×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Memoria viva
Recordando al escritor y diplomático Luis de la Rosa
Manuel González Ramírez
~
23 de Mayo del 2018 05:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Cortesía / Sus restos hoy descansan en en Mausoleo de los Hombres Ilustres de Zacatecas.

Este miércoles 23 de mayo conmemoramos el natalicio del muy ilustre zacatecano Luis de la Rosa Oteiza, quien vio la primera luz un día como hoy pero de 1805 en Pinos, Zacatecas y aprovechamos estas líneas para rendirle un homenaje póstumo.

Los cronistas zacatecanos, recuerdo con mucho agrado que el sábado 26 de mayo de 2007 atendimos una invitación del Ayuntamiento y del Cronista de Pinos, Zacatecas para celebrar ahí la reunión estatal ordinaria de los cronistas municipales del estado de Zacatecas.

Fue una gratísima experiencia la visita que realizamos a ese municipio. 

Después de la reunión académica que tuvo lugar en la sede del recién fundado Archivo Histórico Municipal, nos trasladamos a un anexo del templo parroquial donde existe una galería de arte sacro que alberga una parte de los principales tesoros culturales de esta población.

De ese lugar nos desplazamos hacia el antiguo monasterio de los franciscanos que acababa de ser rescatado de la destrucción y abandono que sufría el inmueble… y les quedó casi como nuevo.

Al salir de ese recinto nos encontramos con un monumento dedicado al pinense don Luis de la Rosa Oteiza.

Al frente había una ofrenda con flores que aún se mantenían frescas. Lo cual nos hizo suponer que el pasado 23 de mayo se le rindió un homenaje a este personaje con motivo del aniversario de su natalicio.

Cuando pasamos junto al monumento nos detuvimos un momento para contemplar el busto de bronce de don Luis de la Rosa. Al instante, acudieron a nuestra mente aquellos días en los que tuvimos una experiencia muy particular con este personaje.

Recordamos aquella ocasión cuando tuvimos el privilegio de acudir a la ciudad de México para exhumar los restos de don Luis para luego trasladarlos con todos los honores a Zacatecas.

Luego, en la capital de su estado natal fueron colocados en el mausoleo de los personajes ilustres del cerro de La Bufa, ara cívica más importante de nuestra entidad.

Antes de compartir con usted el relato de ese homenaje póstumo a don Luis de la Rosa, queremos comentarle sus rasgos biográficos más importantes. 

Nació en el mineral de Pinos, el 23 de mayo de 1805.

Sus padres don José Vicente de la Rosa y doña María Antonia Oteiza lo bautizaron al día siguiente de su nacimiento con el nombre de José Luis Antonio de Santa Rita de la Rosa Oteiza.

Comienza estudios de leyes en el colegio de San Luis Gonzaga de Zacatecas, que no concluye, pero consigue dispensa del gobierno para ejercer la abogacía trasladándose a Guadalajara para su ejercicio.

En esta ciudad entra en contacto con las ideas liberales que le llevan a escribir en los periódicos La Estrella Polar y El Fantasma.

En Zacatecas pasa a colaborar en la Gaceta del Gobierno del Estado, oportunidad que aprovecha para realizar profundas reflexiones políticas que le llevaron a defender el cambio al sistema federal con el abandono del centralismo, tan nefasto por años a la nación.

Cuando cumplió 24 años de edad forma parte del gabinete de Francisco García Salinas como diputado del Congreso del Estado, donde alcanza una sólida formación política y administrativa.

Distinguido diplomático, periodista, escritor y diputado al Congreso Local y al General, fue electo gobernador de Zacatecas en 1850, cargo que no desempeñó por encontrarse a la sazón en Estados Unidos.

 Fue gobernador de Puebla en 1855, puesto que ocupó por un corto pero fructífero tiempo.

Escribió en el periódico El Siglo XIX combatiendo la nefasta dictadura de Antonio López de Santa Anna, y desde El Gallo y El Museo Mexicano defiende el ideal federalista que siempre le preocupó. 

Luis de la Rosa es considerado el padre de la administración pública por su libro Sobre la administración pública de México y medios para mejorarla.

Don Luis de la Rosa Oteiza, un esclarecido intelectual, escritor, diplomático y un gran maestro de la elocuencia, falleció en la capital del país el 2 de septiembre de 1856. 

Su desaparición produjo gran dolor en todas las clases sociales, que se vieron ampliamente representadas en sus funerales en la ciudad de México.

El día 3 de septiembre por la tarde se reunió una comitiva en el salón de actos del Colegio de Minería, de donde era director el difunto.

Ahí comenzaría el cortejo fúnebre que le rindió el último homenaje a un hombre de Estado.

Tomaron parte representantes de los tres poderes del gobierno de la República, catedráticos de Minería, miembros del ayuntamiento capitalino, una comisión del Colegio de San Ildefonso, así como un gran número de personas, entre ellas, funcionarios públicos, periodistas, militares, extranjeros y, naturalmente, familiares del finado.

Comenzó el cortejo fúnebre con la participación de unas 600 personas. La marcha la inició una escuadra de batidores, seguidos de los pobres del Hospicio y luego los alumnos del Colegio de Minería que llevaban en hombros el cadáver.

Cuatro ayudantes del presidente de la República marchaban al lado del ataúd. 

Más atrás venían escuadrones militares y de la policía, seguidos de un convoy de coches tirados por fuerza animal. El primero de ellos era el del presidente de México.

Acto seguido tuvo lugar la ceremonia religiosa y finalmente fue sepultado en el panteón de San Fernando, situado junto a la alameda central de la ciudad donde sus restos descansaron hasta el día 23 de mayo de 1998, cuando fueron exhumados para luego ser trasladados al estado de Zacatecas… pero esa, es otra historia…

Cronista de Zacatecas*