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Memoria viva
Acueducto de El Cubo
Manuel González Ramírez
~
14 de Febrero del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / El acueducto. Anverso de la medalla de plata Zacatecas Patrimonio Mundial 1994.

Lo que ahora es uno de los monumentos más vistosos de la ciudad, en otra época fue levantado con un esfuerzo admirable de los zacatecanos, debido a la necesidad de suministrar de agua potable a la sedienta población.

El agua ha sido el eterno problema de Zacatecas y su región… y lo seguirá siendo. El acueducto debe su nombre al tiro de la mina de El Cubo de donde se surtía de agua.

Las primeras civilizaciones del mundo nacieron al amparo y en las riveras de los ríos que les garantizaran la supervivencia.

En el caso de Zacatecas, el agua no fue un factor determinante para establecer aquí un asentamiento, sino la riqueza argentífera de sus yacimientos. 

Por ello, uno de los problemas capitales a resolver por los mineros, fue el abasto de agua. 
Las primeras alternativas para resolverlo fueron: los tiros de las minas, excavación de pozos, ojos de agua, fuentes y aljibes de los monasterios y de algunas casas que colectaban agua de lluvia.

El acueducto de El Cubo no fue el primero ni el único que hubo en la ciudad. Durante el virreinato aparecieron los primigenios conductos de agua que llevaban el líquido de un lugar a otro, evitando transportarla con fuerza animal o humana. 

Al ver que la gente iba a buscar el agua hasta donde pudiera encontrarla y de ahí transportarla hasta sus casas, las autoridades buscaron los medios para acercar el agua lo más posible a la población. De ahí la necesidad de construir acueductos.

Debemos entender como acueductos los distintos medios que el hombre ha construido o fabricado para conducir el agua. Estos pueden ser superficiales, aéreos o subterráneos.

Los primeros que hubo en la ciudad de Zacatecas eran canales a flor de tierra y subterráneos, hechos con una especie de ladrillos. 

A través de ellos fluía el agua para llegar hasta una fuente a donde concurría la gente para de ahí llevarla a sus hogares. La mayor parte de esas tierras desaparecieron.

En el siglo 19, con el alarmante crecimiento de las poblaciones, se hicieron necesarias obras de superior envergadura para conducir mayores cantidades de agua, y en ocasiones, desde distancias más alejadas del núcleo urbano.

A causa de la distancia y de lo accidentado del terreno donde está asentada la ciudad, fue necesario trazar y levantar el primer acueducto aéreo de Zacatecas, sostenido por una serie de arcos de mampostería. 

Su construcción se debió al problema de nivel entre la loma del Barrio Nuevo y la loma donde ahora está el monumento a Jesús González Ortega. 

El Cubo, uno de los tiros de la mina, era una importante fuente de abastecimiento del agua más pura, a partir de ahí, era conducido el líquido con una trayectoria de sur a norte, a través del acueducto aéreo para luego ingresar a uno subterráneo que desembocaba en la fuente de la Plaza de Villareal. 

A este punto acudía la gente para abastecerse del vital líquido, importante para un gran número de actividades domésticas, entre ellas, el consumo humano.

Aún persisten demasiadas lagunas en cuanto al proceso de construcción del emblemático acueducto de El Cubo. Hay quienes afirman que inició a finales del siglo 18 y concluyó a principios del siglo 19. 

No obstante, esta versión es difícil de ser aceptada, ya que ningún plano de la ciudad de la época aludida, registra la existencia del mencionado acueducto. 

Este, aparece en ilustraciones y planos posteriores al primer tercio del siglo 19, es decir, después de 1827. 

Lo que nos hace suponer que es una construcción absolutamente del siglo 19 y durante esta centuria sufrió ampliaciones en su extensión. 

Este conducto de agua dejó de prestar su servicio original hasta 1921. En este año, el gobierno dispuso que el tiro de El Cubo fuera cegado. 

Y a partir de entonces, solo cumple la función de ser un monumento que hermosea el centro de la ciudad, a manera de portada o de arco de triunfo, para quienes ingresan en la zona antigua de esta Capital y, a la vez, nos da testimonio de uno de los episodios de la historia de Zacatecas y del carácter de sus habitantes para sortear todo tipo de adversidades y, a base de empeño, conseguir lo que se busca para el bien común.

Un claro ejemplo del lema de la ciudad: el trabajo todo lo vence.

El 12 de julio de 2002 fue iluminado y se convirtió en el primer monumento favorecido con iluminación escénica del programa Zacatecas de Luz y Color, implementado por el ayuntamiento capitalino. 

Y, afortunadamente, de 2008 a 2015, se llevó a cabo su restauración integral que hizo posible que aún se mantenga en pie por muchos años, ya que estaba en riesgo de colapso. 

Intervino una empresa, orgullosamente zacatecana,  cuyo representante legal es Héctor Javier Romo Morales y su representante técnico es Héctor Javier Romo Guzmán. 

Enhorabuena por esa obra… a quienes la erigieron y a quienes se han ocupado de preservarla.

*Cronista de Zacatecas