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Muy noble y leal ciudad: artes y letras del Zacatecas virreinal
Un grabado con el nopal en el proceso de identidad
Salvador Lira
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05 de Marzo del 2018 09:13 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Grabado de San Diego en el sermón de Sariñana del siglo 18.

La gran mayoría de los “nacionalismos” del siglo 19 en el Otro Occidente fueron elaborados con base en una serie de símbolos, que generaron identidad.

Su conformación fue por un proceso de colaboración resultado de décadas previas. En la Hispanoamérica septentrional, la segunda mitad del siglo 17 fue la clave para la formación de una introspección simbólica.

Dos documentos fúnebres escritos por Isidro de Sariñana, quien fuera alumno del fresnillense Antonio Núñez de Miranda, dan pauta a la cuestión novísima en cuanto a la manera de entender la Nueva España.

La primera, el Llanto de occidente…, exequias a Felipe IV, es una muestra ejemplar de emblemas que expresan proposiciones igualatorias entre América y Europa, así como íconos alusivos a la Ciudad de México en su condición de primera del Orbe.

La segunda, el sermón fúnebre dedicado a fray Cristóbal Muñoz de la concepción en sus exequias realizadas en Oaxaca el 27 de julio de 1689. El documento fue en principio dedicado a la provincia de San Diego de México. Tuvo una reimpresión por la imprenta de la Biblioteca Mexicana en 1759.

Además del sermón y las licencias, el documento del siglo 18 fue añadido por una dedicatoria del bachiller Juan José Ortez de Velazco a fray Bartolomé de Toledo, ministro de la provincia de San Diego. La razón de la reimpresión la amistad del padre del bachiller a la provincia y al fallecido. 

La dedicatoria contiene un grabado. Se trata del padre San Diego con su iconografía clásica, la cabeza alumbrada por la luz solar, él tomando en la izquierda una cruz alta y en la diestra una canasta de frutos y de fondo la ciudad. Contiene una variación, San Diego se encuentra encima de un nopal. 

En la Crónica de la santa provincia de San Diego de México… de Baltasar de Medina, en 1682 por la imprenta de Juan de Ribera, aparece el programa iconográfico clásico de San Diego. De los diez grabados, en ninguno se hace referencia al nopal, incluso en el motivo clásico antes descrito.

La pequeña variación no es gratuita, por el contrario, cambia o agrega al sentido de la imagen. Ya antes, en El sol eclipsado…, se había elaborado un grabado similar donde el rey Carlos II estaba encima del nopal y del águila “tenochtitlana”, alumbrado por el sol.

Con este punto, San Diego es ahora el centro del Ombligo de la luna, establecido por los vaticinios de un pasado mítico. Ahí, en su figura, retoma el puesto de la fundación, sobre una soberbia ciudad.

Con ello, los actuales tendrían la dicha de construir un orden, predestinado. El motivo del nopal aún persiste, enmarcado por tres franjas verticales y rectangulares.

*Escritor e investigador