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Historias de Lobos
Mi delito... reaccionar violento
Ivonne Nava García
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04 de Marzo del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Todos estamos expuestos a convertirnos en víctimas o victimarios. Se deben conjuntar algunas circunstancias para que esto suceda. La manera de reaccionar de cada quien define bajo ciertas causalidades el resultado.

 Esta historia nos habla de un padre de familia que de un momento a otro pasó de estar disfrutando un momento de convivencia social, a terminar preso, procesado por el delito de lesiones. Su hijo sufrió graves golpes. Un grupo de jóvenes que se dejaron llevar por la emoción violenta lo agredieron y este hombre reaccionó de manera defensiva, sin esperar el resultado.

La mamá del joven

Ese día se celebraban las fiestas patronales de Pozo de Gamboa. Como la mayoría de la gente fuimos como es costumbre, ir un rato a la fiesta por la tarde. Estábamos ahí viendo la danza y mis hijos andaban dando la vuelta. No sé qué pasó ni lo que provocó que un grupo de muchachillos como de 16 años se fueran a golpes en contra de mi hijo.

No supimos cuál fue el problema. Pero uno de ellos agredió físicamente a mi hijo de 16 años, le golpeó muy feo. Por esto decidimos regresarnos a nuestro domicilio. Ya no queríamos tener más problemas o que fuera a pasar algo muy malo. Mi esposo decía que les fuéramos a reclamar, pero yo lo que quería es que primero atendieran a mi hijo.

Le sangraba mucho su nariz y tenía los ojos morados. Se quejaba mucho de dolor en las costillas y en sus brazos porque se defendía de las patadas que le pusieron.  Para eso serían como las 7 de la tarde.

Fuimos a buscar a un doctor que dijo que había que llevarlo a sacar radiografías de la nariz y de las costillas pero que teníamos que ir a Zacatecas. Le dio unos analgésicos y nos fuimos para la casa. Como a eso de las 10 de la noche le dije a mi esposo que fuéramos a recoger a mi otro hijo que se había quedado en la fiesta ya que él estaba participando en un evento.

Baile

A mi otro hijo lo habíamos dejado con mi mamá para que estuviera al pendiente por si necesitaba algo. Así las cosas, entonces mi esposo y yo nos fuimos otra vez a Pozo de Gamboa nos fuimos en la troca de mi esposo. Cuando llegamos nos encontramos a mi hijo que ya es mayor de edad y le pregunte que si él iba a ir al baile.

Me dijo que no tenía ganas, entonces yo le dije que nos esperara porque yo quería pasar un rato a visitar a mi hermana a su puesto. Ahí se anduvo mi hijo con sus amigos dando la vuelta. Como a eso de las 12 de la noche mi esposo y yo decidimos ir al baile que se festejaba en el auditorio con motivo de las fiestas patronales.

Estuvimos muy a gusto en el baile todo el baile transcurrió tranquilamente sin tener ningún problema. La camioneta de mi esposo la dejamos estacionada junto el auditorio.

Como a eso de las 3 de la madrugada se terminó el baile.  Mi esposo y yo nos salimos del auditorio para irnos a la casa en la camioneta. Ya íbamos y al dar una vuelta un joven de ahí de Pozo le dijo a mi esposo que la camioneta estaba ponchada.

En ese momento nos detuvimos para ver lo que pasaba nos dimos cuenta de que le habían dado un navajazo a la llanta trasera del lado del chofer.

En eso estábamos cuando vimos a los muchachillos que habían golpeado a mi hijo. Estaban parados frente a la camioneta en ese momento mi esposo los vio y se fue para con ellos.

Les reclamó porque le habían ponchado la llanta, pero ellos decían que no. Así estuvieron discutiendo un tiempo. Los muchachos entre la discusión se burlaban y le dijeron a mi esposo riéndose que sí, que ellos la habían ponchado.

Mi esposo ya estaba muy molesto por las provocaciones de los muchachos y les hablaba con palabras altisonantes. También llegó la policía preventiva pero no hacían nada. Yo esperaba que se llevaran a los muchachillos ya que mi esposo y ellos estaban discutiendo fuertemente.

