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Historias humanas
Delfino se enamoró de la barbería y de Zacatecas
Carlos Montoya
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13 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Carlos Montoya / Fue tal el gusto por esta actividad, que terminaría convirtiéndose en su más grande pasión.
Carlos Montoya / Fue tal el gusto por esta actividad, que terminaría convirtiéndose en su más grande pasión.
Carlos Montoya / Fue tal el gusto por esta actividad, que terminaría convirtiéndose en su más grande pasión.
Carlos Montoya / Fue tal el gusto por esta actividad, que terminaría convirtiéndose en su más grande pasión.

GUADALUPE.- Uno de sus tíos, dedicado a cortar el cabello y la barba acabó influyendo directamente en la vida de José Delfino García Pérez, quien se ha dedicado a este oficio desde los 14 años, cuando hizo sus primeros cortes.
Originario de la Ciudad de México, don Delfino, comentó que él se dedicaba a entrenar atletismo con un tío de oficio peluquero, quien era dueño de una peluquería de nombre Géminis y después de una carrera lo invitó a practicar con las tijeras.

Fue tal el gusto por esta actividad, que terminaría convirtiéndose en su más grande pasión y en un estilo de vida.
En la capital del país trabajó 15 años en el negocio de su tío, sin saber que, por azares del destino, terminaría abriendo su propio negocio en Guadalupe, Zacatecas.

“En 1991, venimos a traerle una invitación de nuestra boda a la hermana de mi esposa que aquí vivía, junto con mi suegro. Me acuerdo que nos vinimos en el ferrocarril y al llegar a Zacatecas, fue amor a primera vista, porque vi las casas de cantera y le dije a mi mujer que un día aquí íbamos a vivir”, comentó don José Delfino.

Pasaron cuatro años y cumplió sus palabras, al llegar a tierras zacatecanas para instalar su propia peluquería a la que llamó Géminis, igual que la de su tío en la Ciudad de México.

A partir de entonces, han pasado 23 años desde que Delfino García, ofrece el servicio  de cortes de cabello y barba en la calle Begonias del centro de Guadalupe;  sus manos, con evidentes cicatrices producto de cortadas, dan muestra de la pasión con que hace su trabajo.

Lo que más le gusta de ser peluquero, es socializar y conocer personas con diferentes formas de pensar, “gente diversa con la que puedes entablar una plática, es más, hay veces que hasta 15 personas hablamos de un tema aquí en la peluquería, ya sea de futbol o de política”, expresó Delfino.

Actualmente, tiene 52 años y es padre de cuatro hijos, de los cuales dos siguieron sus pasos, el más grande y el más chico, que trabajan con él en la peluquería.

Se trata de Leonardo de 24 años y Óscar de 14, quienes aprendieron el oficio en la práctica, con su padre, quien considera que se trata de una actividad artesanal y para aprenderla se requiere de paciencia, entusiasmo y deseos de aprender. 

Don Delfino, concibe a su negocio como una escuela no solo para aprender a cortar el pelo, sino como una escuela de la vida, donde a los jóvenes que les da la oportunidad de hacerse de un lugar en este oficio, se les enseñan valores como el respeto que en otros lados no se aprenden.

En la peluquería de la calle Begonias, les da la oportunidad de desenvolverse en el mundo de la tijera, las máquinas y los peines a cinco jóvenes, y a cuatro más en el otro local que abrió en la colonia Condesa, al asociarse con uno de los jóvenes que él mismo enseñó.

“Lo que yo hago no es un trabajo, sino una forma de vida, que me ha permitido hacerme de amistades que comenzaron siendo clientes, me llena de satisfacción tener familias de cuatro generaciones a quienes les sigo ofreciendo el servicio”, explicó don José Delfino.

Agregó que, sus conocimientos están a la disposición de los jóvenes que quieren aprender el oficio y salir adelante como peluqueros y sobre todo como personas.

Es así como José Delfino García Pérez, disfruta su vida haciendo lo que más le gusta, que es cortar el cabello, y mencionó que le agradaría saber que las nuevas generaciones de “chavos” que se dedican a esta actividad, lo hagan por gusto, lo que da pauta para tenerle amor al trabajo.