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Perspectivas
Se le aparece a AMLO el fantasma de las finanzas
Luis Enrique Mercado
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16 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Casi todo el mundo está contento con las 50 medidas de austeridad gubernamental anunciadas por Andrés Manuel López Obrador, que, aunque no representarán un enorme ahorro en el gasto público sí son acciones que la sociedad quería ver.

Una parte del enojo social que produjo el Tsunami Morena se debió al hartazgo social de gobiernos encabezados por un rey y 32 virreyes que se mueven en nuestras vidas con grandes cortes de servidores que les cargan el portafolios y les adivinan el pensamiento; en las absurdas canonjías que se observan y en la proliferación de puestos sin más razón que la de acomodar amigos y parientes.

Por eso hay tanta aceptación a las medidas del virtual Presidente Electo.

La realidad, sin embargo, se aparecerá de los primeros días de septiembre cuando llegue a la Cámara de Diputados el llamado Paquete Económico que contiene como documentos esenciales los presupuestos de ingresos y egresos para 2019.

Los presupuestos son la acción económica más importante de un gobierno porque definen la responsabilidad con la que se manejarán las finanzas públicas, los campos que el gobierno quiere privilegiar y el énfasis que se quiere dar a determinadas políticas públicas.

En las últimas décadas ha sido claro que hay un enorme desperdicio de recursos, no solo en burocracia sino en programas absurdos que se han colado en el presupuesto de egresos y que se financian año con año sin medir resultados; hay también una enorme opacidad en el gasto.

Eso tendría que cambiar, aunque es una realidad que AMLO y su equipo verán que es más difícil de modificar porque la mayor parte del gasto está comprometida: no hay forma de evadir el pago de intereses de la deuda ni los salarios de la burocracia que sí importa: todo el personal del sector salud, los maestros, el Ejército y la Marina, la policía y el resto de la burocracia que arrastra el lápiz en los puestos más bajos y que es intocable.

En síntesis, el nuevo gobierno observará que los ingresos son insuficientes, aunque en este sexenio crecieron extraordinariamente, en especial los tributarios debido a un enorme esfuerzo recaudatorio; que los gastos también se dispararon, más que los ingresos; que el déficit público, la diferencia entre ingresos y egresos creció entre 2012 y 2014 y que se financió con un crecimiento explosivo de la deuda, 80% en el sexenio o con la tontería de usar los llamados Remanentes de Operación del Banco de México.

Para este año, el gobierno le metió el freno al gasto para detener el crecimiento de la deuda; el único problema es que el freno se hizo bajando la inversión física del gobierno, que cayó a niveles no vistos desde los años 40.

Para corregir el embrollo no bastará con la austeridad; no es suficiente.

Subir el gasto en infraestructura y aumentar los subsidios agrandará el agujero entre ingresos y egresos  y obligará a recurrir al endeudamiento para cubrirlo.

Seguramente López Obrador no quiere endeudar más al país y por ideología y promesa de campaña, tampoco aumentar impuestos o crear nuevos.

Y hasta ahora, no ha presentado una solución real a un problema que parece sin solución.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.