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Un buen relevo
Huberto Meléndez Martínez
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17 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




A Carmen, Wendy, Alma, Irene, Juana, Zaby, Xóchitl y José Francisco, por su dedicación académica.


“Y el primer lugar es para…”, con una pausa por demás prolongada, el maestro de ceremonias en el concurso de escoltas a la Bandera Nacional, provocó que los segundos de espera fueran eternos para madres, padres de familia, maestros, público asistente y, en especial la angustia mezclada con los sentimientos expectantes tuvo mayor acento en los integrantes de dos escoltas, una de tercero y una de segundo grado de secundaria.

La emoción fue subiendo de nivel, por lo cerrado de la competencia, cuando anunciaron a quienes obtuvieron Mención Honorífica, más cuando anunciaron el tercer lugar. Sólo faltaba nombrar al segundo, para inferir el resultado de la otra.

Los estudiantes respiraban profundo con la cara y los ojos abiertos desmesuradamente, como intentando  que su vista volara por el techo y pudiera bajar a asomarse en la lista con el veredicto del jurado calificador, al exhalar apretaban las mandíbulas y cerraban los ojos, bajando el rostro.

Habían ensayado durante los recesos, al final de la jornada académica, por las tardes y los fines de semana. El asesor pidió a los alumnos hacer equipos por afinidad a fin de hacer participar a todo el grupo, pues era el propósito medular del concurso. Los demás grupos decidieron el camino fácil; una sola escolta con los voluntarios más diestros en marchar.

Cuando se seleccionó a quien representaría, se intensificaron los ensayos.

Un día antes el maestro solicitó la presencia de los estudiantes en la cancha de basquetbol e indicó hacer ruido de la manera más estruendosa posible, para acallar las instrucciones de la sargento y provocar equivocaciones, lo cual exigiría una mayor concentración el ejecutar las evoluciones correspondientes.

Con la adrenalina al máximo y haciendo temblar su cuerpo, pretendiendo abreviar el tiempo o apresurar al del micrófono, para escuchar el ansiado resultado, al tiempo que bulliciosos gritos juveniles contrastaron con las caras decepcionadas de los chicos de segundo grado. Carmelita, la sargento, abrazaba a uno y otro diciendo que lo habían hecho muy bien, Alma Emilia y Pancho parecieron ser los más ecuánimes, sin olvidar que el carácter introvertido de Juanita parecía que también conservaba la cordura. Zaby guardó su actitud risueña, Xóchitl pretendía “tomar las armas” y fue la única que encaró al instructor. Wendy e Irene no podían dar crédito a lo escuchado, estaban anonadadas por la sorpresa.

Ante el público el fallo del jurado era erróneo, pues los del segundo lugar habían ganado la simpatía de los presentes, arrancando porras y aplausos espontáneos por la maestría en su desempeño. Pero el Presidente mencionó que esa escolta había realizado un movimiento no considerado en la convocatoria.

Quedaron en segundo lugar. Era muy difícil asimilarlo pero el anuncio estaba hecho. Era inapelable.
La experiencia fue detonadora. Esta escolta fue invitada con recurrencia a representar al plantel en los actos sucesivos. Estaban listos para relevar a la escolta oficial pues el ciclo estaba por concluir.

*Director de Educación Básica Federalizada