Los policías lo único que trataba de hacer era calmar a mi esposo, pero él no hacía caso. Yo lo jale para retirarnos, ya íbamos rumbo a la camioneta en eso alguien grito palabras altisonantes que no recuerdo.

Mi esposo volteó para ver quien había gritado, en ese momento le aventaron un bote de cerveza de aluminio lleno en la cara y le pegó en un ojo. Mi esposo se agachó agarrándose la cara porque le estaba saliendo sangre. Se hicieron los golpes, pero mi esposo fue el más golpeado.

Los preventivos

Me encontraba de guardia, junto con otros dos elementos. Estábamos vigilando las afueras del auditorio, ya que había un baile. Eran como las 3 de la madrugada cuando de repente llegó un señor en estado de ebriedad.

El señor no proporcionó sus generales, ni su nombre y se encontraba visiblemente molesto. Se dirigió hacia nosotros y nos dijo que le habían tronado una llanta con una navaja.

El señor acusaba a un jovencito que se encontraba adentro del auditorio y que ese momento iba saliendo del baile. Este jovencito tendría unos 15 años.

El señor decía que él era el que le había dado el piquete a su llanta, pero este joven decía que eso era mentira, que él no había sido. En ese momento el ofendido le avienta un golpe con la mano empuñada al jovencito dándole el golpe en la cara.

El joven le decía que para que lo chingaba si ya lo había chingado hace rato. Yo lo que hice fue pedirle que se calmara y que se retirara ya que andaba muy borracho.

Fue cuando se empezó a juntar mucha gente por parte del jovencito. Todos nos decían que detuviéramos al señor porque había agredido al joven.

Yo le decía al señor que se retiraran. De momento parecía que todo iba a terminar. En el momento que se estaban retirando alguien lanzó un bote de cerveza golpeando la cara del supuesto ofendido. Hasta ahí todo porque el señor solo agacho la cabeza y se retiró.

No paró ahí

Ese señor hizo como que se fue, pero nada más le dio la vuelta a la troca. Cuando los policías se habían retirado, llegó y nos dijo que lo ayudáramos a cambiar la llanta.

Nosotros desconfiamos, pero un compa dijo hay que ayudarlo ya para que se vaya.

Sacó las cosas de la troca para cambiar la llanta y con una cruceta se nos fue a los golpes.

Me reclamaba que yo había fregado a su hijo y que le había chingado la llanta. Pero su hijo andaba de pleitista. Ese señor no sabe que su hijo se mete mota y se puso bien “locote” en la feria. Andaba sacando pleito y a un amigo le dijo que le iba a “fregar” a su madre.

Y le quería encajar un gollete de botella. Si lo calmamos, pero ahora dicen que le pegamos bien feo y que le rompimos la nariz y las costillas, pero eso no es cierto.

El señor me pegó me quedaron las marcas en los brazos y me pegó en la cabeza con la cruceta. Me alcancé a quitar porque si me da de lleno me mata.

Otros amigos me lo quitaron de encima porque el pleito era contra de mí. Yo lo que digo, es para que hacen tanto problema.

Primero ahí andan de buscapleitos y luego que los calma uno ya no les gusta y se hacen los ofendidos. Luego querían que les pagáramos 25 mil pesos que por la reparación del daño por los golpes de su hijo. Pero ellos ni siquiera lo llevaron al hospital luego, luego, mejor se fueron al baile.

El alcohol y sus efectos

Esto se debe al efecto del alcohol en el cerebro. La corteza prefrontal juega un rol importante en la planificación de nuestras acciones, en cómo establecemos prioridades, e inhibe nuestra conducta impulsiva.

El alcohol interfiere con estas funciones, por eso la gente pierde su capacidad de juzgar correctamente las situaciones y se preocupa menos por las consecuencias de sus acciones.

Así, mucha gente con unas cuantas copas de más malinterpreta las intenciones de los otros y pierde fácilmente el control.

El efecto del alcohol en el ritmo cardíaco también puede ser interpretado como una señal de peligro y esto puede hacernos enfurecer aún más.

Bajos niveles de serotonina y elevados de dopamina también están asociados a la violencia vinculada con el alcohol, pero no todo el mundo se ve afectado de la misma manera.

La mayoría de las personas en riesgo son aquellos que tienen dificultades para controlar su ira y poca empatía.