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Sufren comerciantes acoso del crimen e ineptitud policial
Noé Marín
~
26 de Abril del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Flor Castañeda / Las rejas no detienen a los delincuentes que les exigen mercancías gratis.
Flor Castañeda / Algunos comerciantes tuvieron que reducir sus negocios a pequeñas tienditas.

Comerciantes del centro de la ciudad instalaron rejas de seguridad dentro de sus tiendas y venden bajo hostigamiento de los delincuentes; algunos cierran antes de las 6 de la tarde y deben dar insumos a la policía para que acuda.   

Al estar en la zona de difícil acceso que integra el centro de la capital, los comerciantes que se ubican cerca de la carretera a La Bufa, desde hace años sufren las consecuencias del crimen organizado.

El dueño de una tienda señaló que desde el 2010 su minisúper se vino abajo y tuvo que convertirlo en una tienda más pequeña, debido a que constantemente pagó por su seguridad a los delincuentes, con mercancía o dinero.  

Desde hace cinco años, indicó, instaló una reja de seguridad dentro de la tienda como una forma de evitar el robo de producto, pero fue imposible, ya que los asaltantes acuden a tomar mercancías cuando quieren.

Con dos puertas cerradas con candado y la principal semiabierta, el vendedor comentó que en esta zona de la ciudad la presencia de la policía es casi nula y acuden solo cuando ya ocurrió algún hecho delictivo.

Pese a estar cerca de un plantel educativo, agregó, los asaltos a casas y transeúntes por la colonia son constantes, así como los homicidios y el abandono de cuerpos sobre la carretera a La Bufa.  
Otro comerciante de la colonia señaló que fue víctima de cuatro asaltos en los últimos cinco años, donde solo denunció las dos primeras veces, debido a que nunca hubo detenciones y solo recibieron amenazas de los delincuentes.

Desde hace años, indicó, dejó de surtir por completo la tienda y no cobra a los policías municipales los productos que consumen, como una forma de asegurar que acudan y permanezcan un tiempo en el lugar.

La dueña de otro comercio dijo que desde hace cinco años abre a las 8 de la mañana y cierra antes de las 6 de la tarde, debido a que a partir de esa hora  la zona se vuelve insegura y casi no hay ventas.