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El aviooón y Punto Final
Pablo Torres Corpus
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18 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Desde 2015 buena parte del discurso del virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador se ha centrado en la imperiosa “necesidad de vender el avión presidencial”, por ser el más caro y lujoso del mundo. Un avión que no lo tiene ni Obama, rezaba su más popular spot.

Al paso de los meses se ha comprobado y confirmado que el avión mexicano es mucho más modesto equipamiento y seguridad que el Air Force One, el avión presidencial estadounidense.

Nos sorprenden las afirmaciones ni los spots, entiendo que se hace campaña en verso y a la hora de gobernar se hace en prosa. Lo que sí me parece singular es que, habiendo ganado la elección y teniendo tantos retos y problemas nacionales se siga insistiendo con la venta del avión.

No discutiré si es necesaria para la seguridad del presidente o si es una herramienta que garantiza eficacia, el próximo presidente está en su pleno derecho de no verlo así.

Lo que sí es un hecho verificado es que el presidente no la puede vender simplemente porque no es de él, y en términos estrictos aún no lo es del gobierno.

Veamos, el gobierno mexicano se hizo del avión mediante un arrendamiento financiero o “leasing”, es términos sencillos, el gobierno pagará una renta por quince años, al término de este plazo el avión pasaría a ser propiedad de la SEDENA, pero sólo hasta el vencimiento del leasing.

¿Qué si puede hacer el presidente? Cancelar el arrendamiento, pero de acuerdo con varios estudios, las penalizaciones por cancelarlo saldrían más caras que mantener el avión.

Y en el supuesto que pudiera cancelarlo y pagar las multas, no se quedaría con el avión, la arrendataria lo recogería porque no lo han acabado de pagar.

Si el gobierno pagara la totalidad de lo que se adeuda, poco más de 5 mil millones de pesos, podría venderlo, pero según un estudio elaborado en 2015 por la consultora “ascend” a petición del gobierno federal, la venta tardaría al menos 12 meses y por poco menos de la mitad que costó por el uso, modificaciones y modelo.

No dudo que haya rentabilidad política de la venta, pero financieramente sería una perdida por donde se busque.
Punto Final

En cruceros y esquinas conté 200 coches, de ellos solo 43 usaron direccionales.