegios dinásticos. Es el tiempo de las identidades, del surgimiento del Estado-Nación y la exaltación del ciudadano.

El voto desde su instauración está ligado al advenimiento del ciudadano y la construcción de la igualdad. Por ello, la democracia y el sufragio son parte esencial de la invención de las sociedades modernas. La igualdad frente a la urna electoral es la primera condición de la democracia, el hecho de que todo individuo independientemente de su condición económica, política, social y cultural tenga un peso idéntico en la decisión y legitimación de la política y sus gobernantes significa la consolidación de la igualdad política, por ello, el voto es el eje sobre el cual gira la democracia y el sistema político.

Para Pierre Rosanvallon el voto logra conjugar el sentido de la democracia moderna, las relaciones de los derechos civiles y los derechos políticos, es legitimidad y poder, es la libertad, la participación y la igualdad. 

La idea de igualdad política que se materializa con el voto significa la consagración del ciudadano y el tiempo de los individuos, esta visión rompe con las ideas tradicionales de la política e impulsa las revoluciones en las relaciones entre los individuos y sus elites. El voto es también el símbolo de la ciudadanía, esta tiene tres etapas: la consolidación de los derechos civiles (construcción del Estado liberal),  conquista de los derechos políticos (sufragio universal) y la organización de los derechos sociales (estado de bienestar).

En suma el voto inicia el proceso de modernidad política en contra de los privilegios y los absolutismos para la disputa y el acceso al poder.  Así fue concebido desde el siglo XIX para crear ciudadanos.

Nota. La cultura política en nuestro país ha reducido la naturaleza del voto a mero mecanismo de negociación y transacción política en los procesos democráticos.