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Memoria viva
Crónica de un viaje a Iguala
Manuel González Ramírez
~
11 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / López velasco falleció el pasado noviembre.

La Federación de Asociaciones de Cronistas Mexicanos nos envió una invitación para asistir y participar en el segundo congreso nacional de ese importante organismo de cronistas, con sede en la ciudad de Iguala, Guerrero. 

Nos emocionó la noticia, ya que tendríamos la oportunidad de reencontrarnos con nuestras amigas y amigos cronistas de otros estados del país y, por otra parte, iríamos por primera vez a la ciudad de Iguala, poseedora de una singular historia. Se le considera la cuna de la bandera nacional. 
De todo esto queremos compartir con usted una breve crónica de la visita que realizamos a ese lugar.

El jueves 18 de octubre de 2007 salimos del aeropuerto de Zacatecas a las 3:50 de la tarde y arribamos 60 minutos después a la capital del país.

Allá, abordamos un autobús a las 7:30 y llegamos a la ciudad de Iguala tres horas y media después.
Nos alojamos en el único hotel que está ubicado a un lado de la iglesia principal y ahí pasamos la noche.

Antes de dormir pudimos ver en la televisión el programa Más que una fiesta en el canal Discovery Travel & Living que está dedicado a Zacatecas. Pensando en nuestra hermosa ciudad ingresamos al mundo de los sueños.

El viernes 19 de octubre, nos levantamos a las 8:00 horas. Nos dispusimos para acudir a la Casa del Cronista de Iguala donde teníamos que inscribirnos y donde se nos brindaría un desayuno.

Llamó nuestra atención que existiera en esa ciudad un lugar conocido como Casa del Cronista.

Pensamos que era algo semejante a lo que existe en Cuba. En aquel país, en casi todas las ciudades principales podemos encontrar la llamada Casa del Historiador.

Es un recinto que reúne las condiciones indispensables para que ahí viva el historiador de la ciudad.

Ahí tiene su biblioteca, el archivo de la ciudad y su despacho, así como un área de trabajo para todo su equipo de apoyo. Pero al arribar a la Casa del Cronista de Iguala nos dimos cuenta que era su casa particular y estaba convertida en un museo.

La Casa del Cronista está ubicada a tres cuadras del centro histórico de la ciudad de Iguala. Tiene dos plantas y ya no queda un solo espacio para exhibir algo, ya que todos los muros del inmueble están tapizados con objetos que ha reunido nuestro fino y distinguido amigo Andrés López Velasco, cronista de Iguala.

La mayor parte de su vida la ha dedicado a reunir obras de arte y artesanías mexicanas, sobre todo, lo que han producido las manos mágicas y artísticas de los guerrerenses. También pudimos observar un códice original del siglo XVI que estaba colgado en la sala.

A unos metros está un ataúd de madera tallada. Según el cronista, en esta caja lo van a sepultar cuando muera. Y lo dijo muy tranquilo, ya que aún se le ve muy fuerte, alegre y optimista a sus ochenta años de edad.

Las sorpresas continuaron en la Casa del Cronista de Iguala. Cuando ya estábamos presentes varios cronistas del país, nos invitó a pasar a su comedor.

Al ingresar a ese recinto, recordamos aquellas mesas enormes de los banquetes medievales que se servían en los castillos europeos.Era una mesa para 22 comensales. Al ocupar nuestras sillas, no dejábamos de admirar los lienzos, las esculturas, las máscaras y un sin fin de objetos que decoraban el comedor y los pasillos aledaños.

En nuestros platos estaba media papaya, todos las probamos y era una verdadera delicia… el color, la textura, el sabor, el aroma. Luego, llegaron las chalupas de Chilapa con sus frijoles negros y carne de puerco.

Inmediatamente después arribaron los tamales verdes de iguana, los rojos de armadillo y los morados de dulce. Cuando estábamos pensando por cuáles empezar, nos llevaron un guisado de venado y otro de conejo.

Nunca en la vida había probado estos platillos y antojitos de la región, pues en esta ocasión, y aunque evitamos la carne en nuestra dieta, le entramos a todo.

Sabíamos que era una bomba para el estómago pero nos arriesgamos… nunca nos pasó nada y sí disfrutamos de la gastronomía de esta hermosa porción de nuestra patria. 

Todo fue por cortesía y generosidad de la familia del cronista anfitrión, el ingeniero Andrés López Velasco, y qué decir de los postres… verdaderas delicias esos panes de plátano y de maíz, tan sólo de acordarnos, aún recordamos esos sabores, olores y colores.

Pero como no todo es para siempre, llegó la hora de acudir a las actividades académicas y nos trasladamos al Museo de la Bandera, sede de nuestro segundo Congreso Nacional de la Federación de Asociaciones de Cronistas Mexicanos.

Ahí estaban algunos colegas que no llegaron a tiempo para el desayuno. No sabían de lo que se habían perdido. En el transcurso del día se incorporaron más cronistas de diversos estados de la República.

En el Museo de la Bandera se nos recuerda que en la ciudad de Iguala fue donde el Ejército Trigarante surgió cuando los ejércitos de Iturbide y Guerrero unieron sus fuerzas con la firma del Plan de Iguala. Fue en esta población donde se confeccionó la primera bandera del México independiente… “Y di a mi Patria su bandera”.

La Bandera de las Tres Garantías, cuyas tres bandas diagonales simbolizan: la Independencia representada por el verde, la Religión por el blanco y la Unión de los mexicanos y españoles, por el color rojo. En uno de los muros del museo está inscrito el Himno Nacional con letras doradas: en la novena estrofa aparece el nombre de Iguala, la única ciudad que se menciona en el Himno: “[…] Y, de Iguala, la enseña querida / a su espada sangrienta enlazada / de laurel inmortal coronada, / formará de su fosa una cruz”.

Cuando presentamos nuestra ponencia, representando al estado de Zacatecas, hicimos mención de ello, y sobre todo, que el autor de la letra del Himno Nacional fue el potosino Francisco González Bocanegra, hijo de una mujer zacatecana, doña Francisca Bocanegra y Villalpando.

Al día siguiente regresamos a Zacatecas con la satisfacción de que habíamos representado con la mayor dignidad a nuestro estado… pero también veníamos recordando todas nuestras vivencias y experiencias en Iguala, Guerrero, donde nos trataron muy bien, muchas gracias… sobre todo, al cronista anfitrión.