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Historias de Lobos
Mi delito... no saber que hacer
Ivonne Nava García
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28 de Enero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El caso de muchas mujeres que día a día dan la cara por sus hijos, trabajan y luchan incansables para salir adelante, Incluso sobrellevando situaciones conflictivas de acoso y maltrato por parte de sus parejas y que a pesar de esto se sobreponen.


Esta es la historia de una mujer que aún con el constante acoso y violencia de su exmarido. Logra salir delante de esta situación. Sin embargo, a la fecha aún se siente acosada por ese sujeto que con el pretexto de ver a sus hijos la continúa insultando y lastimando por consiguiente a sus hijos también.


Violencia

No me daba dinero para el gasto. Sabía que no tenía trabajo porque estaba embarazada y era de alto riesgo. Aun así, me decía que él no me iba a mantener. No me tenía dada de alta el seguro, yo no entendía muchas cosas ni el porqué de su actitud hacia mí. El embarazo llegó a término a los 7 meses con muchas complicaciones. Cuando eso pasó no tenía dinero para el parto, ni para la ropa del bebé ni nada. Antes de embarazarme me había comprado un carrito para moverme. 


Mi marido me ayudó a hacer la compra y él se adueñó del carro. Cuando fue el parto, vendí el carro. De ahí pagué todo lo que se necesitó. Él ni siquiera se enteró porque trabajaba fuera de la ciudad y nunca estaba aquí. 


Cuando llegó ni siquiera preguntó por como estábamos, lo único que hizo fue denunciarme por el robo de su carro. La bebita todavía estaba en el hospital en una incubadora porque peso 1.700 kg. Ya teníamos otra hija de 3 años. Yo sé que puede decirse que fui tonta por estar ahí y volverme a embarazar, pero una quiere que la familia este unida y cosas así. 


Todo terminó 

Me mandaron citar del M.P. les platiqué las cosas y me dijeron que fuera al DIF. Ahí les expliqué mi situación y me dijeron que tomara terapia. Con eso me di cuenta de que tenía que terminar con esa relación porque me estaba haciendo mucho daño. Pero parecía que estaba terminando algo que apenas empezaba.


Casado

Resultó que él estaba casado en San Luis Potosí y de ahí lo tenían demandado por la pensión alimenticia de otros hijos. Por esa razón no me daba de alta en el seguro. Cuando le reclamé fue el mismo día que yo estaba empacando todo para cambiarme de casa. Se puso como un loco, empezó a gritar y decir muchos insultos. Aun con todo eso me fui de ahí.


Acoso

No me dejaba en paz, me llamaba de madrugada hasta 10 veces. Yo no contestaba el teléfono. Tuve que cambiar el número. Luego me puso una denuncia por abandono de hogar y porque me había robado un costal de frijol. 


Otra vez me llamaron del M.P. Yo les expliqué las cosas y comencé los trámites del divorcio. Cuando le llamaron para eso otra vez enloqueció. Supo en donde vivía porque en el M.P. le proporcionaron mis datos. Le llegué a tener mucho miedo. Un día nos llamaron a conciliar. Yo no quería ir, fui y aproveché la ocasión para hacerle ver todas las necesidades que tenían las niñas. 


Ahí firmó que iba a proporcionar pensión alimenticia y hasta se puso a llorar diciendo que le podían mucho sus hijas. Él gana como 16 mil pesos al mes en su trabajo. Yo solo le pedía 1000 a la semana para la manutención de las niñas. Dijo que solo podía dar 300.


 Cuando dio la primera semana fue a llevarme el dinero a la casa y a ver a las niñas. Pero ya no se quería ir. Se quería quedar conmigo a fuerzas. Le dije que no. Que yo no quería nada con él. Me golpeó otra vez. y en el M.P. me dijeron que para que lo dejaba entrar y que si tenía testigos de que él me había golpeado. No volvió a llevar dinero de la pensión. 

Padre ausente 
Llama a veces una vez al año que para ver a las niñas. Empieza en la llamada a coquetearme como si nunca hubiera hecho nada malo. Yo que más quisiera que nunca volviera a llamar. Le paso a mis hijas y les habla menos de un minuto para decirles que las irá a ver. Nunca les cumple las deja esperando. Yo tengo que decirles mentiras a las niñas de que tuvo trabajo o algo así para que no sufran. 


Luego me llama a mí en la madrugada, borracho para decirme un montón de estupideces y poner canciones. En cuanto lo escucho le cuelgo y empieza a marcar y marcar. Tengo que apagar el teléfono. Tengo que darle el número para que llame a mis hijas y la ley no lo tome como que yo las escondo o algo.


Miedo

Me ha amenazado de matarme de quitarme a mis niñas. Como no tengo testigos no puedo hacer nada. Le tengo miedo y más porque cuando quiero hacer algo me mandan a conciliar con él, por el bien de mis hijas. 


Me insulta me dice cosas muy feas. Me acosa en el trabajo, porque va y se estaciona afuera y me dice con señas que me está vigilando. El divorcio no ha procedido, porque no va a las audiencias. Simplemente no me deja vivir ni a mí ni a mis hijas. Dice que todo es por mi culpa y por mi orgullo de no abrirle de nuevo la puerta de mi casa.

Acoso y violencia
El acoso moral propiamente dicho se desarrolla en dos fases: la primera es la fase de seducción perversa por parte del agresor, que tiene la finalidad de desestabilizar a la víctima, de conseguir que pierda progresivamente la confianza en sí misma y en los demás; y la otra, es la fase de violencia manifiesta.


Muchas veces la gente se imagina que la víctima consiente tácitamente o que es cómplice, conscientemente o no, de la agresión que recibe. Pero decir que es cómplice no tiene sentido, en la medida que ésta, por efecto del dominio, no dispone de los medios psíquicos para actuar de otro modo, está paralizada.


Frente a un ataque perverso, algunas personas se muestran primero comprensivas, intentan adaptarse: comprenden o perdonan porque aman o admiran.


Si aceptan la sumisión, la relación se instala en esta modalidad de una forma definitiva: la víctima se encuentra cada vez más apagada o deprimida y el agresor es cada vez más dominante y se siente cada vez más seguro de su poder.