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Policías, el bastión olvidado de los gobernantes
Redacción
~
26 de Junio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Imagen / Las instalaciones del 911
Imagen / El edificio nunca ha sido rehabiltado
Imagen / En los separos hay goteras y colchonetas viejas.
Imagen / Hay fallas en las instalaciones de energía eléctrica.
Imagen / La recepción se encuentra en pésimas condiciones, pues además de goteras, los impactos de bala son evidentes
Imagen / Hay fallas en las instalaciones de energía eléctrica.
Imagen / la fachada de las instalaciones todavía tiene los impactos del ataque ocurrido en el 2017.
Imagen / Hay fallas en las instalaciones de energía eléctrica.

OJOCALIENTE.- Desarmados, sin seguro de vida y con carencia de personal y deficiencias de infraestructura en la comandancia trabajan los elementos de la Dirección de Seguridad Pública.

Administraciones municipales van y vienen, pero sigue la desatención y el desinterés y esto es palpable en las paupérrimas condiciones laborales.

Cada día,  cinco policías tienen las labores de atender a casi 40 mil personas y vigilar que se cumplan las disposiciones del Bando de Policía y Buen Gobierno.

Cabe destacar que las labores de los policías municipales son disuadir el delito, hacer intervenciones de baja intensidad, como por ejemplo atender riñas, borrachitos, violencia intrafamiliar  y sobre todo mantener la paz y el orden público.

De los cinco elementos que se reportan cada día, uno se queda en la oficina para atender los reportes que ingresan al 911, mientras que los otros cuatro salen para recorrer el municipio. En este caso hay más patrullas por turno que elementos.

Además, las exigencias de seguridad muchas veces rebasan los límites del cuerpo de seguridad y es que los policías trabajan sin seguro de vida desde hace cuatro años, a pesar de que su labor es de alto riesgo. Los policías tampoco cuentan con servicio de radio para desempeñar sus labores.

Las necesidades de los elementos se han olvidado, pues la comandancia no ha sido remodelada desde hace  décadas que dejó de fungir como cárcel, violando los derechos más básicos de los policías, como de los detenidos.

 

Viejo edificio

Humedad, filtraciones de lluvia, afectaciones en la energía eléctrica, falta de mobiliario y las huellas que han dejado tres ataques a la comandancia dan testimonio de la marginación que sufren los policías dentro de la administración pública.

En un recorrido que Imagen realizó por el lugar pudo constatar que en el área de los separos hay enormes charcos ocasionados por las goteras, por lo que si hay detenidos estos duermen entre lluvia, malos olores y colchonetas viejas.

La cocina tiene solo básico y cada policía tiene un presupuesto de 50 pesos para comer en un periodo de 24 horas.

Los fallos en la energía eléctrica ocasionan cortos circuitos de manera constante y las luces se prenden y apagan de manera intermitente.

El cableado está expuesto en todo el edificio y existe el riesgo de que alguna tragedia suceda.

En tanto que las instalaciones del 911 están conformadas por un archivero  viejo y un escritorio destartalado.

Tanto en la fachada como en el interior del edificio existe evidencia de los tres ataques que han sufrido los policías. Pues los huecos en las paredes que dejan las armas de grueso calibre son testigos de la vulnerabilidad del cuerpo policíaco.

Ataques

El 13 de enero del 2013 sujetos armados desde camionetas en movimiento lanzaron dos granadas, las que dejaron severos daños a la comandancia, ubicada en el centro del municipio.

La explosión dañó una patrulla y la fachada. Derivado de ello, los policías colocaron una especie de protección hecha con tubos de acero.

El segundo atentado ocurrió durante la madrugada del 17 de octubre del 2015, cuando sujetos armados ingresaron al viejo edificio y se robaron las armas, sometiendo al elemento que estaba de guardia.

El tercer ataque ocurrió el 4 de abril del 2017, cuando  sujetos armados rafaguearon el edificio y un policía terminó herido de un pie.

El ataque fue directo y los atacantes dejaron cientos de casquillos percutidos de AK-47, AR-15 y armas de calibre 9 milímetros.

Hoy, en la fachada todavía se pueden observar los daños que ese ataque dejó en el edificio y que a pesar de las solicitudes de la Dirección de Seguridad Pública, los alcaldes han hecho caso omiso.

De nada sirvieron tampoco, los oficios enviados por la Comisión Estatal de Derechos Humanos.